La dueña del reloj

Por Alejo Spinosa

Está claro que la oposición llegó al año electoral sin tener armado ese rompecabezas que es la famosa unidad, pero intentando juntar la mayor cantidad de piezas posibles para arribar a octubre (primero a agosto) con una alternativa solida al modelo de Macri, que cada día se hunde más. Desde el lado del kirchnerismo más puro, se inició hace unos meses un dialogo necesario con dirigentes de otros espacios, exiliados del Gobierno de Cristina, quien entendió la necesidad de sumar la mayor cantidad de voluntades posible, no solo para tener mas peso electoral, sino también con el objetivo de generar un consenso que permita gobernar un país en crisis.

El próximo Gobierno deberá enfrentar un panorama terrible, el 2020 será el año en donde se empiecen a pagar los vencimientos de la monstruosa deuda que tomó Macri y la plata no está, declarar el default no es opción y absolutamente todos los economistas señalan que va a ser necesario sentarse con el FMI y renegociar. Ganar en octubre (o noviembre), implica hacerse cargo de una de las peores herencias de la democracia. En el escenario macroeconómico, la situación es limite, y en lo social, trágica. En resumen, hay que renegociar la deuda y evitar que exploten los barrios.

Gobernar en el caos

Cabe  preguntarse: ¿Podrá Cristina enfrentar esta delicada situación en un contexto de polarización extrema? Si la definición se da entre ella y Macri, ganará el que los votantes consideren el menos malo, porque ambos cosechan un nivel de rechazo alto y los votos que obtendrá el próximo presidente serán escasos. La candidatura de la senadora y la del presidente se retroalimentan, ya que ambos espacios se sienten cómodos en “la grieta” y es donde mejor pueden exponer sus respectivos discursos. De un lado, el desastre económico, y del otro la batalla por la corrupción, “no volvamos al pasado”, repetirán los candidatos cambiemitas. Este enfrentamiento será feroz, y los grandes medios de comunicación le impondrán a la elección un contenido violento. ¿Cómo se gobierna en este contexto?

La vuelta de Cristina no sería un cambio, algo nuevo. Significaría si, un cambio en relación con el modelo económico actual pero no una novedad para el grueso de la sociedad. No hay manera de que otro periodo de la CFK implique un gobierno similar a alguno de los dos anteriores, con grandes transformaciones económicas y políticas, no hay lugar para ello, apenas se deberá gestionar para evitar el estallido. Resulta ingenuo creer que el próximo Gobierno, de no ser el actual, pueda llevar adelante medidas voluptuosas que hagan recordar a los llamados “mejores 12 años”.

Otro factor que es necesario tener en cuenta en caso de imaginar un hipotético Gobierno de Cristina, es la situación regional, la cual siempre tuvo muy preocupada (y ocupada) a la expresidenta. Casi no quedan gobiernos similares a aquellos que supieron constituir la ya extinta UNASUR, o enfrentar al ALCA. Con Venezuela sumida en una profunda crisis, y la continuidad de Evo Morales en Bolivia en duda, no será fácil articular económicamente en un contexto mundial notoriamente recesivo, que no favorece tampoco a la Argentina, como si lo hizo sobre todo en el primer gobierno de CFK.

¿Ella le gana?

Hace varias semanas ya que vienen circulando afiches con la leyenda “Ella le gana”, impulsados por el Frente Patria Grande que integra, entre otros, a Juan Grabois y Elizabeth Gómez Alcorta. La instalación de la candidatura de Cristina no solo proviene de algunos medios que promueven la polarización, a la vez que se escandalizan de ella, sino que también es impulsada por sectores opositores que creen que “es la única alternativa”.

Si nos guiamos por los votos, está claro que CFK es la dirigente opositora que mayor caudal de adhesiones cosecha, pero en un ballotage no deja de ser quien más votos expulsa. Del otro lado Macri llegará (?) con lo justo, sin mucho para ofrecer y dirigiendo su discurso hacia la batalla “por la ética”. Y ahí será clave la candidatura de Cristina, porque en esa “ética” entra la famosa “lucha por la corrupción”. ¿Cómo se le escapa a ese discurso cuando la senadora tendrá que asistir varias veces a Comodoro Py de aquí a octubre? La respuesta ya conocida de la “corrupción estructural” no funciona, y el desentramado de espionaje ilegal descubierto por el Juez Ramos Padilla no llega a los desinteresados, los volátiles, aquellos que definen la elección. El rechazo a su figura sigue siendo fuerte y eso no se puede soslayar en un escenario de segunda vuelta

Los resultados de las últimas elecciones muestran que el voto no se define solamente por la cuestión económica, sino que los sentimientos, las creencias y la perspectiva de mejora de futuro influyen mucho en el cuarto oscuro. ¿Podrá CFK ofrecer ese futuro mejor, sustentándose en el pasado?

