Nadie muere de fiebre

Por Daniel G. Rossetti

La teoría económica nos dice que en el mercado, lugar donde se intercambian mercaderías y servicios, el libre juego de la oferta y la demanda fija los precios de estos de manera perfecta, sin abusos ni distorsiones. Pero en la triste realidad de nuestro querido planeta, nada de esto ocurre. Lejos del sueño teórico racionalista de Adam Smith, padre de la teoría liberal económica (un intelectual de su época, sólidamente formado y lejos de algunos show-bussines de hoy que se hacen llamar libertarios), dentro del Mercado se suceden múltiples distorsiones que generan la formación de monopolios y oligopolios, que destruyen todo el andamiaje teórico y concentran la riquezas de las naciones en las manos de algunos pocos. Otra de las fallas del Mercado se manifiesta como el aumento generalizado de precios, es decir, inflación.

En el juego del Mercado, la demanda de productos y servicios por el lado de los consumidores provoca la oferta por parte de los productores, y en la medida que haya varios que compitan en calidad y capacidad de abastecimiento, el precio se fijará automáticamente en un punto de equilibrio, que no haga que los que demandan (consumidores) paguen estos servicios y productos por encima su verdadero valor de uso y de cambio, y los que ofrecen (productores) tengan una ganancias por encima de los costos de producción, a la vez que ambos responden a las capacidades que tiene la sociedad para el intercambio.

Rosetti 1

Salvo que ocurran desgracias naturales o guerras, no debería haber variaciones por fuera de este esquema. Entonces la inflación solo se justifica ante estas eventualidades, que luego de resueltas, el equilibrio del Mercado vuelve a imponerse.

Si esto ocurre, cualquier variación de precios se dará por un desvío en la demanda o en la oferta. Y si el aumento en los precios de la economía es generalizado, la inflación solo podrá ser por los efectos en la oferta o en la demanda, dónde reconocer el origen es fundamental para desarrollar las políticas de Estado para contenerlas y mantener en equilibrio de las arcas de la comunidad políticamente organizada.

Si esto es así ¿por qué la inflación en Argentina es presentada como el gran obstáculo que produce todas las discontinuidades en el desarrollo? Podríamos resumirlo elementalmente: esto es así porque siempre equivocaron los diagnósticos. Veamos un poco los detalles teóricos para entender esta fábula neoliberal.

Cuando la inflación la genera la demanda

Hagamos primero un pequeño resumen sobre los términos que usaremos para la explicación de estos componentes de la economía. La Demanda Agregada (Da) es la demanda general de todos los productos y servicios que se buscan en el mercado y para entender su comportamiento se toman a todos ellos como uno solo. Igualmente pasa con la Oferta Agregada (Oa), donde todos los servicios y productos que se ofrecen en el mercado se toman como uno solo. Consideraremos pleno empleo a tasas de desocupación de alrededor del 5%, dado que el cero sería imposible porque siempre habrá trabajadores que estén en búsquedas de mejores empleos, y esto se logra cuando la demanda y la oferta laboral encontraron el punto de equilibrio en el mercado de trabajo, es decir todos los trabajadores que desean trabajar, tienen empleo. En esta situación se considera a la Oferta agregada como inelástica, es decir que como la capacidad de ofrecer productos al Mercado está al límite, no varía cuando varía la demanda.

Cuando hay pleno empleo, los consumidores tienen la posibilidad de obtener los bienes y servicios necesarios para satisfacer sus necesidades y deseos. Esto se explica porque también el nivel de salario está en equilibrio con lo que tiene para ofrecer el mercado, puesto que, al no haber una demanda excesiva de empleo, los propietarios de los medios de producción (los empresarios) están forzados a pagar los salarios que los propietarios de la fuerza laboral (los trabajadores) necesitan. Y cómo siempre hay rotación por parte de los trabajadores, los empresarios pueden también elegir a los que consideren mejor capacitados para el puesto que necesitan. Teóricamente no hay abusos de ninguna de las partes.

Quienes consumen en el mercado tienen la capacidad de aumentar la demanda hasta el punto de que la producción agregada (todo lo que se produce tomado como un solo producto) sea la capacidad que tiene el país para satisfacerla, quedando como estímulo para los oferentes (las empresas) el aumento de precios. En resumen, un aumento en la DA genera, en un momento de pleno empleo, un aumento generalizado de precios, es decir inflación.

Rosetti 2

Lejos de la teoría, los mercados no son perfectos y la mayor de las distorsiones es la formación de monopolios (únicos oferentes de un producto en el mercado) u oligopolios capaces de formar carteles (conjunto de empresas con cuotas importante del mercado) que se comportan como monopolios. Estos tienen la capacidad de imponer la calidad, los precios, o cualquier característica que haga al producto, dejando sin posibilidad a los consumidores de satisfacer sus demandas por fuera de esta particularidad del mercado.

