¿Pañuelos verdes y celestes?

Por Rosaura Barrios[i]

Las voces a favor y en contra no esperaron mucho. Por supuesto que sectores del feminismo autodenominados “de izquierda” defenestraron esta decisión y acusaron de cierta “traición divina” al movimiento progresista, además, cierto tufillo a una política aséptica y sin vellos ya aflora. No reparan en exigir una política partidaria “desinfectada” completamente de la derecha encarnada en los evangélicos.

Dicho sea de paso, el evangelismo resultó un sector fundamental en la llegada de Bolsonaro a la presidencia de Brasil. ¿Es legítimo que Cristina Fernández haga alianza con los evangélicos luego de pronunciarse a favor del aborto? Recordemos que fue su iglesia la que llevó adelante la campaña más feroz en contra de la ley de IVE. ¿Qué tienen para decir los evangélicos de esta crisis? ¿Qué aportan? Con todo esto en la cabeza, voces a favor y en contra, como parte del movimiento feminista y dedicada a pensar algunas de estas cuestiones, mi pregunta es: ¿cuál es la prioridad de los feminismos hoy?

El movimiento “Ni una Menos” fue impresionante, de lo más genuino que tuvo y tiene el feminismo, y tomándolo como punto de partida ahí veo con preocupación acusaciones cruzadas y fragmentaciones, que no generarían mayores problemas si no sería porque le hacen el juego a la derecha más recalcitrante y neo fascista, aquellos que están robando y hambreando al pueblo.

¿De verdad, compañeras, vamos a hacerle el juego a estos delincuentes? ¿De verdad vamos a ponerle purpurina al movimiento y vestir un top con el pañuelo verde en lugar de sentarnos a articular con el movimiento popular para ganar elecciones? ¿En qué momento perdimos el rumbo y entramos a repetir como mantras frases de Facebook sin reflexionar que estamos sin hospitales públicos, sin ministerio de trabajo y de ciencia? ¿Vamos a gastar energías en pelearnos con compañeras trabajadoras sexuales y apuntar con el dedito a decirles que son cómplices del patriarcado? ¿Cuánto tiempo perdemos discutiendo entre nosotras si hay que sentarse o no con una fuerza y bloque gigante, con votos más que significativos, sólo porque nos piden que bajemos las reivindicaciones feministas? Nadie dijo que debemos bajar las banderas compañeras, lo ideal sería que el movimiento se siente y negocie sus cartas, hacer política partidaria y disputar poder real en las urnas.

La lucha de hoy no es por privilegios, no nos confundamos. La lucha de hoy es por la subsistencia más básica: comer todos los días y laburar. ¿Vamos a pelearnos con las antiabortistas, con las pañuelos celestes, con las y los que no usan el lenguaje inclusivo sin pensar que hay compañeras y compañeros en las calles durmiendo? ¿De verdad? Y no pretendo desplazar luchas, estoy tratando de pensar agenda local con la fuerza feminista que vi en el 2018 y que rápidamente se esfumó (o solidificó) hacia un formato vacío de redes sociales y brillantina, que se aleja peligrosamente de nuestras necesidades de subsistencia.

Entramos en una lógica peligrosa que nos aleja de la concreción de nuestros pedidos. Un show con purpurina, discursos picantes, risitas absurdas a mujeres y varones creyentes, religiosos, a aquellas que pelean por derechos laborales de trabajadoras sexuales, a organizaciones que trabajan con maternidades en situación de vulnerabilidad, olvidando que necesitamos de todos y todas ellas para ganar. ¡Porque necesitamos ganar elecciones compañeras, sostener la sartén por el mango y direccionar de nuevo hacia horizontes feministas, por supuesto!

Resulta que no hay que hacer alianzas con Juan Grabois ni con Cristina Fernández, uno porque es amigo del Papa y la otra porque le atribuyen algún extraño impedimento a deconstruirse, incluso cuando ha demostrado que puede hacerlo (la discusión por lo genuino o no es otra). Ni hablar de los evangelistas, que parecen ser el diablo (paradójicamente) en estas tramas,  pero representan una fuerza de comando real que nadie se atrevería a cuestionar. Compañeras, sin hospitales públicos no existe el aborto legal, sin programas sociales no existe independencia económica y emocional de mujeres en situación de violencia (Programa “Ellas Hacen”), sin educación formal no existe posibilidad de inserción (Plan FinEs-PROGRESAR-CONECTAR IGUALDAD), sin posibilidades de becas y mejora en las condiciones de la ciencia argentina el techo de cristal seguirá existiendo (CONICET- MinCyT) y podemos seguir enumerando.

¿Acaso nos olvidamos del debate progresivo-escalonado? ¿Acaso el puñetazo de estos delincuentes millonarios nos dejó tan aturdidas y adoloridas que no podemos ver que tenemos que volver a pensar reivindicaciones sociales populares anteriores al aborto legal?, como la salud pública, por ejemplo. ¿Qué tipo de agenda estamos construyendo?

Estamos en alerta máxima pero por alguna extraña razón todavía seguimos sacando el feminómetro a ver quién habla con más E, con X, con @, a ver quién leyó más a Butler o quién se ríe más fuerte y comparte más memes en contra de machirulos. Sacamos el feminómetro cuando una líder de la oposición con más fuerza llama a todos los sectores para ganarle al verdadero enemigo del pueblo. Esto conlleva un derroche de energía fenomenal, y así nos ganó la derecha.

Estas líneas son sólo algunas notas reflexivas para pensar agenda feminista local, discutibles, por supuesto, pero que intentan sincronizarse con los movimientos sociales y estar atentas también a sus demandas. ¿Qué tienen para decir las iglesias evangélicas? Es más que interesante el trabajo territorial y orgánico que poseen, eso es indiscutible. Pero es momento de diferenciar etapas de ascenso al poder. Tengo mucho miedo de que estemos jugando (sin querer quizás) para el bando equivocado, donde los buitres y nefastos de Lospenatto y Lipovetzky capitalizaron, con pañuelo verde en muñeca y pañuelito verde en el traje Dior, ese derecho fundamental, y además fueron héroes y heroínas de un triunfo que fue sin dudas popular- feminista. No compañeras. Yo quiero un feminismo libre, popular, trasversal, no punitivo, ni moralista, sensible a las prioridades de sus pueblos (sean de las creencias que sean), donde la concreción de objetivos sea más importante que  imponer, retrucar o hacerse la más pilla. Prefiero un millón de veces dar un paso en concreto que mil discusiones teóricas, como dijo Ofelia Fernández, mejor un paso hacia la alianza real que infinitos y desgastantes comentarios en facebook y peleas absurdas por Whatsapp con personas que no utilizan el lenguaje inclusivo o están en contra de la alianza que plantea Fernández.

Pero como dije al inicio, éstas sólo son notas, descartables quizás, para pensarnos en tiempos de crisis y llanto por un país que está siendo reventado por mafiosos y mercenarios y de quiénes debemos tener mucho cuidado de no caer en las trampas de su lógica.

[i] Doctora en Comunicación. Becaria Posdoctoral del CONICET. Docente- investigadora de la Universidad Nacional de Misiones.

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