Renacsi: La última razón de Occidente

Por Cristian Taborda

La revolución francesa es un hito para el país Franco y por su magnitud e implicancia de una trascendencia mundial. La idea de “Liberté, egalite, fraternité” que propulsó la revolución se extendió a lo largo y ancho del mundo junto a la declaración de los derechos del hombre. La revolución francesa es tomada como el inicio de la modernidad el hecho político que catapulta a la burguesía como clase dominante así como la revolución industrial inglesa es tomada como el hecho económico que da inicio a la edad moderna. Esta combinación da inicio al capitalismo moderno con la formación de los Estado Nación, una política liberal basada en los principios declarados y un sistema económico basado en el libre intercambio y la competencia.

Junto al comienzo de la modernidad comienza el declive de la cultura occidental. El Renacimiento que supo dar esplendor a Occidente como continuador de la tradición e ideales griegos y romanos, que con su movimiento puso en marcha Europa hacia la cima con su arte, con su poética, con su pensamiento filosófico, con el desarrollo de la ciencia, su fé relligiosa, su música y estética, empieza a perder fuerza con la llegada del iluminismo, el agnosticismo kantiano y el escepticismo de Hume. La racionalización y el progreso de la ilustración suplieron el humanismo y la belleza del Renacimiento, la técnica se superpone a la naturaleza, la tecnología al humano y el mercado al Estado.

La primera etapa de la globalización de Occidente llevada a cabo por Europa a través de la colonización de América imponiendo su renacentismo floreciente y la religión católica oficial da cuenta de una idea de expansión cultural necesaria para el despliegue de su espíritu y valores morales que pretendían universalizar como una civilización realizada y vital. En la segunda etapa marcada por la revolución francesa y la mundialización de los valores liberales comienza a mermar el arraigo a la tradición Greco romana, se produce una emancipación de la cultura moderna de la pre revolucionaria tomando como baluarte la vanguardia iluminista y el ideal progresista, un ideal que como maravillosamente describe Walter Benjamín con la representación del angelus novus de klee, era como el Ángel de la historia que volteaba el rostro hacia el pasado y veía una cadena de catástrofes que se amontonaban ruina tras ruina:

Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda en sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad”.
La visión de ir hacia un futuro mejor en el que la técnica y la ciencia mediante la razón darán lugar a un mundo nuevo de libertad era el motor que impulsaba la modernidad, el arraigo era en los valores de la revolución francesa y la revolución industrial, la ruptura con la Iglesia y el surgimiento de los derechos del hombre, de un mundo cosmopolita regido por el imperativo kantiano del deber ser, el desprendimiento de la estacionalidad de la tierra feudal al movimiento en los mares del comercio.

La mercantilización va tomando los Estados y los procesos de acumulación embrionan al capitalismo, capitalismo que llevará a cabo la tercer etapa de globalización. Esta tercer etapa de globalización llevada a cabo ya por el mundo anglosajón en su primera instancia Inglaterra y luego Estados Unidos da el golpe de gracia a la cultura greco-romana, germánica, Latina e hispana, acaba con la expansión del ideal occidental tradicional. La ética protestante es uno de los factores que va tener cierta dinámica para el surgimiento de la moral capitalista aunque no es necesariamente causal como sugiere Max Weber pero si de una influencia sobre el comportamiento debido a las diferencias con el catolicismo, se va diferenciar totalmente de la primera etapa de globalización y va ir germinando el espíritu capitalista en la segunda etapa para llegar así a la tercera etapa, en la instancia de la expansión norteamericana, para eliminar la trascendencia – “Dios ha muerto” – e imponer la inmanencia de la voluntad individual -”yo”-. La nueva teología es económica y su Dios es el dinero, “In god we trust” (confiamos en Dios) reza la moneda americana. Lo unico trascendente parece ser el dólar