Los distintos ciclos históricos económicos argentinos han concentrado en muy pocas manos no solo a los productores, sino también a los que se encargan de distribuirlos, sumado a la concentración inicial de las familias patricias en la formación de la Argentina como Estado. La acumulación originaria, como lo llamara Carlos Marx, generando una oligarquía ganadera, que luego se transformó en financiera y no tuvo demasiadas ambiciones de transformase en una burguesía industrial.

 Esta posición dominante permitió el aumento de las ganancias de los grandes grupos económicos, y a partir de esa posición tampoco tuvieron demasiados incentivos para aumentar o mejorar su producción. Cuando se mira las cuotas de mercado que tienen empresas como Coca-Cola o PepsiCo en bebidas, Kraff-Mondelez, Arcor o Danone en alimentos, Mastellone en lácteos (con participación de otras firmas en el reparto de la leche como Danone en alimentos de base láctea), Loma Negra en cemento, Quilmes y Schneider en cervezas, y así en casi todos los rubros, se nota que sus participaciones varían entre el 70 y 80% del mercado en cada una de sus áreas.

Las pequeñas empresas tienen pocas oportunidades de participar competitivamente frente a estos monstruos y muchas de ellas terminan cediendo parte de sus maquinarias para producir “a fasón” los productos de sus competidores (la PyMEs ponen las maquinarias y el personal para producción mientras que las grandes marcas ponen los envases y los productos que le dan la características a estos, como esencias, colorantes, etc. y dejan a estas PyMEs como sus satélites de producción), y así logran también , manejar la cantidad de producto que pueden ofrecer estas al público.

De igual manera pasa con la distribución y llegada al consumidor, con cadenas como COTO, Carrefour o Walmart en supermercados, Frávega y Garbarino en electrodomésticos, que manejan mayoritariamente el acceso a los productos, teniendo líneas de crédito y financiación además de marcas propias que avanzan también con el sistema de fasón, cerrando el negocio por todas las líneas de acción: producción, comercialización y financiamiento. El poder de estas grandes empresas para influir sobre los precios deja en un lejano rincón de los recuerdos el “libre juego de la oferta y la demanda”.

Lejos de los rezos paganos que los noeliberales que repiten como salmos, donde el problema de la inflación es el exceso de liquidez que hay en los sectores trabajadores, que aumentan artificialmente los precios por el exceso de acceso al consumo. Esta es la explicación técnica del brutal reclamo de González Fraga por poner en su lugar a los que aspiraban a acceder a mínimas condiciones de confort. El problema es que el mercado está saturado y el exceso de circulante es el síntoma de este problema.

El Estado interviene para mantener este nivel de empleo y consumo, generando distorsiones al subsidiar algunos de los componentes de los productos de la economía (servicios de energía, de transporte para los trabajadores u otros), o impone ciertas restricciones a los actores que intervienen directamente en el mercado (compra de divisas, impuestos a los ingresos, importaciones, etc.). Al surgir estas intervenciones del arca del Estado, se empieza a generar una diferencia entre ingresos y egresos que aumenta, generalmente, el déficit en el tesoro.

Es fácil reconocer que estos problemas surgieron en la administración anterior, pero no significa que no haya salida. Lo lamentable es que “el Cambio” en la administración del Estado, no entendió los síntomas del problema y aplicó fórmulas de corrección equivocadas, que terminaron en la destrucción de todas las variables económicas del país. Desde devaluaciones sucesivas hasta la apertura indiscriminada de importaciones, que destruyen el salario y su poder adquisitivo, puestos de empleo industriales y consecuentemente el mercado interno. Volviendo a la analogía del título, tratan el síntoma, la fiebre, que en este caso sería la inflación que se genera por el exceso de liquidez en el Mercado (“le dan a la maquinita”, por la impresión de billetes), pero no actúan sobre la enfermedad: la saturación del mercado y la necesidad de aumentar la oferta.

Como según los economistas de cabecera de Cambiemos el mercado estaba “caliente”, desde el gobierno nacional proponen recetas monetaristas que lo “enfrían”, sacándole parte del dinero circulante y poniendo en otros lados los estímulos para la producción, como por ejemplo en la especulación financiera, que aspiraría los billetes hacia esos negocios. Las políticas aplicadas responden al arco ideológico al que adhiere la mesa chica del PRO, y no se puede esperar que apliquen otras medidas que no sean las que sostiene la teoría clásica, que reza que el Estado genera más distorsiones que las propias del mercado aunque experiencia histórica y los recientes resultados marcan que esto no es así. Se pasó de inflación por demanda a inflación por oferta.

