El libro de Cristina y el tercer Perón

Por Patricio Ese[i]

 

Desde su lanzamiento, el libro de Cristina se ha convertido en muy poco tiempo en un suceso editorial, cultural y político inusitado. Para coronar este acontecimiento, la ex presidenta lo presentó en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires rodeada de una multitud que desbordó el Auditorio Jorge Luis Borges para escuchar sus palabras.

Incursionando como novel escritora, Cristina volvió a mostrar un dominio casi total de la escena pública. Después de una atenta lectura de sus 599 páginas y con la voz de su discurso en el predio de la Sociedad Rural aún resonando en los oídos, aparece con recurrencia la imagen del tercer Perón, esa versión del histórico líder del justicialismo que volvía en 1973 a gobernar la Argentina por escasos meses hasta su muerte en julio de 1974.

Escoltada entre la presidenta de la Fundación El Libro, María Teresa Carbano, y el director de Penguin Random House para Argentina, Juan Boido, la ex presidenta se encargó de contar que fue Alberto Fernández, su antiguo Jefe de Gabinete hasta el voto no positivo de Cobos, quien le propuso el proyecto que ya lleva 300.000 ejemplares vendidos.

Ante tanta infamia, ante tanta mentira —puntualizó Cristina— se tenía que contar lo que realmente sucedió durante los 12 años y medio de kirchnerismo. En esa pequeña anécdota reconociéndole el crédito de la idea al ex jefe de campaña de Sergio Massa en 2015, de Florencio Randazzo en 2017 y ahora muy cercano a CFK, empieza a aflorar la figura del General que, queriendo ser prenda de una inmensa unidad nacional, se proponía en 1973 cerrar años de profundas heridas y estridentes desencuentros que finalmente caerían en saco roto al decantar en un trágico polvorín y la larga noche del Terrorismo de Estado.

“Sinceramente” busca ser, dicho por su autora, un libro que sirva para contrarrestar la desinformación, la tergiversación y la guerra mediático-judicial de la que es víctima. De igual manera, la figura del tercer Perón se alimentó de las películas del Grupo de Cine Liberación, con Pino Solanas y Octavio Getino a la cabeza, para contrarrestar las mentiras que sus detractores hacían circular. Películas distribuidas clandestinamente como “La hora de los hornos” y “Perón: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder” viralizaron sus mensajes rompiendo el cerco que se había construido a partir de su exilio y proscripción.

En imágenes en blanco y negro, el caudillo entrado en años aparecía sonriendo, sentado en una reposera o paseando por el jardín de Puerta de Hierro. Lo entrevistaba un joven Solanas quien le preguntaba sobre el peronismo, los errores del pasado, las perspectivas de futuro y la realidad social del país de aquel entonces. Igual de distendida que el Viejo, Cristina no pierde la sonrisa y el buen humor cuando se muestra en público como lo demostró en la Feria del Libro.

No es solo con Alberto Fernández que lima asperezas dentro y fuera del libro. Suaviza el tono con el que se refiere a Eduardo Duhalde. Se lamenta por el desencuentro que se produjo con Hugo Moyano valorando muy positivamente su combatividad en la defensa de los trabajadores que representa.

También Cristina le concede a Massa, cuando era su Jefe de Gabinete, ser la persona que llevó a Amado Boudou, subordinado del tigrense en ese tiempo, a Olivos para explicarles a Néstor Kirchner y a ella un proyecto que parecía alocado. Se trataba de la maniobra por la cual el Estado se hacía cargo de las AFJP. Sergio no estaba convencido al verlo como una locura, pero si no hubiera hecho eso —relata una Cristina componedora— jamás habría sido posible realizar todas las medidas contracíclicas que nos permitieron sobrellevar la crisis internacional que estalló en las economías de los países más desarrollados del mundo en 2009.

¿Por qué Cristina vuelve al Perón de 1974? Más que ninguna otra figura en la historia argentina, ese tercer Perón representa la esperanza de millones de argentinos que ansiaban su vuelta al país después de 17 años de persecuciones y ataques de todo tipo.  Representaba la emoción contenida, la ingenua creencia de clausurar una etapa oscura y el despertar de una nueva situación que pusiera otra vez a la Argentina en la senda del primer peronismo truncada por la Revolución Libertadora en 1955.

Perón sintetizaba al Estado paternal y generoso con su asistencia social, al Estado empresario que manejaba con ímpetu los resortes de la economía nacional y al Estado ordenado que es soberano en el monopolio de la fuerza. Es decir, la Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana como reza la gastada, pero persistente, doctrina justicialista.

