Ciudad influencer: ¿Cómo vivir en una sociedad sin fundamentos?

Por Facundo Ariel Pajon[1]

Vivimos en una sociedad difícil de comprender, por lo que recaer en los clásicos quizás no sea la mejor solución. La idea de remitirnos a un fundamento último, aquel argumento nodal que nos permita, mediante hipótesis, vislumbrar las razones de la sociedad posmoderna dentro del mundo occidental, debe ser cuestionada.

Todo lo aprehendido desde las ciencias sociales -incluso académicamente- ha sido modificado tangiblemente desde la introducción las Redes Sociales (Social Media) en la vida cotidiana de las personas. Con la aparición de los smartphones, cada individuo es estudiado mediante la Big Data[2] según sus “búsquedas” en las aplicaciones que utiliza a diario. Tanto Instagram, Facebook, Twitter y Whatsapp; así como Google, Apple y Android, conocen desde los gustos alimenticios hasta las opiniones y participación política de cada uno de sus usuarios: ¿O acaso a ninguno de ustedes le apareció un anuncio de un sitio de web de ventas de un artículo y/o producto que había buscado con anterioridad?

La especificidad con la que la tecnología define a los individuos y les ofrece productos “perfectos” para sus gustos y preferencias, ha transformado el consumo de la ciudadanía. De esta manera, el Big Data ha mutado el mercado y -por consecuencia- el capitalismo. Esta mutación, ¿afecta a la política?

Sin dudas que la política -entendida como la forma que adoptan los seres humanos para darse organización en sociedad- no puede considerarse ajena al sistema económico en el cual se desenvuelve.  Por el contrario, todo sistema económico tiene una forma de Estado (y viceversa).

En ese sentido, podemos recordar que el sistema económico esclavista, era sostenido por un Estado Feudal y un régimen monárquico hereditario; que el sistema capitalista incipiente, tuvo lugar mediante un Estado Moderno con régimen oligárquico y fuerte representación de las élites burguesas; que el Estado de posguerra, necesitó un modelo capitalista benevolente y una apertura a la participación democrática de las masas para poder subsistir a las tragedias ocurridas; y que el modelo capitalista neoliberal, requirió un Estado descentralizado que garantizara el libre mercado y el desarrollo de los negocios financieros.

Ante los cambios del modelo capitalista actual: ¿Existe un nuevo modelo de Estado que garantice su supervivencia en la sociedad en la que vivimos? ¿Cuál sería su régimen político? ¿O acaso las problemáticas económicas y sociales actuales derivan de una falta de adaptación de las instituciones a las mutaciones de mercado?

El Estado Snapchat[3]

Si nos remitimos a clásicos, podemos decir que el Estado moderno -o su derivado actual, el Estado posmoderno– es aquel que se reserva para sí tres características fundamentales: una burocracia profesionalizada; un territorio delimitado y el uso legítimo de la violencia. Asimismo, el Estado debe ostentar con una legalidad de acción, es decir instituciones que lo legitimen como actor normativo dentro de un territorio y sociedad determinada. De este modo el Estado actúa, mediante instituciones que todos reconocen y aceptan sin mayores cuestionamientos. El Congreso, la Justicia, la Casa de Gobierno, son organismos que accionan sobre el comportamiento popular, con mayor o menor aprobación en sus decisiones, pero no en su legitimidad.

No obstante, ¿qué sucede cuando las responsabilidades se vuelven difusas? No es necesario ser un licenciado en Ciencia Política para reconocer la responsabilidad de los poderes federales de una República como Argentina; es decir: el presidente, gobierna; el Congreso, dicta las leyes; el Poder Judicial, imparte justicia acorde a las normas establecidas por la Constitución Nacional, en los códigos y las leyes sancionadas que la regulan. Sin embargo, en la sociedad influencer las responsabilidades no parecen ser tan claras.

Hay que hacer a un lado las palabras que transmiten ideas, para aludir a las imágenes que transmiten sentimientos“, aseguraba el politólogo Jaime Durán Barba en una entrevista otorgada al Diario La Nación el 28 de julio del 2011, cuasi anticipando la estrategia política de Cambiemos en el año 2015 y durante toda su gestión hasta 2019. Pareciera ser que socialmente ya no importaran las normas escritas, ni las responsabilidades otorgadas mediante las diferentes constituciones (tanto la nacional como las provinciales), no es ya el argumento fehaciente de las autoridades correspondientes, la herramienta mediante la cual se construyen los consensos que dan vida al complejo entramado social del país.

De este modo, la accountability también ha mutado. La manera de rendir cuenta por parte de los gobernantes, se vuelve difusa al no estar claras las responsabilidades de los mismos. La ciencia política acepta abiertamente que existen diversas instancias de accountability en las sociedades occidentales, otorgándole el galardón mayor a las elecciones periódicas, transparentes y libres.  Es decir, la potestad de elegir a nuestras autoridades cada determinada cantidad de años es la mejor manera de decirle a un gobernante: “estuviste bien” o “estuviste mal”. Sin embargo, ¿qué sucede cuando la “rendición de cuentas” pierde su sentido debido a la difusión de las responsabilidades institucionales?

El gobierno de María Eugenia Vidal podría ser un claro ejemplo de lo dicho en los párrafos anteriores. Durante su gestión, no se han inaugurado escuelas, ni hospitales. Las obras comenzadas -como la Autopista Presidente Perón- no han finalizado; ni tampoco se ha reducido la pobreza estructural con la que la provincia convive desde hace décadas. De hecho, un informe realizado por el sitio chequeado.com en el mes de octubre del año 2018, asegura que: “la cantidad de pobres en el Gran Buenos Aires -medida por el INDEC- alcanza a 4.172.000 personas, lo que representa un 55% de los casi 7.581.000 pobres que hay en los 31 aglomerados urbanos del país”. A pesar de ello, la gobernadora de la provincia es la política actual del oficialismo con mayor imagen positiva, con el 47% de imagen positiva según lo afirmaba la encuestadora poliarquía en febrero de 2019. Casi 20 puntos porcentuales, por encima del mismísimo presidente, Mauricio Macri.

La ausencia de transferencia de responsabilidades institucionales, no puede argumentarse a un sólo factor. Sin embargo, el nuevo modo de consumo, la sobre información y el aumento de los gustos propios, han modificado el comportamiento de los actores y por ende, de la política. La difusión y liquidez de la modernidad no ha afectado únicamente el modo de consumir, también ha modificado el modo de transferir responsabilidades políticas e identificar a los sujetos dentro de las sociedades modernas que conformamos.

 

[1] Licenciado en Ciencia Política (UNLaM). @facupajon1

[2] Se recomienda la re-lectura del artículo realizado por Leonardo Baranda en septiembre de 2017 para la presente revista: “Big data: ¿el camino a una sociedad predecible?” https://primerageneracion.net/2017/09/25/big-data-el-camino-a-una-sociedad-predecible/

[3] Se recomienda la lectura del artículo realizado por Cristian Secul Giusti para la presente revista, el 13 de marzo del corriente año: “¿Qué hacer con la memoria Snapchat?” https://primerageneracion.net/2019/03/13/que-hacer-con-la-memoria-snapchat/

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