Roberto Lavagna: ¿posible candidato o intento de salvador?

Por Patricio Ese[i]

Corría el 2 de enero del 2002 cuando la Asamblea Legislativa ungía como Presidente de la Nación a Eduardo Duhalde, cerrando un periplo de gobiernos fallidos desde la renuncia de Fernando De la Rúa ocurrida días antes. El cabezón de Banfield había sido previamente intendente de Lomas de Zamora, vicepresidente de Carlos Menem y gobernador de Buenos Aires. En medio de una crisis casi terminal del país, Duhalde prometía ser un gobierno de unidad nacional que tendría como objetivos dinamizar la economía fundida por la sucesión de años recesivos y atenuar la conflictividad social que, según sus palabras, amenazaba a convertirse en guerra civil.

Mientras la candidatura de Macri parece deshilachada y hasta sectores del oficialismo coquetean con alternativas como María Eugenia Vidal, se viene asomando desde enero el nombre de Roberto Lavagna como aquel que puede, desde un peronismo alternativo a Cristina, llevar las riendas de un gobierno que, necesariamente por los condicionantes que heredará de cuatro años de macrismo, será de transición. Un Duhalde modelo 2002 pero por medio de los votos, porque cabe aclarar que, para ser elegido por una Asamblea Legislativa se debe ser senador, diputado o gobernador siempre y cuando, a su vez, hayan renunciado todos los anteriores puestos que por línea sucesoria le corresponderían asumir la presidencia.

Lavagna intenta expresar un arco variopinto y muy camaleónico. Mencionado como el más peronista de los radicales o el más radical de los peronistas, el pálido hombre de cara lánguida y 77 años arrancó su carrera política como funcionario del gobierno de Raúl Alfonsín durante 1985 y 1987. Treinta años después, en 2019, se intenta posicionar como un perfecto opositor, muy por encima de la rosca cotidiana en la que están sumergidos los actores de la política nacional.

Como economista y consultor, tiene aceitados vínculos con grandes empresas y conglomerados industriales. Se ha esmerado por tener sintonía con los más poderosos medios de comunicación (su hijo, Marco Lavagna fue el autor y propulsor de la ley que desregula la venta y la producción de Papel Prensa). Ha recibido a los representantes del FMI, virtuales censores de la política económica desde que el presidente solicitó el préstamo stand by, para dialogar sobre la marcha de los indicadores del país y del futuro post elección nacional.

A su vez, no tuvo empacho en sentarse con outsiders de la política como Marcelo Tinelli o en mostrarse con figuras del peronismo alternativo como Miguel Ángel Pichetto, (el célebre senador nacional y fallido candidato a gobernador de Río Negro en partes iguales) o gobernadores como Sergio Uñac. También sindicalistas como Luis Barrionuevo o radicales como Ricardo Alfonsín hablan de Lavagna para una fórmula que fusione peronistas, radicales desencantados, socialistas, sectores progresistas de Martín Lousteau o el GEN de Margarita Stolbizer, y todo aquello que no quiere perecer dentro del abismo existente entre Macri y CFK.

Pese a ello, Lavagna parece ir más allá y no tiene problema en desmarcarse de todos los demás. Basta recordar el desaire que hace unos días le propició a Sergio Massa al expresar que son dos proyectos distintos: “Uno (el de Massa y podríamos agregar a todo el peronismo no kirchnerista) es un proyecto de una interna dentro de un sector del justicialismo. Y el otro (el suyo) es el que busca formar consensos para gobernar”. En esa misma declaración, el ex-ministro agregó que no está buscando un gobierno de un partido, sino un gobierno de partidos y de la sociedad civil.

Después de darse el lujo de rechazar someterse a internas con un tupé llamativo, incluso a pesar del propio Duhalde que le ha recomendado dirimir su candidatura en una PASO, ahora parece ir más allá. Antes que candidato político, Lavagna se quiere vender como un virtual salvador de la Patria. Este traje, modelo Duhalde 2002, parece quedarle mejor a quien fue ministro del Palacio de Hacienda desde abril de 2002 a noviembre de 2005. Porque así puede recalcar sus conocimientos en la materia para encauzar los descalabros financieros del gobierno de Cambiemos: “si pude renegociar la deuda externa y el default hace casi 20 años, también podré ahora”. Como candidato, en cambio, deja mucho que desear. Lavagna ya se presentó a elecciones en 2007 cuando salió tercero sacando el 16,89% de los votos. Su compañero de fórmula habla por sí solo: el hoy gobernador radical (y muy alineado a la Casa Rosada) Gerardo Morales quien es cuestionado internacionalmente por las severas irregularidades cometidas en la detención de Milagro Sala, dirigente social y parlamentaria del Parlasur, y de sus compañeras.

Quizás Lavagna y el establishment que lo mira cada vez más con cariño tengan información que nosotros desconocemos. ¿La situación económica será tan delicada que los argentinos nos equivocamos si pensamos que todo se resume en elegir entre diversos candidatos, primero en las PASO y luego en las generales de octubre? ¿Puede ser el mes de octubre mucho peor a este marzo que nos deja un primer trimestre caracterizado por el aumento de la pobreza, el desplome del consumo, la profundización de la recesión, el dólar acariciando los $45 y la inflación agujereándonos los bolsillos cada vez más flacos por los tarifazos que nunca parecen terminar? ¿Qué país tendremos en octubre? ¿De qué nos querrá salvar este salvador al que nadie le pidió un salvavidas? Solo el tiempo (y el directorio del FMI, los acreedores extranjeros, los tenedores de LELIQ, el célebre círculo rojo y los grandes exportadores de granos y oleaginosas), nos dará las respuestas.

[i] Licenciado en Letras (UBA) y peronólogo en los ratos libres.

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