Vice: Deshumanizar al diablo para deshumanizar la política

Por Leticia Leitbelt[i]

Cuando subió al escenario de los Golden Globes para agradecer su premio como Mejor Actor en Película de Comedia (ahora también tiene grandes chances de llevarse el Oscar), Christian Bale agradeció a Satanás por darle la inspiración que necesitaba para este papel. Más allá del chiste festejado por sus colegas, éste es el principal problema que tiene Vice: Dick Cheney es retratado como el diablo. Como la peor persona que existió sobre la Tierra y el peor político de la Historia.

Si bien no caben dudas (al menos no para quien escribe este artículo, y seguramente tampoco para la mayoría de los lectores) de que el ex vicepresidente republicano de Estados Unidos es un ser despreciable y, durante su gestión, todas sus motivaciones fueron horribles, reducir la figura de un político a un villano de caricatura o a un Lex Luthor gubernamental es un error. Es justamente lo que de este lado criticamos cuando, por ejemplo, Netflix estrena una serie sobre Hugo Chávez y lo muestra como una mezcla de Cruela Devil y Pablo Escobar.

La película presenta al joven Cheney como un redneck obrero y borracho sin proyectos ni futuro, hasta que un día la esposa (interpretada por Amy Adams) se harta de él, lo sienta en un sillón y le dice: “O te rescatás, o te dejo”.  Ahí supuestamente la cabeza de Cheney hace un click y se decide a encaminar su vida. Una simplificación bastante exagerada pero que, digamos, puede ser aceptada en una ficción así, basada en el humor ácido y la comedia negra. A partir de entonces, la esposa, Lynne, será fundamental en cada paso que dé Dick en su carrera y en cada decisión que tome. Porque, claro, para Hollywood, detrás de todo hombre horrendo hay una mujer aún más horrenda y despiadada que impulsa sus acciones. Desde Adán, Eva y la manzanita, somos las culpables de todo.

Los sucios demonio
Cheney llega tener una pasantía en la Cámara de Representantes del Capitolio (nunca se explica cómo) y se convierte en el perrito faldero (una especie de Sr. Smithers) de Donald Rumsfeld (Steve Carell), a quien después, cuando ambos formen parte del mismo gobierno, va a traicionar y dejar solo, como a tantos otros.  Hay una escena clave del film, que fue incluida en trailers y adelantos, en la que el joven Dick le pregunta a Rumsfeld: “¿En qué creemos?”, y Rumsfeld entra a matársele de risa en la cara.

A eso me refiero con el problema de Vice: Todo lo que hace Cheney y los republicanos que lo rodean está motivado por la ambición personal, la fiebre de poder y la corrupción desmedida. Casi nunca por creencias y motivaciones verdaderamente políticas (reprochables desde la visión liberal hollywoodense, sí, pero políticas). Esta manera de contar la historia ignora el hecho de que, efectivamente, los conservadores republicanos (feos, sucios, malos y corruptos, o no) también hacen lo que hacen porque creen que es lo correcto y, de hecho, eso es lo más siniestro de todo. Al basarse sólo en la maldad y la corrupción, la peli cae en el viejo argumento de “la política es basura”, tan utilizado en nuestros pagos sudamericanos.

El único acto de humanidad y bondad de Cheney que plantea el film es el rechazo a candidatearse como presidente, para que, en campaña, sus adversarios no usen la homosexualidad de su hija menor como argumento para desprestigiarlo. Aunque elige proteger su hija por sobre sus aspiraciones políticas, su único acto de amor no se da entonces en el ámbito de la política, sino en el familiar.