Entonces, ¿ella le gana? Puede ser, no sería algo descabellado, pero dependerá mucho del factor suerte y no será un triunfo descollante. Las encuestas que circulan, tomándolas con pinzas, más o menos coinciden en una clara paridad entre Mauricio y Cristina.

La ancha avenida del medio. ¿Y Sergio?

Mientras el escenario aparece cada vez más polarizado, y con menos chances para una tercera fuerza, Alternativa Federal insiste con una elección de tres tercios. La irrupción de Roberto Lavagna en el proceso electoral es lo que hace que este espacio tenga entidad a la hora de evaluar las opciones disponibles, ya que Sergio Massa parece haberse caído en la grieta y porque Urtubuey ni siquiera pudo garantizar un triunfo en Salta en el 2017.

Lavanga aparece hoy como “el candidato del consenso”, con fuertes contactos con grandes grupos de poder y con amplias chances de captar el voto del arrepentido de Macri, además de tener en sus espaldas el haber estado gestionando en un contexto de crisis parecido al actual. Ahora bien, parecería seguro que el ex ministro de economía ganaría un ballotage contra el presidente, pero su ingreso a esta segunda vuelta hoy parece lejano enfrentado a Cambiemos y a CFK. El nombre de Lavagna circula mucho en la discusión electoral pero no aparece un fuerte entusiasmo con su candidatura, hasta hoy es solo quien mejor parado está dentro de la ancha avenida del medio.

El otro candidato de este espacio es Sergio Massa, conocido ya por el electorado y bastante devaluado por su indefinición constante. Ahora bien, nobleza obliga, Massa fue el único “exiliado del kirchnerismo” que construyó su propio espacio, se presentó en sucesivas elecciones y hasta el 2015 tenia un caudal competitivo de votos. Hoy, el tigrense no parece sumar más que un 10/12% que solo molesta y obstruye un armado más amplio en la oposición. Y, bajo la premisa de “hacer todo lo posible para ganar”, en el kirchnerismo quieren sumar a Massa, considerando necesario atraer esos votos para llegar más sólidos a la Rosada. ¿A dónde iría? No está claro, pero la rosca comenzó

¿Y si no juega?

Hasta aquí hemos evaluado algunos escenarios posibles si Cristina sale a la cancha. Pero como nada es seguro y todo puede pasar, hay que analizar la no candidatura de la exmandataria. El potente caudal de votos de su figura se repartiría entre quienes ya han manifestado su intención de competir, y ahí toma fuerza la idea Massa dentro del PJ, frente a Scioli, Solá o Agustín Rossi. Hay algo que parece estar claro si este escenario se concreta, los votos no se transfieren. Seria muy raro que Cristina salga a apoyar fuertemente a un candidato (no lo hizo casi nunca), y ni eso sería garantía de que el 30% que ella tiene se lo lleve otro.

Al Gobierno le complicaría los planes una ausencia de CFK en la boleta por no poder instalar de lleno la grieta en una campaña ya agrietada, aunque frente al desastre económico el discurso de negar el pasado, y contraponerlo con el presente, donde gobierna Cambiemos, se mantendrá. Si no son los 12 años del kirchnerismo, son los 70 años de peronismo. “Todo se hizo mal, la vieja política, acá estamos nosotros, venimos a sanear el país, pero necesitamos tiempo”.

Las cartas parecieran estar echadas, no han aparecido nuevas figuras con presencia y la candidatura de Cristina aparenta ser cuestión de tiempo, y con eso juega la senadora, que pase el tiempo, no hay apuro, hay que estirar la elección mientras Cambiemos hace agua en las provincias del interior (aunque no haya grandes triunfos opositores para mostrar). Analiza, piensa, evalúa escenarios, se reúne con todos y todas. La incógnita electoral pasa por ella, tiene la pelota debajo de la suela, la mantiene, espera que pasen los minutos, las horas. Ella, es la dueña del reloj.

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