¿Y la cultura del trabajo?

Por Nahuel Nicolás Peña[i]

Arturo Jaureche la consideraría una gran zoncera, una frase carente de argumentación lógica, una especie de axioma dogmático muy eficaz, dado que no permite discusión y es irrefutable porque en cuanto “el zonzo analiza la zoncera deja de ser zonzo”. La madre de las zonceras es la de “civilización o barbarie” enarbolada por Sarmiento en el siglo XIX, en la que se consideraba al pueblo como bárbaro y responsable de la pobreza y la falta de desarrollo.

Al igual que Sarmiento, el actual gobierno tiene la tendencia de culpar de todos los males al pueblo. Tomando como consigna a esta falta de cultura laboral, Macri busca culpar a la gente de la crisis económica actual debido a su falta de voluntad, su poco compromiso y su baja productividad laboral. Es un discurso que encubre una individualización de un problema económico y social como lo es la falta de empleo y la falta de oportunidades, quitando al Estado como responsable de ejecutar acciones que promuevan un resultado más eficiente en el mercado de trabajo.

¿Falta de ganas o de puestos de trabajos?

Todos conocemos a ese familiar o amigo “vago”, que “no quiere laburar” y no tiene mentalidad de progreso. Sin embargo, difícilmente pueda progresar si en el año 2018, según los datos publicados por la ahora Secretaria de Trabajo y Empleo, se perdieron entre los meses de enero y noviembre 196 mil puestos de trabajo registrado. Casi la mitad de los puestos de trabajo destruidos por la política económica del gobierno nacional corresponden al sector industrial, produciendo un quiebre en el rumbo histórico de las últimas dos décadas, sometiendo al aparato productivo nacional a un proceso acelerado de desindustrialización y precarización del empleo.

El mercado laboral actual presenta una crisis de alcance inédito, siendo la peor desde el crack económico nacional del año 2001. Desde el año 2015, se perdió un total del 10% del empleo asalariado formal según lo analizado por el centro de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) de la Universidad Nacional de San Martín. Esto produjo no solo una caída de la cantidad de los puestos de empleo disponible, sino también un deterioro en las condiciones del resto de los trabajadores activos, ya que obliga a los gremios -quitando otros factores para nada secundarios- a tener que aceptar paritarias a la baja y pérdida de derechos en los convenios colectivos.

Los trabajadores activos del sector privado habían perdido para el mes de noviembre de 2018 un 8% de su poder adquisitivo, siendo este período el del salario real más bajo desde el año 2010. Esta caída del poder de compra del salario en relación con la canasta básica, según diversas estimaciones privadas, va a reflejar en el próximo informe del INDEC una suba de al menos 7 puntos en la pobreza en relación al mismo semestre del año 2017.

Crisis, empleo y política económica

La economía real en Argentina atraviesa una profunda crisis y recesión, a pesar de encontrarse en una breve primavera cambiaria y una cierta recuperación adquisitiva después de algunas reaperturas paritarias o bonos según el convenio colectivo. Fue un diciembre muy “tranquilo” desde la perspectiva social, con poca actividad política en las calles y un clima de sorprendente estabilidad.

Sin embargo, como analistas de la realidad, estos hechos no deben velarnos nuestra perspectiva con el aparente sosiego económico, el cual se encuentra en gran parte vinculado más a acuerdos con las élites dirigenciales de movimientos obreros y sociales, que a un clima de prosperidad adquisitiva. El año terminó mucho peor de lo previsto al comienzo, con una inflación que duplica cualquier expectativa y una caída de ventas minoristas superior al 7%. El ranking de los más perjudicados del año en términos de ingresos, es claramente encabezado por los jubilados y pensionados, quienes han perdido literalmente por “goleada” frente a la inflación con un derrumbe del poder adquisitivo de casi 20%.

Es directa la relación observada entre caída de la capacidad de compra, caída del consumo y caída de la actividad económica, impactando directamente sobre la producción y la demanda de mano de obra. Es en términos de Keynes, un “círculo vicioso”, del cual se hace muy difícil escapar.

Bajo estas circunstancias, se visualiza claramente que la política del gobierno está surgiendo sus efectos reales buscados. A pesar del aspecto discursivo, ésta se orienta a dinamizar a los sectores agroexportadores y su rentabilidad, en detrimento del mercado interno.

En sectores opositores se da por sentado que la política económica de Cambiemos está diseñada en favor del empresariado y en detrimento de la clase trabajadora. Sin embargo, los tarifazos, la caída del mercado interno y la apertura de importaciones, entre otros factores, perjudican profundamente a la burguesía industrial orientada a satisfacer la demanda del mercado local. Los grandes beneficiarios de la política devaluatoria y de reducción de costos salariales son las grandes firmas de capital nacional y transnacional, que exportan sus bienes al mercado internacional y no dependen del consumo vernáculo.

Es por este motivo que la reforma laboral impulsada desde el gobierno no representa solo una puja entre capital y trabajo, sino que también divide a los sectores burgueses internamente entre aquellos volcados al mercado externo y los orientados a producir para el mercado nacional.

La solución: el emprendedurismo

En este contexto destructivo, desde el gobierno nacional han salido a invocar todo tipo de alternativas novedosas para solucionar la extinción -lenta pero constante- del empleo. La más resonante es el emprendedurismo individual, que carga a los ciudadanos la responsabilidad de que generen su propio trabajo y dejen de buscar un empleo asalariado.

Al fiel estilo de la crisis neoliberal del empleo de la década del 90´, florecen por los diferentes barrios de la capital federal y el conurbano bonaerense cervecerías artesanales, puestos de comida, barberías y todo tipo de emprendimientos, que, si bien son alternativas válidas y necesarias en una sociedad, difícilmente encuentren mercado en medio de una crisis de consumo.

También la flexibilización laboral y los puestos de trabajo precarios son moneda corriente, con un aumento de los monotributistas encubriendo relación de dependencia, cómo se da en el caso del arribo a nuestro país de plataformas virtuales de entrega de comidas, bebidas o servicios de transporte de pasajeros.

La estrategia del oficialismo pasa por velar la crisis laboral, maquillándola con el falso proverbio chino de “oportuncrisis” y desligándose de la responsabilidad de proteger el trabajo nacional. ¡Sálvese quien pueda! El Estado, cada día más ausente.

[i] Estudiante de Ciencia Política, UNLaM

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