Pinky y Cerebr

Al asumir su cargo más importante, en 2001, la película relata cómo el vicepresidente crea un gabinete paralelo, con hombres de confianza que no responden a George W. Bush, sino que trabajan directamente para él y su propia agenda. Con oficinas, ojos, oídos y fichas puestas en todos los ámbitos de poder del Gobierno, Cheney supuestamente se movía a su antojo y hacía lo que quería, pasando por arriba al presidente sin ningún tipo de control. Incluso, luego de los atentados del 11 de Septiembre, el vice engatusa y convence a Bush de la intervención armada en Irak por motivos patrióticos, cuando en realidad buscaba concretar negociados turbios con empresarios petroleros y de la industria armamentista. Desde la perspectiva del film, Cheney es hasta el responsable accidental (o no tan accidental) de la creación del ISIS.
Todo esto es, a mi parecer, otra falencia y otro punto débil de Vice. Reducir el papel de Bush a un monigote de Cheney, que ignoraba gran parte de los planes de su segundo al mando, vuelve a ser simplista y hace recordar, por momentos, a la visión que expresa Michael Moore en su documental Fahrenheit 9/11: Bush era un idiota que estaba al margen de todo, no entendía nada y sólo había llegado a la Casa Blanca para demostrarle a su papi que él también podía (¿algo de esto les suena en la actualidad argentina?). Cheney era la mente macabra, el Cerebro, y Bush era su Pinky, su secuaz de pocas luces manejado como títere.
Otro aspecto muy importante del film, y quizás el más destacable desde la realidad de nuestro país y la gestión de Cambiemos, es que visibiliza lo fundamental que fue para George W. y su vice la utilización (al mejor modo duranbarbista) de focus groups para implementar medidas nefastas, disfrazándolas de beneficios nacionalistas. Así vemos que decidieron llamar “Impuesto de Muerte” al viejo Impuesto a la Herencia, para que las clases populares apoyen la eliminación de una carga imposiva destinada a los ricos. O que pudieron sustentar la invasión a Irak al descubrir, con focus groups, que la mayoría de los ciudadanos “no entendía” lo que era Al Qaeda y prefería que el enemigo fuera “un país” en vez de una organización terrorista. Así se cae de nuevo en un reduccionismo democrático, muy analizado en Argentina por estos días: el famoso “la gente es estúpida y vota cualquier cosa”. En cambio, “los que sabemos, los que la contamos, tenemos la posta”.

De hombres y de monstruos

No coincido con la visión de algunos críticos que opinaron que, en contraposición a los “malos” republicanos, los demócratas están representados como ángeles salvadores. Apenas se menciona a Jimmy Carter, a Bill Clinton directamente no se lo nombra (la elipsis que se hace de los años noventa es alevosa) y la única referencia que hay a Hillary es un material de archivo de una conferencia de prensa, en la que apoya abiertamente el ataque a Irak. Sólo se alaba muy brevemente la figura de Barack Obama, lo que es entendible viniendo de Hollywood. Pero sí es cierto que los republicanos se asemejan demasiado a los satirizados en Los Simpsons (perdón por las continuas referencias a la familia amarilla), que se reúnen en cuarteles subterráneos a armar planes siniestros y leer el Necronomicon.

Recuerdo que, cuando se estrenó La Dama de Hierro en 2012, personalmente se me hizo muy difícil mirar y digerir un film que mostraba todos los aspectos, aún los más humanos y sensibles, de un personaje histórico tan repulsivo para los argentinos como Margaret Thatcher. A pesar de la genialidad de Meryl Streep, y de que también se dejó al descubierto el lado más oscuro del personaje, me generaba rechazo y me costaba aceptar, como espectadora, sus momentos de humanidad y bondad.

Después, mientras corrían los títulos, comprendí que esa era la principal virtud de la biografía: mostrar al ser humano detrás del monstruo, para desmitificar a ese monstruo y revelar aquello de lo que fue capaz el ser humano. Algo que Vice no logra, a pesar de no ser una biopic tradicional y de recurrir a la sátira y el humor. Porque reírnos de la villanía de un villano, ensalsar sus maldades, quizás puede hacerlo más fuerte. Hasta el diablo debe ser humanizado para perderle el respeto. Sino, es él quien se nos va a seguir riéndonos en la cara, como Rumsfeld a Cheney cuando le pregunta “¿en qué creemos?”.

[i] Licenciada en comunicación social.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s