La alternativa es política, no judicial

Por Alejo Spinosa

El año electoral ya se siente, y construir el discurso para poder convencer a los “decepcionados” parece ser el gran desafío de la oposición, mientras del otro lado, Cambiemos espera y apuesta a profundizar la grieta, refuerza el anti peronismo, la xenofobia y el discurso punitivista, a tono con el proceso de derechización que vive la región.

Mucho se ha hablado del “sentimiento” que deben lograr agregar el peronismo y sus aliados a sus discursos para seducir a ese votante desilusionado con el Gobierno. Queda claro que la economía no es el único factor que define una elección y más si se tiene en cuenta todo el capital simbólico que Cambiemos posee para poder esquivar fácilmente ese terreno y centrarse en corrupción y el miedo a “volver al pasado”. El primero de los tópicos parece ser subestimado por una parte no menor del kirchnerismo que hoy no cree que el desfile de Cristina por Comodoro Py de aquí a octubre pueda influir más de lo que ya lo hizo en caso de definirse ella como la candidata.

Ahora bien, ¿hacia dónde va el peronismo? La construcción de la  famosa “unidad” parecería ser la clave del éxito para ganarle a Macri y lograr que la Argentina vuelva a vivir “los días más felices”. No obstante, un sector de la oposición parece empeñado en discutir y argumentar extensamente sobre cuestiones que están lejos de la realidad cotidiana de la población.

Discusiones en el microclima

En las últimas jornadas desde la oposición se pretendió “desnudar” los espurios mecanismos de extorsión existentes dentro del poder judicial, como ocurrió con la denuncia al fiscal Carlos Stornelli. Sin embargo, la ciudadanía le pide otra cosa a los dirigentes (de los cuales reniega bastante), tales como proyectos de gobierno, el acceso a servicios básicos, e incluso honestidad, una palabra que ha adoptado un significado de contraparte frente a denuncias por casos de corrupción, pero que quedó de lado como discurso de campaña, por lo menos en la oposición. En todo caso, las internas del poder judicial deberán ser abordadas por el periodismo, al que todavía le quedan algunos valiosos representantes.

Ahora bien, ¿Cuál es el objetivo de los dirigentes opositores al insistir y alentar a la investigación constante, en este caso al fiscal Stornelli? ¿Crear otro Nisman? ¿Debatir en el terreno electoral con carpetazos, denuncias y jugar al “a ver quién es más sucio”?

Se pueden ensayar algunas respuestas que al menos sirvan como puntapié para abrir el debate. La muerte del fiscal se convirtió en “el caso Nisman” por la obsesión de los medios hegemónicos con terminar con el kirchnerismo. Hoy, la oposición no cuenta con las miles de notas, operaciones, denuncias falsas y especulaciones que se hicieron con este hecho para el caso Stornelli, más bien todo lo contrario, los diarios con mayor tirada nacional han defendido al fiscal acusando una “operación K”.

Confrontar con Cambiemos en el terreno de la disputa por la corrupción y las maniobras de la justicia es hacerlo con la cancha inclinada, y con todo en contra, ya que es justamente ese el ámbito donde el Gobierno ha mostrado mayor efectividad. Por un lado, gracias a los vínculos existentes con jueces, fiscales, operadores y servicios de inteligencia y por otro, debido a discurso que ya tiene una carga de verdad importante (por su reiteración constante, no porque sea cierto) respecto a la “corrupción K”, que tan bien ha ejecutado el oficialismo a través de los medios de comunicación.

La denuncia al fiscal Carlos Stornelli tiene sobradas pruebas y parece haberle movido el amperímetro a un sector no menor del poder. Pero no esto no debe significar, para las fuerzas políticas opositoras, entrar en una disputa en la que no tienen construido un discurso con la resonancia que si lo tiene el Gobierno. La oposición debe plantear otra agenda, proponer ideas para salir de la crisis, generarle algo a la sociedad que exceda la agenda mediática. De lo contrario, el debate político en la Argentina se estará llevando a cabo en el terreno en el que el Gobierno mejor se mueve.  Será “cuadernos K” vs “coimas a Stornelli”.

Se profundizan las grietas, se polariza más la situación y se generan más tensiones, todas cuestiones alentadas por Cambiemos.  Hablar de las internas de Comodoro PY es darle la razón a la sociedad con la vieja entelequia de “a los políticos solo les importa el poder, su bolsillo y no la gente”, porque efectivamente esa discusión está lejana del día a día de la mayoría de la población.

Ganar, ¿y después qué?

