Neoliberalismo: Nueva Era y Feminismo Zen

Por Agostina Díaz[i]

Algunas de las nociones filosóficas actualmente en boga encuentran su expresión en una multiplicidad de libros, espiritualidades y teorías de autoayuda. Enmarcadas en una apropiación de la doctrina “Zen”, se propone la resolución de conflictos e imposibilidades de la vida cotidiana transformando el desarrollo de la personalidad y la autoestima. De esta manera, la plenitud y la abundancia se centran en el crecimiento personal.

Las aristas de análisis que pueden surgir de estos nuevos marcos de pensamiento son múltiples, entre ellas, la falta de claridad en sus enunciaciones, rasgo por el cual son permeables de introducirse en cualquier marco interpretativo. Por otro lado, más allá de que estas teorías se enmarquen en religiones milenarias, preceptos filosóficos históricos y conceptos psicológicos, resulta difícil no relacionarlas con el contexto neoliberal actual.

En este sentido, en las críticas fundamentales al neoliberalismo entendido como creador de subjetividades, se encuentra la habilidad estratégica que tiene para diluir el contenido conflictivo, disidente y contestatario de una demanda determinada, para que pueda ser resignificada.  En esta acción, no se rechaza por completo la demanda que ocurre en el seno de lo público, al contrario, se le da lugar combinando sus reivindicaciones con premisas neoliberales fundamentales.

Podemos entonces identificar enunciaciones similares, donde los discursos parecen intercambiarse unos con otros sin un campo de distinción o conceptualización claro. Por este motivo, localizamos afirmaciones tales como trasparencia, prosperidad, gracia, servicio, entrega, entre tantas otras, mediante las cuales el neoliberalismo transita cómodamente en los caminos de la motivación y superación personal -ejemplo de esto son las frases del actual presidente Mauricio Macri, “Juntos venimos bien[1]”, “Los argentinos estamos madurando. Nos dimos cuenta de que no sirve seguir culpando a otros. Crecer depende de nosotros[2]”, “Lo peor ya pasó. Las transformaciones que hicimos empiezan a dar frutos, a sentirse[3]”- Un cóctel ideal para enriquecer una estrategia política y económica a largo plazo.

¿Hacia un feminismo Zen?

El rasgo característico de estos mantras es la individualidad, por lo que su proliferación trae aparejado el peligro de evitar la participación del Estado en la vida pública. En el movimiento social y político feminista podemos reconocer una agenda histórica (aborto legal, violencia de género, igualdad laboral, independencia económica, desacralización de los cuerpos, etc) en donde existe una relación con el Estado y los diferentes gobiernos que abarca múltiples perspectivas: responsable, mediador, garante, pero nunca ausente, ya que asume siempre un protagonismo central en la disputa.

 Por otro lado, en su génesis ideológica, se propone una causa igualitaria mucho más amplia que remarca siglos de opresión y desigualdad. Así, encontramos una diversidad de posiciones, reivindicaciones y tensiones que cargan de heterogeneidad al movimiento.  En este sentido, es posible que la moralidad y la individualidad tengan que ver en un nuevo proceso de tensión entre preceptos poco claros, que mezclan lo “Zen” y lo New Age con la idea de reducción de la precariedad[4] por medio de la obtención de derechos que fueron negados históricamente.

En este contexto de disputa, aparecen posiciones centradas en lo femenino interpretando a las mujeres desde la entrega, la sensibilidad, las emociones, algo no necesariamente representativo. También el empoderamiento se presenta como una revalorización de la individualidad y la relación con otras mujeres es desde allí, despojada de todo tipo de construcción política, esto se manifiesta en la posición que las mismas asumen frente a la desigualdad y el rol del Estado.

Existen una variedad de ejemplos representativos de la tríada que integra lo New Age, lo “Zen” y la estrategia neoliberal para resignificar demandas. El caso del programa “Mujeres Líderes”, desarrollado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires junto con la Secretaría de Cultura Ciudadana y Función Pública es paradigmático.  Se enfoca en promover el liderazgo de mujeres en equipos de trabajo estatal, social, coercitivo y cultural, sin cuestionar el carácter tradicional de las estructuras y el lugar de las mujeres en ellas.

En este sentido, se trabaja con mujeres que integran las Fuerzas de Seguridad de la Ciudad de igual forma que se “couchea[5]” a Sindicatos y dependencias del Estado para mostrarles que “se puede, que ellas son las próximas líderes[6]“. Las jornadas son presididas por mujeres de altos cargos jerárquicos, representadas como modelos de desempeño y éxito en contextos adversos para el resto de las mujeres.

Las ideas del programa encuentran resguardo discursivo en las nociones de equilibrio para que convivan las tareas del hogar y el trabajo, feminidad e independencia laboral. La serenidad, necesaria para esperar el momento en el que las situaciones se presenten a favor de las mujeres en el ámbito laboral y consejos de superación personal.

Si bien estas posturas no son representativas de todo el movimiento, en un contexto como el descrito, es imprescindible estar alertas ante las propuestas de pensar el feminismo desde la individualidad y la feminidad. Definiendo a la sororidad en términos de modelos de éxito femenino a imitar.

 

[1]Slogan de campaña del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, año 2011.

[2] Discurso en el parlamento, Marzo, año 2018.

[3]Discurso en el Congreso, Marzo 2018.

[4]En el concepto desarrollado por Judith Butler (2004) se puede señalar una distinción entre precarity– precaridad y precariedad-precariusness. La primer palabra remite a una condición ontológica de todo ser vivo por la vulnerabilidad de nuestros cuerpos como mortales. La segunda, tiene que ver con necesidades políticas, económicas, y sociales que deben ser cubiertas- entendemos por el Estado- para poder desarrollarse. Butler, J. (2004), Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, Buenos Aires, Paidós.

[5] El coaching es una disciplina que identifica los cambios necesarios que debe realizar una persona para llegar a sus objetivos. Normalmente el trabajo se realiza a través del optimismo, la ilusión de cambio y la autoestima.

[6]  Palabras de la Secretaria de Administración de Seguridad, Genoveva Ferrero, en la jornada “Liderazgo femenino en la Policía de la Ciudad”.

[i]Lic. en Ciencia Política (UNLaM)

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