Venezuela de sur a norte

Por Nicolás Fernández

Esta crónica está enmarcada por muchas vicisitudes y emparentada con el marco coyuntural del país caribeño: una guerra económica que lleva varios años, el bloqueo a cuentas internacionales y nacionales, retención de pagos y un embargo sin precedentes a CITGO (la filial de PDVSA en EEUU, que procesa entre otras cosas los insumos necesarios para refinar el crudo) por parte del imperio. A esto se suman las sanciones a funcionarios con argumentos falaces, y las claras trabas impuestas para la reestructuración de la deuda externa, que a su vez echan por tierra el financiamiento internacional.

Estos ataques reiterados no se quedan allí, sinónimo de ello es el asedio desmedido a la moneda nacional, el Bolívar Soberano, mediante su contrabando, extracción fronteriza, acaparamiento, destrucción del papel moneda y freno a la importación de la materia prima necesaria para la impresión. A esto se agrega la presión a la baja de los precios internacionales del petróleo (principal producto y rey del PBI venezolano) por parte de EEUU.

En la misma línea actúa tanto el juego de precios de los abastos mayoristas de manufacturas esenciales en las escasas grandes empresas nacionales y transnacionales que no se han ido para no darle la espalda al modelo económico del socialismo del siglo XXI (modelo con políticas redistributivas, expropiatorias y sustitutivas de algunas relaciones de producción a nivel social), como las ya famosas corridas cambiarias que, a través del dólar paralelo, está haciendo temblar al débil “bolo” soberano a través del capital financiero concentrado pero también del “menudeo”

Estas situaciones fueron trastocando el ingreso de divisas para la importación y la inversión productiva en general, sin contar la cara más dura de dicho bloqueo, la que muy bien conoce el pueblo de Cuba, las sanciones impuestas por los Estados Unidos y sus aliados sobre las empresas que pudiesen querer invertir aquí. El ataque criminal y constante sobre la moneda nacional, que motiva al gobierno a tomar medidas como la devaluación del Bolívar Soberano; es la causa principal de la hiperinflación.

El PETRO, criptomoneda creada como alternativa para apuntalar el Bolívar sustentada por un bien (barril de petróleo), fue diseñado para sortear el embargo comercial norteamericano y escapar de la dependencia del dólar. Sin embargo, hoy está mostrando la tendencia de no ir por fuera del dólar, sino sujeto a éste en las subastas. Sin poder realizarse la conversión a criptoactivo de intercambio internacional.

Para el día a día de las venezolanas y venezolanos, la vedette del malestar social es la hiperinflación; con lo cual el gobierno bolivariano que antes, a través de las misiones sociales, entregó más de 3 millones de viviendas; fundó universidades; puso satélites en órbita y otorgó un poder de consumo elevadísimo a grandes sectores poblacionales antes en el anonimato y olvidados; ahora debe adoptar, en la actual agudización de la lucha de clases y su respectiva correlación de fuerzas en el terreno político, medidas que tienen que ver con estabilizar el tipo de cambio y recuperar el poder adquisitivo.

Una de las medidas fue el encaje legal para bajar el nivel de circulante activo; se evidenció con la fuerte devaluación de fines del año pasado (ajuste nominal de 58%). Se pasó de 150 Bs a 3300 bs por dólar, con las intenciones de equiparar con el paralelo y que éste deje de ser atractivo, y así progresivamente vaya perdiendo su valor. Dichas maniobras dieron como resultado el estancamiento de los salarios y mayor pérdida de capacidad de compra, que en muchos casos se tradujo en la baja de los precios o el mantenimiento de los mismos.

Con un salario mínimo de 18 mil Bs. que se vio estancado, por la necesidad de restricción monetaria, en sucesivas devaluaciones para enfrentar una guerra económica sin precedentes de parte de los países y bloques imperialistas; el pueblo comenzó a mostrar un fenómeno que no es negativo en sí mismo, como el trueque de productos y servicios, que comienza a desdibujar la lógica capitalista y sus relaciones sociales, pero a su vez contrae una incipiente crecida de la dolarización de la economía, objetivo central del ataque especulativo al país.