Esta tercera etapa de globalización caracterizada por la expansión del libre mercado, la libre competencia, libre circulación de bienes, desarrollo de la industria y expansión del consumo necesitaba de individuos libres y aislados de cualquier atadura comunitaria y espiritual para disponer del trabajo en la fábrica. Con el origen del protestantismo la relación con Dios ya no dependía de la Iglesia y su comunidad, pública, la relación espiritual pasa a ser privada e individual. El Estado ocupa un rol de gendarme y la sociedad civil debe desenvolverse sin regulación alguna si por contratos entre privados puede establecer sus relaciones. La consecuencia del aislamiento comunitario fue la asociación sindical en la fábrica; algo que el neoliberalismo se encargó de resolver. Del antropocentrismo humanista del Renacimiento se pasa al antropocentrismo capitalista, prevalece el capital a lo humano y lo individual a lo comunitario.

La última etapa de globalización absoluta, en manos de EEUU, es la liberalización total del mundo, el desarraigo completo a la tradición,  el surgimiento de una cultura capitalista poshumanista. Durante la presencia del comunismo como amenaza real a sus intereses, el intento globalizador tuvo que ceder e integrar la cultura tradicional desde el Estado de bienestar, los sindicatos al rol social de la iglesia y los nacionalismos. Capitalismo integral (Sloterdijk). Una vez derribado el muro de Berlín e implosionada la Unión Soviética, la totalización liberal se extendió en todo el mundo vía el consenso de Washington, la teoría monetarista impulsada por Thatcher y Reagan se hizo mundial, desregulación global.

El crecimiento exponencial del consumo, la distribución masiva de la información, la innovación tecnológica y la aceleración desenfrenada de las tasas de ganancia de capital especulativo creó una sociedad nueva y por consiguiente una nueva cultura, cultura del consumo y el deseo. La idea de racionalización es destituida por especulación, el progreso por el presente inmediato y la realización espiritual por la satisfacción del deseo. Se estableció una sociedad global interconectada, sin límites ni barreras, de libre circulación de bienes, capital y personas donde quien se oponga o sea un obstáculo es eliminado como bien describió Karl Popper, en defensa de este modelo social, es una sociedad abierta donde quien se opone es el enemigo.

Esta cultura posoccidental global lejos está del ideario que movilizó al renacimiento de la realización humana en comunidad a través de las artes, las ciencias, la religión, entre otros. Los conceptos de lo bueno, lo bello y lo justo que enuncia Platón parecen una herejía ante la posverdad, el deseo y el consumo. El zoon politikon de Aristóteles es visto como un animal gregario al Homo deus de Harari, donde la tecnología llega al paroxismo de poder convertir al hombre en un ser biotecnico.

Lo último que sujeta al ser humano, su humanidad, es lo que pretende liberar el capitalismo poshumanista. Delimitar qué es lo humano y cuál es su cultura que permitió brindarle obras magníficas a la humanidad, junto a la realización de la comunidad con una ética entendida como la filosofía de las costumbres, que hacen a la tradición con valores basados en el bien, la belleza y la justicia social. Ante esto, un liberalismo que hace del individualismo y el progresismo una herramienta para la profundización del capitalismo sin límites, que destruye lo humano, su identidad y su cultura. Cultura no sólo como tradición sino también como medio ambiente, como casa común, reconstruir esa casa común quizá sea un punto para el renacer (Renasci) de occidente.

La decadencia en la que se encuentra Occidente, producto de la desmovilización, pérdida de identidad, soberanía, y de un sentir popular, de un pueblo con sentido patrio, es lo que permite una hegemonización del orden liberal absoluto que hace de esa decadencia una humillación material y simbólica, la falta de representación a los intereses populares se ve en las distintas manifestaciones e incidentes en las calles contra el FMI en América Latina y la Unión Europea en Europa. Se objetiviza la humillación material ante el crecimiento de la desigualdad y el endeudamiento, la humillación simbólica ante los distintos ataques y atentados a la cultura popular y tradicional occidental teledirigida desde los medios de comunicación.

El renacer de la cultura occidental puede abrir el juego a un mundo multipolar que desentrame la dualidad EEUU/Chino-Rusia. Convertir los estigmas que hoy lleva en hitos para el pueblo y consecuentemente las naciones puede ser la gran empresa que desestabilice el orden liberal global.

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