¿Qué pasa en Cuba con el matrimonio igualitario?

Por Annery Rivera Velasco *

Para todos es sabido que Cuba está viviendo uno de los momentos históricos más cruciales de los últimos años. Ahora tenemos un presidente cuyo apellido no es Castro, y es indiscutible que muchas expectativas diversas surgieron a partir de este primer movimiento en el escenario político de la isla.

Al respecto, aparecen preocupaciones y esperanzas en relación con la preservación de las conquistas alcanzadas por nuestra sociedad y también con la diversificación de las proyecciones ideológicas, económicas, culturales y sociales hacia el futuro que se impone. Un futuro que depende de lo que seamos capaces de construir en el presente. Un futuro que será de la forma y la transparencia con que lo diseñemos en el minuto que corre, y que su construcción no es responsabilidad exclusiva de los órganos gubernamentales que rigen la sociedad cubana, sino que es deber y, sobre todo, derecho del pueblo cubano contribuir a ella en su totalidad.

Desde que se dio a conocer la propuesta del cambio constitucional, en julio pasado, nuevas coberturas se plantearon para hacer valer propuestas largamente postergadas por parte de nuestra sociedad civil. Entre ellas, la posibilidad del matrimonio para todas las personas, teniendo en cuenta que este es un derecho fundamental que posibilita edificar un proyecto de vida sobre la base del consenso, junto a las garantías jurídicas que supone pero que, ante todo, otorga el merecido reconocimiento y legitimación a las familias constituidas desde la diversidad sexual, su validez y participación plena en el ejercicio ciudadano.

Sin embargo, el artículo 68, que proponía la materialización de este derecho, fue desestimado por la nueva reforma constitucional y sustituido por una entelequia confusa y arbitraria que se ha resumido en el artículo 82. No nos dejemos engañar. El artículo 82 NO ES lo mismo que el artículo 68, no contempla claramente iguales demandas y no satisface, bajo ningún concepto, las necesidades reales que venimos visibilizando desde que en los años 90 ocurrieron las inevitables aperturas de Cuba hacia el mundo y del mundo hacia Cuba. Tan inevitables como el futuro que nos aguarda.

Entendemos que un cambio constitucional debe ser públicamente discutido, ya que nos compete a todos los miembros de la sociedad como agentes plenos de la misma, pero es importante recordar que los derechos de las mal llamadas “minorías”, como en este caso lo es la comunidad TLGBIQ tienen que ser evaluados atendiendo a otros criterios. Justamente lo que las constituye en minorías está avalado en una serie de prejuicios, normativas y estereotipos sociales arraigados en el imaginario colectivo a lo largo de la historia humana. De ser así, pudiéramos asegurar entonces que el fascismo es una ideología política viable, puesto que en su momento fue sostenida masivamente, y que el socialismo es producto de la demencia utópica de un pequeño grupo de idealistas que en el siglo XIX proyectaron un modelo estéril destinado al fracaso.

No obstante, nadie con sentido común hoy en día se atrevería a aseverar semejante postura. Al contrario, Cuba es y continúa siendo, a pesar de los tropiezos, la vanguardia del socialismo en América Latina, el gran referente en la región al pensar la posibilidad de un mundo mejor.

Nuestro estado es laico, y creo firmemente en que lo seguirá siendo, sin que ello interfiera en la positiva flexibilización de las últimas décadas, que ha permitido a los cubanos practicar con mayor libertad sus filiaciones de culto, otro derecho que costó tiempo y sacrificio, pero que fue logrado mediante procesos de transformación de mentalidades, y el cual apoyamos y defendemos, porque es de todos. Sin embargo, nuestro estado nunca ha bajado la cabeza ante las reacciones de grupos religiosos fundamentalistas, que intentan ganar territorio con intereses mezquinos y tergiversaciones teológicas peligrosas, ya que van prestas a dinamitar la espiritualidad humana.

A los religiosos fundamentalistas, que enarbolan la bandera de la infalibilidad de las escrituras para argumentar sus manifestaciones homofóbicas, les recuerdo que el “modelo original” ni siquiera es el de la familia como la conocemos hoy, constituida a partir de una pareja, el modelo original era la comunidad. Las primeras recopilaciones del Antiguo Testamento datan de los siglos X al VIII a.n.e, y el Nuevo Testamento fue escrito entre los años 50 al 100 d.n.e aproximadamente, pero la humanidad es mucho más antigua, mucho más variada, mucho más rica.

La tradición judeocristiana no es la única que existe. Pensar eso sería asumir una postura occidentalista y colonialista, en detrimento de otras expresiones cosmogónicas, como las de nuestras culturas originarias. Y les recuerdo, además, que el matrimonio surgió como un mecanismo de represión, un trueque, una estrategia económica y política que tiene su origen mismo en la conformación del patriarcado como estructura social.

Como todo concepto, el matrimonio ha evolucionado hacia nuevas formas de representación, y en la actualidad es un derecho humano, registrado en las convenciones de todos los organismos internacionales, reconocido como actividad jurídica plena de acción ciudadana en prácticamente todas las naciones. Es una expresión del valor que poseen las uniones consensuadas entre personas que deciden establecerse juntas, o simplemente caminar de la mano por el sendero de la vida.

El matrimonio igualitario es una necesidad cada vez más imperante en la Cuba de hoy. Su inclusión en el nuevo proyecto de Constitución de la República no es una cuestión de capricho o privilegio de una ideología sobre otras. Es una cuestión de justicia. No podemos proyectar la Cuba evolucionada del futuro que soñamos, si no contamos con el reconocimiento estatal a las demandas que plantean sectores sociales que históricamente han sido desplazados, marginados, discriminados, privados de sus derechos fundamentales. Porque la sociedad se cristaliza en los cuerpos de todos y todas los que la conformamos. Y el colectivo TLGBIQ también es sociedad, también es agencia y también es País.

 

*Activista por los derechos de la comunidad TLGBIQ y miembro de la campaña por el matrimonio igualitario Acepto Cuba.

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