Endgame

Por Emiliano Delucchi[1]

Según el diario oficialista Clarín, cuatro intentos de compra de moneda extranjera dispararon la cotización de la divisa estadounidense un 4% a pocos minutos de la apertura, lo que acentuó las inquietudes que el mercado ya había insinuado durante las últimas semanas.

Luego de alcanzar el récord histórico de $47,5, el dólar descendió para cerrar por encima de los $46, poniendo en jaque el reciente acuerdo de precios que el gobierno cerró con parte del empresariado nacional. La fuerte subida también genera serias dudas sobre el objetivo que puso el BCRA en cuanto a mantener la línea superior de la banda cambiaria en $51,5 de acá a fin de año, sobre todo porque en el caso de que la moneda estadounidense supere esa cotización, no hay garantías de que el poder de fuego del central sea suficiente para contenerla.

En medio del clima de tensión, el presidente decidió suspender por unas horas una entrevista que tenía programada con radiofónica de Santa Fe. Finalmente, cuando salió al aire, aseguró que “los mercados hoy dudaron de la argentina” y sostuvo que “hay que seguir remándola para pasar esta incertidumbre electoral”. Las declaraciones van en línea con las últimas intervenciones del presidente, en las que se mostró como un mero comentador de la situación nacional y no como su máximo responsable.

En el día de ayer, voceros del oficialismo ensayaron diversas respuestas ante la nueva crisis de confianza, y el propio Mauricio Macri aseguró que las presiones cambiarias se debían a que los mercados tenían miedo de que los argentinos quisieran “volver hacia atrás”, e incluso algunos medios alineados con el oficialismo sugirieron que el riesgo país subía debido a la salida al mercado de un libro de la ex presidenta Cristina Fernández.

Así como hace un año desde el gobierno responsabilizaron a la crisis turca o a la “tormenta internacional” por el comienzo de la crisis económica y financiera que hoy termina de estallar, hoy el oficialismo continúa negado a reconocer la verdadera causa del problema, que es la inviabilidad de una economía en donde ningún sector genera rentabilidad.

Trabajadores y PyMEs primero

Si bien en los primeros dos años los más afectados por el gobierno de Cambiemos fueron los trabajadores y los empresarios PYME, actualmente la crisis es transversal a todos los sectores. La baja de las retenciones y el “levantamiento del cepo cambiario” fueron el inicio de lo que con los años se transformó en una gran bola de nieve, que actualmente se manifiesta en un estado hiper endeudado y con dificultades de recaudación, en un país con buena parte de su industria arrasada e índices de desempleo por las nubes, en aumento y sin proyección de mejoría.

Las empresas más grandes, como Arcor o Molinos, que tuvieron espaldas suficientes para sostener sus niveles de negocios, se ven ahora jaqueadas por deudas contraídas en dólares y sobre todo por la incapacidad de financiarse ya no internacional, sino localmente, debido a unas tasas de interés que hoy cerró por encima del 70%, lo que hace inviable todo tipo de emprendimiento productivo.

Ante este panorama, la continuidad del modelo económico de cambiemos amenaza no solo la estabilidad social, sino el sostenimiento de la base material del país. En este sentido, el macrismo ha combatido al capital más que cualquier otro gobierno en la historia, salvo quizás el de Fernando De la Rúa. De esta manera, los valores de las empresas argentinas se desploman junto con la capacidad de compra de los salarios, lo que da por tierra la teoría de que Macri vino a gobernar para los empresarios.

De cara a las elecciones, la salida a la crisis no estará en la continuidad de un modelo que, luego de haberse vendido como amigable para el empresariado y los mercados, ha sido implementado de manera torpe y contraproducente incluso para los estándares de las economías capitalistas de tinte neoliberal, como lo son Chile, Perú y Colombia. En ese sentido la irracionalidad con la que procede el gobierno, ha llevado a que la performance económica de nuestro país sea la que más se parece a la de la denostada Venezuela.

El partido o frente que tome las riendas del país en 2019 deberá dejar de mirar hacia las tormentas externas, los libros publicados por ex presidentes y las encuestas electorales, y tendrá que centrarse el volver a construir una economía de mercado racional, con una tasa de interés viable y relativa estabilidad en el tipo de cambio, que permita la recomposición ya no de las pequeñas empresas, sino también de los grandes conglomerados industriales y alimenticias.

La tarea será titánica, sobre todo porque el único éxito de Cambiemos ha sido el de dejar seriamente condicionado al próximo gobierno, que deberá afrontar pagos de deuda por más de 40 mil millones de dólares, de los que el país no dispone. Considerando esto, los líderes de la oposición tendrán que evaluar si un solo partido tiene la capacidad y la legitimidad de hacerse cargo de esta situación o si en cambio será necesario un gobierno de unidad nacional, donde las aspiraciones personales se vean postergadas en pos de evitar el colapso que aguarda en 2020.

[1] Lic. en Comunicación Social (UNLaM)

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