“Un misil en mi placard”: rock y postdictadura

“A la hora de componer trato de recuperar esas situaciones, un poco al estilo de los actores en teatro, que forzadamente tratan de volver a recuperar el acontecimiento que les sirvió de detonador.” 

Gustavo Cerati

Por Cristian Secul Giusti[1]

Soda Stereo es un grupo legendario del rock argentino y una de las bandas más importantes de Hispanoamérica. Su líder, Gustavo Cerati, es recordado como un símbolo de la cultura rock en español y uno de los artistas más importantes de la escena cultural argentina. Indudablemente, la música del trío -también compuesto por Zeta Bosio y Charly Alberti- está profundamente vinculada con una estética pop, hitera, radial y, asimismo, presenta una propuesta lírica que abre ideas e interpretaciones diversas.

En particular, la canción “Un misil en mi placard”, editada en el disco debut del grupo, titulado Soda Stereo y publicado en 1984, muestra una letra ambigua que se aparta de las lecturas monolíticas y pinta de cuerpo entero la figura estilística de la banda: discursos fragmentarios, muy visuales y con referencias a situaciones de la cotidianeidad. El tema en cuestión plantea dos interpretaciones posibles que, a simple vista, parecen estar contrapuestas. Por un lado, se ponen en juego las consecuencias psicológicas de la postdictadura en un clima democrático, y por otro se apunta a una idea de placer y juego sexual.

Sobre este último punto, hacia mediados de la década del 90, Cerati señaló que la creación de “Un misil en mi placard” implicó una idea metafórica, vinculada con la etapa posterior a la derrota en la Guerra de Malvinas (1982): “Todo eso se me mezcló en la cabeza con un dibujo de la (Revista) Playboy donde había un tipo que le descubría a su mujer un vibrador en el placard, que tenía la forma de un misil, estaba dibujado de una forma guerrera”.

Si tomamos la primera interpretación, referida a la situación vinculada a lo ocurrido en Malvinas y la reciente asunción de Raúl Alfonsín como presidente, se puede ver una convivencia tensa entre el propio quehacer democrático -a un año del ocaso militar- y la proliferación potente de los discursos propios del régimen dictatorial.

En esa línea, la canción evidencia un factor psicológico, relacionado con las sombras de la desaparición, la muerte, la arbitrariedad y la omnipotencia del terrorismo de Estado como operación constante en la memoria social. Más aún, si se tiene en cuenta la totalidad convulsionada del año 1984, “Un misil en mi placard” está inserto en un escenario de destape general en torno al repudio del horror, la censura y los relatos acallados, sumado a una orientación hacia los desprejuiciados en materia sexual, literaria y hasta cinematográfica, por citar algunos ejemplos.

“Un misil en mi placard” se puede analizar en función de tres momentos: una introducción particular movilizadora, un nudo que trabaja sobre una idea de suspenso y un desenlace reflexivo. Desde ese plano, hacia el principio se desarrolla una situación de intimidad que introduce un cambio en la trama y altera la escena: “Refugiados sobre el diván, buscándonos. Agitados por nuestras formas, buscándonos.  Algo ocurrió, una extraña sensación, un presentimiento”.

Al respecto, el momento de placer íntimo es interrumpido por una noción personal y premonitoria que puede entenderse como la percepción de la amenaza que destruye la magia y la atmósfera creada. En este sentido, el protagonista experimenta sensaciones pendulares y pasa del goce sexual al padecimiento personal: “Tuve que dejar de hacer el amor en el momento. Fui en busca de un abrigo hacía frío  Encendí un cigarrillo, tenía miedo”. Así, descubre una parte interna que lo atormenta y simboliza los miedos y los propios prejuicios del protagonista[2].

La amenaza se encuentra en el propio placard: “Te miré tristemente, tristemente.  No hay más tiempo que perder, sonreíste. Estaba ahí, Un misil en mi placard. Un modelo para armar, pero nunca para desarmar”. Sin embargo, esta expresión también puede entenderse como una metáfora que alude al propio interior del protagonista, quien en su intimidad guarda un secreto profundo, quizás escondido en el inconsciente, y dispuesto a aflorar.

Por su parte, el interlocutor se hace presente y actúa como una compañía que intenta restablecer la circunstancia de satisfacción mutua (“sonreíste”). De hecho, comprende la situación de congoja por la que transcurre el protagonista y lo incentiva para que se recomponga (“no hay más tiempo que perder, sonreíste”).

En tanto, en los versos siguientes se puede comprender un peligro, referido al “misil” y su complicada desarticulación. Esto mismo hasta puede ser una alegoría de las propias estructuras mentales que aquejan al protagonista: ““Ahí lo vi, un misil en mi placard, mi placard. Un modelo para armar, pero nunca para desarmar (…) Estaba ahí (…) Aquí también. O creías que estabas lejos”.

El placard actúa como un símbolo que reúne los pensamientos más resistentes de las personas y que, a medida que van acumulándose, adquieren la potencia de un misil. Por ello mismo, la frase “un modelo para armar, pero nunca para desarmar” podría apuntar a la idea de que es muy sencillo cargarse de sensaciones e ideas, pero muy difícil desprenderse de ellas -y eso se convierte en una amenaza constante-.

De acuerdo con esto, las indicaciones de lugar “aquí” y “ahí” señalan distintos grados de cercanía y se oponen a un “lejos” que forma parte de un falso consuelo o creencia: “Aquí también creías que estabas lejos”. Es decir: se cree que el peligro y el miedo quedaron atrás, pero en verdad están tan cerca como lo está el propio placard. El “ahí” es una alarma que advierte una presunción: en cualquier momento puede transformarse en un aquí y, así, conmover los auténticos acercamientos entre las personas.

Si nos detenemos en esta interpretación, es posible decir que la letra busca avivar, excitar y conservar el estado de ánimo de los jóvenes y la sociedad en general durante los incipientes meses democráticos, aún atravesados por la conmoción de una post-dictadura imperante y voraz. A 25 años de su estreno, vale recalcar que “Un misil en mi placard” contiene ciertos rasgos que simbolizan la amenaza de la dictadura o, para ser más profundos, cualquier otra forma de represión en las prácticas más íntimas de las personas. El temor se ofrece como una metáfora para hablar de la propia realidad del país, de la vida cotidiana y hasta de las situaciones contemporáneas de los propios rockeros.

[1] Doctor en Comunicación – Docente (FPyCS-UNLP)

[2] En aquel tiempo, el concepto del misil significaba una referencia absoluta a la Guerra de Malvinas. En tanto, la incidencia de la situación política internacional no se mostraba exenta del contexto, ya que hacia el mismo año, tanto EEUU como la URSS (los dos bloques hegemónicos de la Guerra Fría) combatían simbólicamente en una carrera de fuego con el fin de crear los armamentos más poderosos del planeta.

 

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