La famosa unidad que se pregona desde los distintos espacios opositores empieza a tomar forma en algunas provincias como La Pampa, Chubut y Santa Fe. El gran desafío de los dirigentes que empiezan a confluir en distintos frentes unificados es lograr que esa unidad de la dirigencia se refleje en los deseos de los votantes.

Por supuesto que no se puede soslayar el papel que juega Cristina Kirchner, la única dirigente opositora con votos propios competitivos pero a la vez quien mejor gráfica la idea propuesta por el Gobierno de grieta, confrontación y odio. “Es esto o la vuelta al pasado” se escuchará por parte de los voceros oficialistas.

Los periodistas y dirigentes que siguen de cerca la manera en que está actuando la ex presidenta coinciden en que es otra Cristina, abierta al diálogo y dispuesta a hablar con todos. Quizás la senadora entiende el momento político Nacional y regional que se avecina, y sabe de la necesidad de construir consensos con todos los dirigentes que se digan opositores, desde Ushuaia a La Quiaca, sin mezquindades y olvidando viejos rencores de la política. Acaso emulando al Néstor Kirchner del 2003, aquel que asumió el poder con un magro 22% de los votos y se dedicó a tejer alianzas con diversos sectores, buscando la legitimidad que Menem le sacó al bajarse del ballotage.

¿Buscará Cristina volver a los orígenes del kirchnerismo? Ese que surgió con restos del menemismo y el FREPASO, pero que luego fue mutando hacia un peronismo que sumó sectores progresistas, terminando su Gobierno con acusaciones de “sectarismo” por parte de los exiliados que hoy regresan. La senadora deberá agregarle a su rol de líder, un papel de conductora política.

Quizás sea hora de que los dirigentes de la oposición dediquen parte de sus discursos y apariciones a proponer un modelo de país que reflote este barco, que parece se hundirá de continuar este Gobierno. Teniendo en cuenta cuestiones macroeconómicas mundiales, la oposición tiene que poder proponer otro camino, y no quedarse atrapada en discutir lo que quiere el Gobierno, o reducir el debate a la cuestión electoralista, lo que en la jerga popular se denomina “chiquitaje”. Cualquier/a referente del peronismo u otro sector opositor que pretenda tomar las riendas de este país, debe saber que las condiciones económicas globales y locales no son las mismas que hicieron que el kirchnerismo pueda redistribuir el ingreso de la manera que lo realizo sobre todo entre 2007 y 2011.

El discurso tiene que ser realista, ya que sería ingenuo proponer “la vuelta a los mejores años”. Primero por la cuestión económica, y segundo porque el electorado ha demostrado en las últimas elecciones no votar el pasado, sino inclinarse sobre la esperanza de mejora en el futuro. Esto se añade a la cuestión tan mencionada de ese sentimiento y ese relato que la oposición debe armar para ofrecerle al electorado junto a una base sólida y realizable de un programa económico.

Ni las causas judiciales ni el desastre económico del macrismo son suficientes para que el peronismo, como fuerza mayoritaria de la oposición, se imponga sobre el Gobierno. La unidad dirigencial parece empezar a tomar forma, entendiendo quizás que el consenso que pueda lograr el próximo Gobierno no lo conseguirá mediante los votos, en un escenario que se muestra muy fragmentado, sino que tendrá que lograrlo vía acuerdos políticos similares a los que se hicieron post crisis del 2001. Ganar las elecciones sería solo el primer paso, porque luego hay que gobernar y hay que hacerlo bien, entendiendo que el desastre económico generado por la actual gestión expondrá sus mayores consecuencias en los próximos años

La discusión política en la Argentina, al menos en el ámbito mediático, gira en torno a causas, operaciones y críticas ya reiteradas a la gestión de Macri. Quienes tengan intenciones de disputar un lugar en la Casa Rosada no pueden seguir encerrados en ese microclima que solo les interesa  a los dirigentes, pero que no despierta ninguna motivación en el grueso de la población. Todo el arco político tendrá su cuota de responsabilidad en el caso de que el Gobierno siga cuatro años más en el poder, más allá de las cuestiones comunicacionales (que se manejan muy bien desde el oficialismo) la oposición no ha encontrado aún ese mensaje que interpele y genere esperanzas en la ciudadanía sobre un cambio real que llegue mediante el proceso electoral.

Las demandas populares no están siendo motivo de ocupación en la dirigencia opositora. Por ahora, la resistencia en las calles de las organizaciones sociales, la militancia y los distintos sectores afectados las políticas económicas del Gobierno no encuentran su representación en el poder político.

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