El nacimiento de un candidato

Por Patricio Ese[i]

Hace 45 años, nadie en la Argentina hubiera apostado por la aparición de otra candidatura presidencial en 2019 que tuviera impreso en su boleta un mismo apellido para las categorías de presidente y vice. En aquel tiempo, la fórmula Juan Domingo Perón — Isabel [María Estela Martínez de] Perón se imponía con el 61,85% de los sufragios por la mayor diferencia registrada entre el primero y segundo candidato. Llevaba por primera vez en la historia latinoamericana una mujer para la vicepresidencia y fue el único momento en que un candidato era elegido presidente por tercera vez.

Solo Menem en 2003 intentó perseguir el sendero del General lanzando su campaña por una tercera presidencia, la ‘histórica’ según sus equipos de campaña. Sin embargo, hubo dos sin tres para el riojano al bajarse del ballotage y, en consecuencia, ceder la presidencia a un ignoto Kirchner que solo tenía el 22,25% de los votos de la primera vuelta.

Dueña de sus silencios y manejando los tiempos como ningún otro dirigente, Cristina nos anuncia su decisión de que sea Alberto Fernández, ex jefe de Gabinete de su gobierno y del de su marido, quien debiera encabezar la fórmula presidencial. A reglón seguido, se ha ofrecido a acompañarlo desde la candidatura a vicepresidenta.

Entonces, la fórmula Alberto Fernández — Cristina Fernández [de Kirchner] se convierte así en el segundo binomio confirmado adelantándose a propios y ajenos. El primer lugar se lo lleva Guillermo Moreno que vocifera en bastante soledad desde la primera hora su deseo de presentarse en la interna de un peronismo unido junto a Pablo Challú como su vice. Massa, Lavagna y Urtubey tardan en resolver sus compañeros de fórmula, el espacio en el que competirán y si estarán dispuestos a medirse en internas.

Además, la candidatura de Macri aún padece embates del fuego amigo desde el radicalismo, que pide internas o desliza que el CEO de Cambiemos podría no presentarse a un segundo mandato. Por su parte, el otro presidenciable, José Luís Espert, neoliberal con pedigree, tampoco ha mencionado quién lo acompañará en su Frente Despertar.

Los reflejos del tercer Perón en la ex presidenta encontraron un punto consagratorio en la nueva fórmula. Como Perón—Perón, los Fernández tendrán el objetivo de agrupar a la mayor cantidad de voluntades dentro y fuera del peronismo. Como un buen augurio, los hipotéticos rivales internos, Felipe Solá y Agustín Rossi, declinaron sus candidaturas y los felicitaron. También casi la totalidad de los gobernadores peronistas mostraron su aprobación a este binomio. Todos ellos, algunos más timoratos o renuentes al peronismo alineado al kirchnerismo, evaluaron positivamente este acontecimiento. Catamarca, Chaco, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, La Rioja, San Juan, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Tucumán: todas felicitando a la compañera candidata a vice y la fórmula elegida.

También otros aliados históricos del peronismo como el gobernador de origen radical de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, enviaron su adhesión. En sintonía, el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá lanzó los candidatos del Frente de Unidad Justicialista con él como candidato a la reelección. Por el lado sindical, la candidatura fue aplaudida por un amplio abanico desde Héctor Daer por la CGT hasta Hugo Yasky por la CTA. Todo un mapa de coordenadas.

Para bombardear al binomio, los enemigos políticos de siempre volverán sobre la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al Poder”, versión 2019 de las chicanas del “doble comando del matrimonio presidencial” y “Néstor, el chirolita de Duhalde”. Para anticiparse a la falta de originalidad de sus adversarios, Cristina expresó que renuncia a conducir la Argentina por tercera vez, responsabilidad que deberá asumir, en caso de ganar en octubre, el otro Fernández.

Además de la crítica oficialista, Alternativa Federal se desinfla y se circunscribe a sus referentes originales —Urtubey, Massa, Schiaretti y Pichetto— truncando la aspiración a disputar la hegemonía peronista. El gobernador de Salta, el más macrista de los dirigentes del peronismo, quiso boicotear la emoción de todos los demás gobernadores peronistas que felicitaron la fórmula y la tildó como una vuelta al pasado mientras su nombre suena para una interna con Macri y Martín Lousteau, conformando una bolsa de gatos digna de ser una heredera de la Unión Democrática.

Massa y Schiaretti parecen encaminados a repetir el Frente UNA en la elección de 2015. Hace 4 años, por ese frente electoral, salieron terceros el propio Massa y el padre político del cordobés, su coterráneo Juan Manuel De la Sota. Si bien el tigrense se recuesta en un caudal de votos nada despreciable, los tiempos se aceleran y los rumores de integrar un gran frente opositor no terminan de decantar en posiciones concretas. Por ahora, se ha limitado a reconocer coincidencias, miradas comunes y un profundo respeto por Alberto.

En contraposición al encuentro entre la ex presidenta y variados referentes del peronismo en la sede del PJ Nacional, Pichetto se saca una foto en soledad con el ministro del Interior bajo un fondo oscuro y caras largas, lejos de una clase política que despierte pasiones y convoque voluntades. Y Lavagna: bien, gracias. El mesías se preserva de los infieles al tiempo que su intransigencia lo hace naufragar sin un rumbo claro.