Cuando la inflación la genera la oferta

Para bajar la fiebre y “enfriar” la economía, las recetas ortodoxas, como se denomina a los economistas que responden únicamente a las exigencias de la teoría económica, como si las sociedades no estuvieran compuestas por seres humanos que tienen intereses y deseos diversos, sino por estructuras estancas compuestas por estamentos, donde cada uno tiene los intereses que corresponden a esa pertenencia. Sociedades del orden donde el hijo de un barrendero solo debe ser barrendero y dónde el hijo de un empresario debe disfrutar de los privilegios de su herencia, sus teóricos presentan como solución “secar” el mercado del exceso de liquidez.

Estas teorías, dónde es la cantidad de dinero que hay circulando lo que genera inflación, afirman que al quitarlo del mercado se quitan los incentivos sobre consumo, y la distorsión que produce en los precios tiende a desaparecer. La quita de subsidios a la energía, por ejemplo, hace que los costos de producción aumenten, y para mantener el mismo nivel de ganancias las empresas aumentan el precio de sus productos. Esto hace que se consuma menos, generando un nuevo punto de equilibrio que es estable. Lo mismo pasa si se levanta la diferenciación del valor para el uso de las divisas extranjeras (el cepo al dólar) puesto que muchos de los insumos para producir aumentan con la devaluación del peso, inevitablemente se traduce en aumento de precios. Al caer la cantidad de productos que adquieren los demandantes del mercado, los oferentes resignan ganancias para mantener la productividad (la cantidad producida con la misma cantidad de recursos) y tienden a bajar los precios para no perder su cuota de participación, llegando al nivel inicial.

Rosetti 3

Para esto las políticas que protegen la industria y el consumo del mercado interno son abandonadas y se optan por otras que liberan a sus fuerzas. Se quitan subsidios aumentando los costos de insumos esenciales para la producción que irremediablemente se trasladaran a los precios. Se quitan impuestos que hacen más atractiva la exportación de materia prima (en nuestro caso mayormente los productos agroganaderos) poniendo precios internacionales a productos que tienen costos nacionales.

Otra de las recetas es incentivar la inversión financiera, que termina transformándose en especulación, puesto que al no existir incentivos para poner el excedente de dinero que tienen los grandes inversores en proyectos productivos, se coloca en operaciones que generan enormes ganancias en muy cortos plazos, y si se le suma que se quitan las restricciones a la circulación de capitales externos, se estimula la fuga de las riquezas generadas al exterior. Más aún cuando, como mostramos anteriormente, muchas de las grandes empresas tienen sus casas matrices en otros países y le reclaman a sus subsidiarias las remesas que estuvieron controladas por medio de políticas estatales.

Para que ciertos parámetros económicos no se terminen de descontrolar, el gobierno de Macri recurrió a préstamos de inversores extranjeros para generar inversiones. Pero mucho de estos capitales no tienen el comportamiento ético que sostiene Smith sino que, movidos más por la avaricia que por la responsabilidad social que les corresponde, se vuelcan a las inversiones financieras y no a las productivas. Esto inicia una espiral descendente, que obliga a imponer medidas político-económicas que estimulan aún más la especulación, los capitales se siguen fugando, se adquiere más deuda, se cambian los portafolios (conjunto de inversiones) de especulación, y se retiran ya no riquezas generadas, sino divisas que atrás no tienen sustento, porque los productos agroganaderos no generan tantas ganancias, luego se adquiere más deuda, se fugan más capitales, y así hasta que la situación se vuelva insostenible.

Desde el fanatismo dogmático sostienen que la forma de lograr inversiones es bajando los costos de producción local, y como sostiene el presidente, el salario es un costo más, y los derechos que se defienden en los tribunales laborales son acciones mafiosas contra impolutos empresarios que no tienen incentivos para invertir al ver amenazadas sus ganancias. Lo que no se ve en la implementación a rajatabla de estos programas es que la destrucción de los salarios destruye al mercado interno, llevando a otra de las espirales descendentes de las variables económicas que sostienen la paz social. La caída de los ingresos en los hogares lleva a una retracción en el consumo familiar, que genera que las empresas tengan menores ventas, que hacen que no puedan pagar buenos salarios, que retrae aún más el consumo familiar, que lleva a mayores restricciones en las empresas que empiezan con procesos expulsivos en los puestos de trabajo, que trae cada vez menor consumo, menor empleo y terminan haciendo a lo que tanto criticaron de los procesos nacional populares: asistir a los sectores postergados, pero no como paso intermedio a la obtención de derechos, sino como una contención que no haga que las calles expresen las consecuencias del modelo. Cuando esto no es posible, la represión es la herramienta que tienen más preparada, sosteniendo el viejo lema de paz y palo.

