Cristina, el libro y los medios

Por Cristian Secul Giusti *

La presentación de Cristina Fernández de Kirchner en la Feria del Libro fue cubierta ampliamente por los medios de comunicación masiva. Realmente, fue una “cadena nacional” transmitida en simultáneo y con fuerte atención en la del acontecimiento y los alcances posteriores.

El discurso de la expresidenta fue breve, conciso y con interpelaciones directas referidas a acuerdos, puestas en común y responsabilidades. Si bien no confirmó ni negó su candidatura presidencial, la exposición se orientó a pensar el presente para abordar el futuro crítico que se avecina. En esos términos, el tono utilizado por CFK fue atinado y correcto, acorde con una postura que buscó calmar las aguas y articular con otros espacios.  

A partir de esto, el tratamiento mediático del discurso de Cristina y de la participación de sus seguidores en el evento fue diverso. En función de lo analizado, dialogado, trabajado y desplegado en los medios, los aspectos de comunicación podrían dividirse en cuatro áreas o zonas de relevancia: 1) los comentarios afines; 2) los mensajes de consideración; 3) las miradas expectantes; 4) las críticas negadoras.

La primera perspectiva refiere a los periodistas, especialistas en ciencia sociales y profesionales de la comunicación que se encuentran contenidos en la expresión nacional y popular, y que durante estos casi cuatro años persisten con sus ideas y elucubraciones con diferentes resultados. De un principio de maltrato, trolleo furioso y desprestigio motorizado por la hegemonía discursiva hasta una actualidad  sostenedora, que los ubica en un terreno más amable y con una postura bastante coherente (en 2015 se dijo que se cambiarían de bando, que no existirían más, que tendrían que laburar de otra cosa, etc.).

La segunda óptica es la del mensaje de la consideración, es decir, la apertura analítica de quienes se mostraron críticos hacia Cristina, Néstor y la militancia política generalizada, y ahora tratan de comprender la movilización y la persistencia de “su gente”. Este aspecto es interesante porque destaca una situación un poco esquiva en los medios, ya que implica reconocer la potencia de ese colectivo kirchnerista que atraviesa las lluvias y las tormentas. De hecho, ayer, en el programa Animales Sueltos, emitido por América, sostenían que “más allá de todo lo que se ha dicho en los medios, esta gente se siente representada, y eso hay que respetarlo”.

En tercer lugar, se encuentra el discurso de la expectativa en ciertos medios. Sin dejar de ser una estrategia que permite esconder voluntades políticas, este desenvolvimiento frente a las cámaras o las redes, puntualiza en el aspecto “exótico” del kirchnerismo y, sobre todo, de Cristina. En esa escena, se exponen monólogos de comunicadores, testimonios de la “gente de a pie”, narrativas militantes y diálogos de pasión, que se entrelazan con otras posiciones un tanto críticas hacia el pasado kirchnerista. Los profesionales que abordan la temática desde la expectativa, juegan a tratar el fenómeno con cuidado, con cierta cercanía popular y con un fundamento de sentido común que se refuerza cada vez que CFK “crece” en las encuestas. ¿Una especie de Corea del Centro? Puede ser.

Por último, la mirada más acérrima y crítica. La que no da tregua y todo lo ve oscuro, enmarañado, trunco, espeluznante. El caso de Grupo Clarín y específicamente TN o Luis Majul, ya es emblemático, no solo por su historia de conflicto con el kirchnerismo, sino por su cobertura ferozmente anti-Cristina. La participación de Jorge Lanata en TN, con pantalla dividida, en el momento del discurso de CFK es el ejemplo más burdo y máximo de lo que puede hacer “la vereda opuesta”.

No obstante, de las tres miradas anteriores, la más crujiente es esta última. Si bien tiene una amplificación mediática enorme y un poder de daño recalcitrante, en muchos momentos sus conclusiones ingresan en zonas de destiempo y desfasaje que los ubica en una línea bastante más obtusa de lo que desean. Frente a esto, la única respuesta es la negación, y la profundización de la crítica hacia la precariedad kirchnerista, el lavado de cerebros, el fanatismo y la relación directa con el “mal populista”.

En esa línea, no hay diferencias entre el enojo de Macri con el de Lanata, Majul, Carrió, Feinmann, Etchecopar, por citar algunos nombres conocidos. El universo que los iguala es imposible de esquivar, y a partir de ello, no pueden salirse de los exabruptos, los insultos y, en el peor de los casos, la violencia verbal de género.

Por lo que se ve, el tratamiento mediático oscilante y dinámico no va a menguar en la campaña y, sin lugar a dudas, crecerán con igual tamaño los desvaríos, los achaques, las firmezas y los análisis más centrados. Hay que ver qué perspectiva de las cuatro se instalará con mayor virulencia. Y, asimismo, cuál de ellas logrará hegemonizar la opinión periodística, comunicacional y académica presente en los medios tradicionales y digitales. A esta altura, el río revuelto de la comunicación se encuentran en una vorágine de palabra, imagen y sonido sin concesiones.

 

*Doctor en Comunicación – Docente -UNLP-

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