El Triunfo de Schiaretti

Por Patricio Ese[i]

Desde que el unitario General Paz y su Liga del Interior armaron su base de operaciones en tierras cordobesas para enfrentarse a los caudillos federales, la provincia mediterránea demostró tener una posición estratégica envidiada por muchas. De tradición rebelde al poder centralista, Córdoba es, con casi tres millones de electores, el segundo distrito electoral más importante del país después de la provincia de Buenos Aires.

El gobernador Juan Schiaretti y su fórmula, Hacemos por Córdoba, ganó de forma contundente en la cuna del cuarteto y el fernet. Con el 53,97% de los votos, el gringo Schiaretti se aseguró su reelección para los próximos cuatros años. El peronismo local viene gobernando desde 1999, cuando José Manuel De la Sota, el hombre fuerte del justicialismo local cuya muerte abrupta (producida tras un accidente automovilístico) dejó en un compás de espera los tenues intentos por amigar al peronismo cordobés con el PJ nacional, le arrebató la provincia al radicalismo. Luego, una sucesión de enroques entre el gallego De la Sota y Schiaretti han asegurado una hegemonía continuada al margen de los avatares en las elecciones nacionales.

Para robustecer otro revés electoral del Gobierno, el peronismo que responde a Cristina había decidido no repetir la experiencia de 2015 y bajar de la carrera electoral al diputado nacional de extracción sindical, Pablo Carro. Incluso figuras afines a la expresidenta, como la diputada Gabriela Estévez, habían pedido el voto para el gobernador que se referencia en Alternativa Federal junto a Pichetto, Urtubey y Massa.

En aquella elección con el peronismo fragmentado, Eduardo Accastello, el ex intendente de Villa María, se posicionaba tercero con el 17,17% luego del propio Schiaretti que sacaba el 39,99% y la fuerza cambiemita de Oscar Aguad con el 33,74%. Vale aclarar que estos resultados eran tres meses antes de que Córdoba se tiñera de amarrillo intenso y enviara un contundente espaldarazo para Macri, catapultándolo al sillón de Rivadavia al aportarle más de un millón de votos (el 53%) en la elección general, y un millón y medio (el 71%) en el ballotage.

A su vez, el triunfo peronista de este fin de semana vale doble al revisar la última elección del 2017. Allí, Córdoba había mostrado una perseverancia por la marca Cambiemos que hoy se ha esfumado por completo. El hombre de Macri y ex árbitro, Héctor Baldassi, conseguía el 48,48% y ponía en riesgo la continuidad del PJ cordobés al ubicarlo en un segundo lugar con el 30,48%. Todo un panorama que hoy se puso patas arribas y baila cuarteto al ritmo de Perón y Evita.

A setecientos mil apabullantes votos luz de distancia, se ubica el oficialista Mario Negri tras conseguir el 17,78%. El radical, quien fuera vicegobernador de Eduardo Angeloz entre 1987 y 1991 y candidato a gobernador en 2007, preside el bloque de la UCR en la Cámara de Diputados. A su vez, es el presidente del Interbloque Cambiemos. Con el sello de Córdoba Cambia, cumplía todos los requisitos para ser el delfín de la Casa Rosada. A pesar de ello, esta espada parlamentaria no ganó para disgustos desde que lanzó su candidatura.

El poco apoyo explícito por parte de Macri y las figuras del Ejecutivo Nacional se vio compensado con las apariciones públicas de la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, para inflar al querido “Mario”. Lilita no se privó de elogiar a Negri al tiempo que le armaba su ataúd a fuerza de repudios y ridiculizaciones. Los codazos del propio Negri, queriéndola callar en plena nota con la televisión, fueron el marco de explosivas declaraciones de agradecimiento por la muerte de De La Sota y de amenazas a la familia de un periodista que la entrevistaba. La telenovela se completó el día de la elección en el bunker cambiemita, el velatorio de la derrota, con la chaqueña pidiendo perdón a los cordobeses por las “metidas de pata” durante la (olvidable) campaña. El silencio no es salud, pero hubiera ayudado más.

En tercer lugar, aparece la Unión Cívica Radical y su histórica Lista 3 con el apenas 10,94% de los sufragios. Su candidato fue Ramón Mestre, el intendente de la ciudad capital e hijo del último gobernador proveniente del partido centenario. Envalentonados y rebeldes de los mandatos del gobierno desde el minuto cero, los radicales cordobeses han hecho el peor resultado en toda su historia desde el retorno de la democracia. Los apoyos de Ricardo Alfonsín y Federico Storani no fueron suficientes. Nunca antes las fuerzas de Yrigoyen habían caído por debajo del 20% en una elección para gobernador en Córdoba. Paradójicamente, el peor registro había sucedido en 2007. En aquella ocasión, Negri encabezaba la lista, cosechaba el 22,17% y quedaba tercero detrás de Luis Juez, quien con su Frente Cívico supo ser la segunda fuerza en la provincia y el eterno rival del gallego. El radicalismo macrista y el radicalismo pura sangre sufrieron por igual, deben revisar sus estrategias y dejan un manto de incertidumbre sobre el futuro del radicalismo al interior de la coalición gobernante.

Mención aparte merecen los resultados en la capital provincial por la importancia que tiene para el armado político de la UCR. Luego de la provincia de Mendoza, la ciudad gobernada desde el 2011 es el lugar de mayor volumen bajo gestión radical. Hacemos por Córdoba se ubicó primero con el 36,87% llevando al peronismo a la intendencia municipal. Para lograrlo, el gringo jugó fuerte al poner al actual vicegobernador, Martín Llayora, como candidato a intendente y a su esposa, Alejandra Vigo, como cabeza de la lista de diputados provinciales.

En el segundo lugar y detrás del alfil del gobernador, quedó el propio Juez por Córdoba Cambia (19,91%). De esta forma, al triste ex embajador argentino en Ecuador se le terminó la esperanza de volver al terruño natal después de ser eyectado del país del norte por decir que los ecuatorianos eran sucios. Finalmente, por la UCR y en pacto con Mestre en la repartija de candidaturas, salió tercero su correligionario y ex presidente de ARSAT bajo gestión macrista, Rodrigo de Loredo (17,7%).

Hasta la fecha, la elección cordobesa es la más dolorosa para Cambiemos por el peso electoral que ostenta y por el simbolismo que representaba desde las presidenciales pasadas. También se evidencia que la hemorragia no se detiene en las capitales provinciales controladas por el oficialismo: Paraná en Entre Ríos y Santa Fe capital están en riesgo de perderse.

La implosión del armado de Cambiemos, la tragicomedia llamada Carrió, la sucesión de derrotas, la mala imagen del presidente y el sombrío panorama económico son los componentes de un cóctel bien helado y con poca gaseosa que le sacó la sonrisa a más de un funcionario en Balcarce 50.

Del lado opositor, Schiaretti intentó dejar en claro que un peronismo moderado puede ser una superación de la grieta y, además, ser competitivo electoralmente entusiasmando a Roberto Lavagna que busca agrupar radicales, socialistas y peronistas trasnochados. A su vez, se escuchan rumores de líneas de diálogo con los sectores ligados a Cristina para desentrañar la posición del peronismo cordobés ante una hipotética candidatura de la ex presidenta o en un ballotage contra Macri.

La pregunta mayor está en saber cuántos votos hacia el PJ local hoy pueden mantenerse mañana en el mismo espacio en la elección nacional. Como el cuarteto, Córdoba ha dejado a muchos transpirados, mareados, cansados y con la boca abierta.

[i] Licenciado en Letras (UBA) y peronólogo en los ratos libres

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