La realidad tira por el suelo todas sus elucubraciones teóricas. La caída del consumo, sumada a los estímulos a las inversiones financieras en conjunto con la flotación controlada (solo para que no se dispare la depresiación de la moneda de la mañana a la noche) y la libertad para circular a estos capitales, trajo como consecuencia el aumento de precios, la retracción del consumo y la pérdida de empleos. A este fenómeno se lo conoce como estanflación: estancamiento e inflación. En este punto, todo estímulo para invertir en tecnología o nuevos proyectos industriales no existe, puesto que cualquier tipo de inversión financiera (la vieja y conocida bicicleta) deja mínimo entre 10 y 20 % de ganancias sobre la inflación, algo que con ninguna inversión productiva se puede ni siquiera soñar.

Las letras de cambio para contener el valor de las divisas son un claro ejemplo. Cuando las LeLiq (letras de liquidez que pueden comprar solo los bancos) dieron alrededor de 70% de ganancias, la inflación estaba alrededor del 40% y los bancos ofrecían tasas del 45%. La ganancia nominal, es decir la cuenta sencilla sin tomar todas las variables que influyen esperando el momento oportuno para invertir o retirar dinero, que la obtienen manejando información privilegiada es, para los pequeños inversores, 5% por encima de la inflación y para los bancos 25%, como consecuencia, no hay proyecto productivo que deje este nivel de ganancias. La diferencia lo pagan las trabajadoras y trabajadores en deuda adquirida para que el piñón siga girando.

¿Hay salida?

La salida a esta trampa puede sonar sencilla planteada rápidamente: hay que volver a un modelo productivista que reconstruya el mercado interno y genere más y mejores puestos de trabajo, sin embargo, aplicarlo es mucho más difícil que plantearlo

La pregunta lógica es si esto no volverá a generar un esquema de inflación por demanda. La respuesta es, penosamente, sí. Pero este esquema tiene una salida con desarrollo y la estabilidad de la economía y no depende de las variables externas. La mayor dificultad de este modelo es que se necesita mucha inversión, alto compromiso por parte del Estado para acompañar a los que se proponen invertir en procesos productivos y en investigación y desarrollo, y de la sociedad dando los debates que no den lugar a nuevos retrocesos en el proceso.

La salida, y el desafío, es poder aumentar la oferta en pleno empleo. Esto se hace aumentando la productividad, es decir, invirtiendo en nuevos procesos productivos más eficientes. Esto provoca menor impacto ambiental, menor insumo de energía, mayor cantidad de productos (mayor oferta), menor esfuerzo físico de los y las trabajadoras, y aumento en las exportaciones como salida del exceso de productos. Las exportaciones y la ganancia generada por el plus valor de lo producido es el mejor estímulo que deberían tener los empresarios. Para esto, el trabajo científico de los investigadores teóricos (físicos, químicos, matemáticos) se debe unir con la imaginación de los desarrolladores técnicos (ingenieros mecánicos, químicos, electrónicos, ambientales, en materiales y toda materia industrial). El proceso lleva mucho tiempo en inversión y formación de los jóvenes en los centros de estudio, pero es el capital más sólido que puede generar una sociedad.

También es necesario apoyar e invertir en infraestructura, pero no solo en caminos y trenes, como declama el presidente sin mostrar ningún avance importante, sino también apoyándolo en modernización de máquinas, herramientas y líneas de producción y comercialización. Acompañando a los PyMEs a buscar nuevos mercados por fuera de las fronteras argentinas, y generando a la vez nuevas alianzas regionales que permitan hacer frente al avance y las extorsiones de las grandes empresas multinacionales.

Muchas de estas políticas fueron implementadas en la administración de gobierno que fue desde 2003 al 2015 y mostraron cada una de sus limitaciones e inconvenientes. Por eso la inflación se contuvo en el primer mandato, mientras que en el tercero la fatiga del modelo se hizo sentir, junto con el cansancio de los sectores especulativos que ya no querían ganar plata trabajando y preferían hacerlo con la timba.

Retomando la alegoría médica, nadie muere de fiebre, pero sino se controla y se ataca la enfermedad que genera el síntoma, el final trágico es casi inevitable. Los tratamientos pueden ser largos y traumáticos, pero si son los correctos salvan al paciente. La inflación también es un síntoma y si no se atacan los efectos que la producen, el resultado es la destrucción de la estructura productiva del país, que sus habitantes padecen gravemente.

Cambiemos aplicó viejas recetas que ya fallaron y dejaron el proceso productivo, iniciado a mediados del siglo pasado y a principio de este, fuertemente deteriorado. La posibilidad de retomar el camino abandonado es todavía cercana, y puede que el daño no sea tan grande. Retomar la racionalidad del voto es una salida para que la clase dirigente haga que el remedio no sea peor que la enfermedad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s