Se mueven las fichas

Por Patricio Ese[i]

Por el vendaval judicial y las pésimas noticias económicas que se suceden unas otras sin pausa, la reciente elección a Gobernador en Neuquén parece quedar en el olvido de un año colmado de adrenalina y expectativas. No es para menos: el ganador fue el Movimiento popular neuquino (MPN) que viene triunfando desde la Edad de Piedra. ¿Por qué, entonces, volver a esa elección en estas líneas? Porque ha marcado una toma de posición que se refleja en otros movimientos y seguirá marcando una estrategia que comenzamos a vislumbrar. La elección en las tierras de Fuentealba demostró que Cambiemos puede (y debe) salir en un cómodo tercer lugar.

Con este cristal, también debemos leer la reunión del 22 de marzo entre Alicia Kirchner y Roxana Bertone, gobernadoras de Santa Cruz y Tierra del Fuego respectivamente. “La fuerza de la Patagonia! Dialogamos con la Gobernadora de Tierra del Fuego sobre los temas de nuestra región y programamos una agenda en común. #LaPatagoniaNosUne”, publicó la cuñada de Cristina en su perfil de Facebook, cuya foto de portada es una inmensa imagen de Néstor sonriendo. El intento lastimero de Bertone de congraciarse con Mauricio Macri fue una decepción para el peronismo, que no lograba ganar en la provincia más austral desde hace mucho tiempo. Pese a ello, allí está la foto: las dos sentadas dándose un apretón de manos. Cambiemos puede (y debe) salir en un cómodo tercer lugar.

kirchner-bertone

Las llamativas inconstitucionalidades para presentarse a un tercer mandato de Sergio Casas en San Juan y Alberto Weretilneck en Río Negro también deben ser leídas en el mismo sentido. Los dos hombres compartían un visto bueno por parte del gobierno nacional para ser sus grandes aliados en provincias donde el PJ conserva la hegemonía y donde los candidatos del gobierno no logran tomar vuelo. Este retroceso tira por tierra esa estrategia oficial y abre nuevas posibilidades para que también allí el oficialismo sea derrotado rotundamente. Cambiemos puede (y debe) salir en un cómodo tercer lugar.

Finalmente, Cristina parece haber tomado nota de la elección en Neuquén y sus consecuencias más que nadie. Por eso, desde el cristal de Neuquén, debemos mirar la decisión de Pablo Carro, el candidato por Unidad Ciudadana que aspiraba a la Gobernación de Córdoba, de no presentarse en la futura elección provincial que sucederá en los primeros días de mayo.

La docta fue la provincia que catapultó al neoliberalismo cambiemita al poder, al conseguir un abrumador 70% de los votos en 2015. A su vez, el territorio perdió a su gran figura del Partido Justicialista local, José Manuel de la Sota, y con su pérdida, muchos vieron cómo se diluía cualquier intento de tejer puentes entre la diáspora del espacio peronista. Córdoba viene siendo un dolor de cabeza para Cambiemos y su armado electoral, ya que Mestre Junior, envalentonado de un radicalismo que no se veía desde 1999, aboga por ser tan candidato a la Gobernación como el candidato preferido de la Rosada, Mario Negri.

Pero, ¿qué diferencia hay entre la fuerza de Schiaretti y Cambiemos? La crítica de la izquierda que no se hará esperar y que pensaríamos como muy acertada, si no tenemos presente la elección en Neuquén. La diferencia es que Cambiemos puede (y debe) salir en un cómodo tercer lugar.

La apuesta entonces es que gane el PJ cordobés. Segundo salga Mestre. Y Negri, en el cómodo tercer lugar. El voto por Pablo Carro, para esta estrategia, solo sería un voto testimonial, un grito silencioso contra el neoliberalismo, una catarsis emocional sin consecuencias prácticas. Si se presentara Unidad Ciudadana, abriría la posibilidad a que en Córdoba quede el PJ tercero y Cambiemos se lleve el primero y segundo puesto. Desde allí, el acuerdo con Cristina a avalar este renunciamiento y generar tregua con el PJ cordobés. Hasta incluso, uno podría excederse y soñar con que un PJ cordobés ganador en su provincia robustece a un PJ nacional que claramente está alineado a los intereses y posturas de Cristina.

En suma, el mensaje que baja Cristina es bastante simple y tiene dos partes. La primera, Cambiemos debe perder en todos los distritos posibles. Ya habrá tiempo para pensar en este peronismo conservador (y todos los peronismos que quieran habitar el suelo argentino) una vez que Cambiemos sea corrido del gobierno. Porque Neuquén muestra que, quizás, el primer y segundo puesto de la (ya no elección local) elección nacional lo disputen dos fuerzas opositoras en la medida en que la situación económica siga deteriorándose y los escándalos del D’Alessio affaire sigan destapando la cloaca judicial. La segunda parte es la Unidad, que debe fomentarse hasta que nos duela. Porque infinitamente más doloroso será un nuevo gobierno de Cambiemos por cuatro años más.

 

[i] Licenciado en Letras, profesor de Lengua y Litreatura, y peronólogo en los ratos libres.

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