Odiado y amado, el Viejo regresaba convertido en ‘un león herbívoro’: una metáfora zoológica para mostrar un líder indiscutible y orgulloso, pero más reflexivo y mesurado. Era el garante de regular las velocidades entre los retardatarios y los apresurados que, a ambos lados del espectro peronista, tensionaban la escena política incrementando una espiral cuya violencia explotó con toda su fuerza en Ezeiza el 20 de junio de 1973.

Perón se presentaba en la convulsionada década del 70 como el único capaz de traer orden a un país desangrado, violento y caótico. Escenas del Cordobazo, el Viborazo y el Rosariazo son botones de muestra para el traje que se estaba probando el viejo caudillo que ya tenía en la cabeza cambiar “para un peronista, nada mejor que otro peronista”, por “para un argentino, nada mejor que otro argentino”.

Cristina parece querer subrayar esa dicotomía: el orden contra el caos. En el libro, el macrismo y la coalición de fuerzas que lo llevaron a la Rosada son descriptos como el caos. Según las propias palabras de Cristina en su lanzamiento a Senadora Nacional en 2017, Macri desordenó la vida de grandes sectores de la población, incluso y especialmente de manera paradójica de aquellas capas medias y urbanas que más se identificaron con Cambiemos y sus globos amarillos. Ya en el libro y a dos años de aquellas palabras de campaña, Cristina va más allá y agrega que, no solo desordenó la vida de muchos, sino que también ha arruinado directamente la de otros tantos que nunca la tuvieron ordenada.

Otro aspecto que le interesa del tercer Perón es haber sido artífice del Pacto Social firmado en junio de 1973 entre trabajadores y empresarios ante una inflación que se volvía descontrolada (al igual que hoy). Pero, la ex mandataria no deja de observar que, hasta al mismo Perón, la llamada burguesía nacional le fue desleal a la palabra empeñada. Rememora el discurso del General del 12 de junio de 1974 en el cual denuncia que no se estaba cumpliendo el acuerdo porque los especuladores minaban la economía nacional y amenaza con renunciar.

En ese marco, se sanciona el 20 de junio la Ley de Abastecimiento para garantizar el Pacto, regularizar la oferta de bienes y servicios, y penalizar a sus infractores. En “Sinceramente”, Cristina se arriesga a proponer una ley o regulación antimonopólica de diferentes sectores de la economía como una salida efectiva al problema inflacionario. Otra vez, la sombra del Perón regulador de los resortes económicos.

Ahora bien, una ley antimonopólica no sería una definitiva solución a partir de la experiencia de la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual. Como involuntaria contradicción, Cristina lamenta que, por satisfacer las demandas más progresistas que pedían una ley plural, amplia y donde todas las voces pudieran participar en su confección, se obtuvo una ley demasiado engorrosa y de aplicación sumamente compleja que terminó paralizada por una medida cautelar. Ni retardatarios, ni apresurados: pragmatismo y realismo peronista.

Desde esa mirada pragmática a izquierda y derecha, utiliza varios párrafos para analizar e intentar comprender las actitudes de empresarios como Rocca, Eurnekian o Magnetto llegando a la conclusión que José Ber Gelbard, ministro de Economía del Perón del 73, fue el último dirigente empresario con conciencia nacional.

Finalmente, las limitaciones del tercer Perón también se proyectan sobre Cristina. ¿Acaso el trasvasamiento generacional del que nos hablaba el caudillo no fue algo impracticable en la realidad concreta? Porque es relativamente sencillo para Cristina marcar que la unidad de dirigentes políticos, sindicales, empresariales y religiosos no es suficiente. Es intentar bajar las expectativas acerca de las posibilidades de éxito de una unidad centrada en una elección o atada a un plan de gobierno.

Pero, ¿hablar de un contrato social de ciudadanía responsable, como ella se refiere a lo que verdaderamente los argentinos vamos a necesitar en los años venideros, es efectivamente posible en la realidad? ¿O suena solo agradable en la teoría?

Con el lanzamiento de su libro, Cristina logró mostrar su capacidad para mantener en estricto secreto lo que no desea que trascienda. Dueña del reloj, observa y administra cuándo romper el silencio. ¿Está emergiendo una tercera Cristina? ¿Habrá tercera presidencia? Las expectativas de sus palabras, gestos y acciones parecen dirigidas a insinuar una candidatura o por lo menos nos muestran una Cristina renovada reflejada en el Perón de 1974 con sus luces, sus grises y sus puntos ciegos.

 

 

[i] Licenciado en Letras (UBA) y peronólogo en los ratos libres

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