El proceso comenzó, como indica la lógica, en las regiones de frontera y con la moneda de los vecinos países (pesos colombianos y reales), y luego se manifestó con los dólares en cualquier comercio de Caracas y las grandes ciudades; en los cuales uno puede consumir tranquilamente en moneda extranjera, violando así toda legislación constitucional. Un dato inquietante es que hasta febrero el Banco Central de la República Bolivariana de Venezuela, imprimió Bolívares por 812 millones de dólares, y extraordinariamente hay informes de que el total de remesas (dinero girado al país) ingresadas el año pasado fue de 2 mil millones de dólares.

Tratar los conflictos en Venezuela implica abordar producción petrolera, que por los motivos mencionados y por otro tipos de embates, fue disminuyendo su producción en términos nominales de forma drástica. A fines de 2002, tuvo lugar el lock out patronal-militar que, tras el golpe de estado a Hugo Chávez, hizo cesar la producción desde dentro de una PDVSA ya en manos del gobierno y de la sociedad civil. En ese entonces la producción, que se contaba arriba de los 3 millones de barriles al mes, cae a menos de 1 millón, pero en 3 meses se vuelve a estabilizar a raíz de los propios trabajadores de la petrolera estatal. Sin embargo, con el correr del decenio y el transcurrir de la guerra económica vuelve a decrecer. A esto se suma la caída de los precios internacionales, que en esa época rondaban los 100/120 dólares, y han sido manejados a la baja por la producción norteamericana (sabemos es récord en extracción por fracking).

Las grandes dificultades que atraviesa el/la ciudadana/o “de a pie”, (a pesar de la inconmensurabilidad de automóviles en la calle); son matizadas por la política estatal en cuanto a tarifas de servicios esenciales que son, al igual que el combustible, prácticamente gratis; o en el caso del transporte (el subterráneo es gratuito), electricidad, agua, gas y telecomunicaciones, se pagan escasos bolívares o céntimos de Bolívar.

Otra de las soluciones presentadas por el gobierno radica en la ley de tierras, que permite a cualquier persona hacer uso de la tierra ociosa y/o fiscal, con el fin de producirla, liquidando lentamente el latifundio; o morarla para satisfacer la necesidad habitacional; o quizás establecer empréstitos cooperativos de producción variopinta, autosustentables y autogestivos.

Esta revolución, como decía Chávez, “social, pacífica y democrática”, se encuentra en un momento de transición. La creciente conflictividad es fenomenología de los avances políticos de la gran mayoría del pueblo, que se apresta a consolidar lo conquistado, pero con vocación y praxis de mayor organización del poder popular. Como hemos podido observar en numerosas comunas, divididas en consejos comunales autónomos y autogestivos, que le disputan cada vez más espacios de decisión al aparato de Estado (con sus aún vetustas aristas).

La democracia participativa y protagónica va liquidando lentamente a su contraparte representativa. Concepto fundamental para la motorización de la transición en el plano económico, que comenzó a mediados y fines de la década anterior, proceso que autogestiona proyectos de producción, distribución de bienes y servicios esenciales. Además, la milicia bolivariana tiene un rol determinante dentro de la unión cívico militar y la FANB, principal defensa de este proceso revolucionario latinoamericano.

Si bien se avizora un horizonte plagado de obstáculos, que tienen que ver con la resistencia por parte de los grupos cívico-militares de la oposición de derecha (en congruencia con el bloque imperialista Internacional) al cambio de paradigma, y la progresiva eliminación de las lógicas injustas de desigualdad y concentración de la riqueza que propone el statu quo capitalista. Pero este pueblo de risueño semblante, que no muestra ni tan sólo unx de sus hijxs en llanto ante la adversidad, parece tener una sabia y ancestral herramienta, la de “buscarle la vuelta” a lo que sea. Mezcla de criollo con indígena, de mar y montaña, de nación y patria latinoamericana; Venezuela resiste en independencia y exige poder resolver sus problemas a través de su propio arbitrio.

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