La defensa del cambio

Por Cristian Secul Giusti[1]

En el fondo, un cartel enorme con muchos brazos derechos que simbolizan la fuerza, lo muscular, lo aguerrido. Más en el centro, se ve un círculo con tres palabras clave y también sobredimensionadas que guardan el concepto máximo de la era macrista de estos meses de campaña electoral: “Defensores del Cambio”. A un costado de la pared aparece una bandera naranja, escrita con letras blancas que convocan a la participación y rezan poéticamente “Estamos juntos por algo mucho más grande”.

El ambiente en la que se encuentran los y las presentes tiene las dimensiones de una cancha de club de barrio (los mismos que fueron afectados por los aumentos de los servicios de luz y gas) y tiene un aspecto de reunión general en la que se exhibe un orador principal en el centro de la escena. La mayoría se encuentra sentada, mirando fijamente a quien traslada la batuta del encuentro: Mauricio Macri.

El presidente de la nación, con micrófono en mano y gesto adusto, se muestra enojado, comprometido y con ganas de “pelearla”. Su discurso es eufórico y, más allá de la complejidad de su pronunciación, sostiene que hoy, en nuestro país, existen “muchos enemigos del cambio”. Camina de un lado al otro y mueve el brazo izquierdo con fiereza, con muchas ganas de puntualizar sus declaraciones. Suena forzado y sobreactuado, pero, aún así, avanza con la idea. Vestido con camisa blanca y pantalón de jean azul, Macri intenta mostrarse cercano, serio y con intenciones de dar una respuesta a la crisis generada por su propio gobierno.

Alrededor, los y las asistentes miran a un costado, se rascan la nariz, cruzan los brazos, los bajan, los abren, se arreglan el pelo, bajan la cabeza o lo filman con el celular. Se nota que no saben muy bien qué hacer, más allá de escuchar a una persona que se traslada de un lado al otro hablando del “cambio”. Ellos y ellas son lo llamados “voluntarios” que deben contener y resguardar el destino postulado por el gobierno (se calcula que son 300 mil los afectados a estas tareas).

Esos espectadores directos que escuchan la verborragia esquiva de Macri, son quienes se encargarán de poner en práctica la estrategia “vietnamita”, la misma que debe intervenir en chats grupales de Whatsapp, charlas cotidianas y comentarios de Facebook o Twitter. Este público un tanto desconcertado y que parece más un decorado de escenografía que un grupo activo de militancia es, a fin de cuentas, la estructura que tiene Cambiemos para “luchar” contra “los corruptos”, “los matones”, “los perezosos”, “los burócratas”.

Este discurso de la defensa del cambio se transmite en vivo desde Capital Federal por Instagram. A pocas horas del anuncio de la fórmula presidencial Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, lo dicho es, quizás, una contestación directa de la alianza Cambiemos a la noticia que conmovió los medios de comunicación de la Argentina y América Latina durante la mañana del sábado 18 de mayo. De hecho, el resumen analítico del macrismo se reduce a unas pocas y simples palabras: los que no están con nosotros son “enemigos del cambio”.

“Quieren conservar sus privilegios, quieren agitar para que nada cambie, quieren la oscuridad para ellos poder esconderse”, dice Macri en versión stand up de pocas pulgas, con una intensidad utilizada en otros momentos: luego de la suspensión del partido de vuelta en la final de la Copa Libertadores 2018 entre River Plate y Boca Juniors (“¡No entiendo, no entiendo!, despotricó aquella vez), o tras su cierre de discurso en la reunión de la jefatura de gabinete ampliada en el Centro Cultural Kirchner (“Estoy caliente con la mentira”, dijo entre risas).

Mauricio Macri, el reconfirmado líder de Cambiemos, es ya un cúmulo de emociones oscilantes. De mostrarse dialoguista en una entrevista televisiva con Viviana Canosa, invitar a la oposición a charlar o destacar las “buenas” y “sanas” relaciones con el Fondo Monetario Internacional (“Espero que toda la Argentina termine enamorada de Christine Lagarde” dijo hacia finales del 2018), pasa a las manos en la cintura, el enojo, la profundización del antagonismo y la enunciación crítica: “Volver al pasado sería autodestruirnos”.

La iniciativa de “Defensores del cambio” tiene, sin lugar a dudas, un objetivo claro para el gobierno: contener a su núcleo duro de votantes, esos mismos y mismas que se encuentran flaqueando y están desilusionados con las políticas económicas del macrismo.

En términos del propio presidente, resulta necesario recuperar a aquellos y aquellas que están en una situación dubitativa y de decepción. Casi con desvelo, Macri señala que hay que decirles que “el rumbo es el correcto” y que “esta es la Argentina por la cual estamos trabajando, va a haber futuro, va a haber futuro, fuerza, vamos argentina”. Lo dice desaforadamente, como idea de cierre, sonriendo con las pocas muecas que le quedan, girando en su eje y con la música de Estelares copando la sala. “Hoy es el día perfecto”, dice el estribillo. “Quiero decir que no me voy a ir, ya estoy aquí, sólo quiero subir. Estoy genio, brillante, lámpara mediante, estoy flor de atorrante, un contursi maleante”, retumba en todo el lugar.

[1]  Doctor en Comunicación – Docente (UNLP).

2 comentarios sobre “La defensa del cambio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s