¿Nos vamos poniendo tecnos?

Por Emiliano Delucchi [1]

 

Deus ex machine

La cientifización de la gestión pública es un hecho y, de continuar el ritmo actual, en el mediano plazo ingenieros en informática y analistas de sistemas reemplazaran a los cientistas sociales en puestos clave de organismos públicos. En CABA ya está pasando y es cuestión de tiempo que la cosa se expanda.

La cuestión es ineludible, y necesariamente las carreras humanísticas deberán pegar un fuerte giro hacia las herramientas propias de las ciencias duras, o de lo contrario sus egresados verán su inserción laboral cada vez más difícil en un estado donde la capacidad para generar, sistematizar y analizar datos tiene igual (o más) valor que el poder recitar las ideas principales de tal o cual teórico, ya no que haya escrito siglo XIX, sino que lo haya hecho antes de la invención del smartphone.

Como vienen sugiriendo algunos especialistas tales como Duran Barba, Gutiérrez Rubí o Noah Harari, la invención del smartphone marca un quiebre insoslayable en la historia de la humanidad, superior incluso a la invención de la rueda o el fuego, y sobre todo, modifica radicalmente las formas que tenemos de acceder y manipular el conocimiento. Este proceso da comienzo a la muerte de los grandes estadistas como protagonistas centrales de los cambios políticos y sociales, no porque dejen de existir, sino porque su conocimiento se devaluará frente a la enorme maquinaria de recolección y procesamiento de datos, controlada por ingenieros y técnicos.

Ya no hace falta intuir lo que el pueblo quiere, ni brindar explicaciones llenas de imperfecciones, suposiciones o estimaciones etc. Ahora se puede conocer, en tiempo real, prácticamente minuto a minuto, sobre que hablan, sienten y piensan cada una de las personas que pisan un territorio,  el método puede aplicarse incluso a nivel global.

Cada uno de nosotros, todo el tiempo, tomamos decisiones a través de nuestros teléfonos, allí dejamos huellas sobre las cosas que nos parecen bien, mal, las que nos interesan, y lo más importante, dejamos huellas sobre las cosas que nos gustaría que pasen: nuestras aspiraciones. Mediante las herramientas correctas y una buena suma de dinero, estos indicios pueden ser rastreados, procesados y decodificados,  con el objetivo de elaborar desde discursos de campaña hasta políticas públicas.

¿Siamo fuori?

Se presenta entonces una pregunta fundamental: ¿es posible reemplazar el análisis político por la lectura de una planilla con datos? La respuesta debe ser, sin lugar a dudas, que de ninguna manera, ya que el análisis del cientista político y/o social es indispensable para hacer una lectura, valga la redundancia, política de los datos, que nunca pueden ser una foto nítida de la realidad, sino un soporte sobre el que actuará el analista con su capacidad de interpretación, influida siempre por su ideología.

En el mismo sentido, debe considerarse que la pasión, la sensibilidad, la empatía, y muchas de las particularidades de la condición humana no pueden medirse ni reducirse a la información extraída de la Big Data. Los procesos sociales, históricos y políticos, y su peso sobre las relaciones sociales actuales tampoco pueden decodificarse a través de unos cuantos números. Sin embargo, no hay ninguna razón para rechazar este tipo de herramientas por motivos ideológicos.

Por alguna extraña razón, desde el campo nacional-popular muchos referentes descreen de este tipo de metodologías. Acusan a las herramientas de ser “liberales” o formar parte de la anti-política, alcanzando un nivel de negacionismo ante la evidencia solamente comparable con el de los terraplanistas o anti-vacunas. Basta recordar las constantes burlas hacia personajes como Durán Barba por el uso reiterado de encuestas, relevamientos y focus froup.

Una pinturita

A modo de ejemplo, se presenta un razonamiento en torno a la recopilación y análisis de la información cuya metodología puede ser aplicada a muchas otras acciones políticas e incluso políticas públicas,

¿Alguno de ustedes se ha puesto a pensar para qué sirve pintar los nombres de candidatos políticos en las paredes? Desde hace años, miles de personas invierten energía en pintar, utilizando tiempo de estudio, ocio y de familia, con el objetivo de trabajar por una causa política. Sin embargo ¿esto aporta algo al candidato o al proyecto político al que esas personas adhieren?

El asesor estrella de Cambiemos, Jaime Durán Barba, sostiene que tiene decenas de estudios realizados en varios países, y la publicidad en la vía pública es contraproducente para los candidatos, y que solo sirve para malgastar recursos, y el problema es aún mayor si los nombres que aparecen en las calles son de personas que están en el gobierno, porque los electores suponen que esa publicidad fue pagada con su dinero. Así, cuanta más publicidad, más rechazo al candidato.

¿Es cierto esto, o se trata de un engaño para colaborar con la “anti-política” propuesta por el neoliberalismo? La verdad es que no hay manera de saberlo exactamente, ya que por un lado tenemos la opinión fundamentada de Durán Barba, mientras que desde el campo nacional popular no hay evaluaciones serias sobre la situación, principalmente porque los dirigentes descreen de que sean útiles.

En ese sentido, nunca los responsables se preocuparon por saber si el trabajo de todas esas personas tiene algún sentido, y esas personas tampoco nunca se preocuparon en exigirle a sus referentes alguna devolución, o algún fundamento que les permita saber si lo que estuvieron haciendo durante años sirve realmente para algo o, por el contrario, es estéril o contraproducente.

¿Hay algún tipo de evidencia que sugiera que una persona pueda llegar a votar a un candidato o mejorar la imagen que tiene de él porque vio su nombre pintado en un paredón? Quizás algún día lo sepamos, y sin habernos vuelto liberales.

Desoxidémonos para crecer

Una de las frases rimbombantes que circulan por allí es que los hombres son hijos de su tiempo, que junto a otra, que dice que las ideas dominantes de una época son las ideas de la clase dominante de esa época, prácticamente intentan dar por muerta la capacidad de los actores de reinventarse. Sin embargo ¿Qué sucede cuando las ideas cambian tan rápido que los sujetos han vivido en múltiples tiempos al llegar a su madurez, al punto de que una misma generación pueda presenciar un cambio de paradigma, o incluso varios?

En ese sentido quienes se desarrollan en ámbitos sociales y políticos deberán contar con una enorme capacidad de adaptación a un mundo que no solo se encuentra en movimiento frenético en el plano económico y laboral, sino que esta dinámica ha penetrado de lleno en el plano simbólico. Como señala, entre otros, el filósofo de moda Byung Chul han, las disputas centrales para el neoliberalismo ya se están dando en la producción de subjetividades que parecen individuales pero no lo son tanto. Por ahora estamos perdiendo, y si nos parece que la realidad está mal, negarla o burlarnos no parece ser la mejor opción.

 

[1] Licenciado en comunicación social (UNLaM)

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