Con este osado movimiento, Cristina derrumba la estrategia electoral basada en “el que más mide”. Scioli en 2015 e Insaurralde en 2013 han sido experimentos políticos sostenidos por un deseo marketinero de seguir a un candidato que parecía medir más en tanto mostraban una deskirchnerización y se mimetizaban con los demás candidatos: Macri en el caso del ex motonauta naranja y Massa por el lado del intendente de Lomas de Zamora. Los fracasos en ambas situaciones están a la vista. En cambio, Alberto, la otra viuda de Kirchner por sus siempre elogiosos comentarios al gobierno del ex presidente, jamás ha sido medido.

El nuevo candidato a presidente desempeñó un solo cargo legislativo entre 2000 y 2003 cuando fue elegido legislador de la Ciudad de Buenos Aires. Por ese entonces, integraba el experimento partidario de Domingo Cavallo, Acción por la República, quien competía por la jefatura porteña. Luego, renunció cuando se transformó en el jefe de Gabinete de Néstor el 25 de mayo de 2003. Fue partícipe necesario de la frustrada campaña presidencial de Duhalde en 1999, de Kirchner en 2003 y de Massa en 2015. También comandó la campaña de Randazzo en 2017. Hacedor de las campañas de otros, ahora deberá enfrentar el reto de llevar la propia a la victoria.

El acercamiento entre los Fernández empezó en febrero de 2018, 10 años después de la pelea que los distanció. Desde ese momento, él expresaba no tener problemas con una candidatura de ella, pero la condición del ahora candidato a presidente era no excluir a nadie. Todavía flotaba en el aire el humo Randazzo, el fantasma que intentó con el sello del PJ disputarles a Cristina y a su Unidad Ciudadana la senaduría por Buenos Aires.

Será Alberto ahora quien debe hacer valer sus propias palabras y lograr aunar a un arco opositor deseante de liderazgos claros lo suficientemente abultado que pueda vencer a Macri y su orquesta monocorde que sólo toca los instrumentos de la lágrima falsa y la esperanza hueca. Por otra parte, al secundarlo en la fórmula, Cristina da seguridad de que sus votos no se dispersen ni que deba esforzarse en transferirlos a otra figura frente al riesgo que representó la experiencia del PT brasileño entre el carismático Lula y su candidato Fernando Hadad, quien fuera derrotado por Bolsonaro. Esta jugada nos revela una fenomenal paradoja: Cristina se despide sin despedirse y se queda sin quedarse.

El célebre experimento del gato de Schrödinger de la física cuántica se utiliza para explicar la superposición de estados. Un gato, dejando de lado asociaciones con personas que nos gobiernan, que está encerrado en una caja con un veneno y un dispositivo que de activarse, al abrir la caja, existirían un 50% de probabilidades de que el felino esté muerto o vivo. Según la física cuántica, en el preciso momento previo a la apertura de la caja, el gato estaría vivo y muerto a la vez.

Al día de hoy, nos vemos sometidos a la misma paradoja. Sin ser la candidata, ni dejando de serlo, Cristina —sugirió el prolífico turco Asís— tira por tierra todas las conjeturas para volver a demostrar que saber ganar la centralidad. Para el gato de Schrödinger, esta superposición de estados entraría en crisis cuando la caja se abra y comprobamos si el gato está vivo o muerto. De igual modo, al abrir las urnas y lleguen los resultados, los votantes comprobaremos si esta fórmula paradojal tendrá la suficiente cantidad de votos para sentirla viva o muerta.

A veces los grandes acontecimientos están marcados por hechos que parecen menores o, a simple vista, superfluos. En “Sinceramente”, Cristina anticipó parte de lo sucedido. Allí recordó cómo termina de decidirse por Amado Boudou para que la acompañase como su candidato a vicepresidente en las elecciones de 2011. Menciona que fue Florencia, alguien no interesada en la política partidaria, quien le dio la idea. En la quinta de Olivos, en un ambiente distendido, una pregunta al pasar: la madre le pregunta a la hija quién ve ella como la mejor opción. De los labios feministas, surge sin titubeos un nombre que gusta más que los demás: el de Amado, por entonces, ministro de Economía.

Como una premonición, Cristina expresó que la decisión tomó forma la semana previa a la presentación en la Feria del Libro. Tomado por sorpresa, Fernández fue valorado como la persona que le propuso la redacción del libro. Si querían acariciarme el alma, lo han hecho —expresó Cristina emocionada ante un auditorio ansioso por escucharla— porque lo han logrado con creces.  Entonces, termina siendo el premio final por lo conseguido con el libro, por esa caricia al alma en medio de la guerra judicial a la que la someten a diario. Caricia que contrarrestó la meditada reflexión acerca de las desventajas atendibles y los motivos palpables por lanzarse a una tercera presidencia después de 4 años de entreguismo macrista.

No pocos referentes políticos expresaban deseos y expectativa por el retorno de la ex presidenta a la Casa Rosada. Incluso sectores vinculados al dirigente social, Juan Grabois, y Patria Grande empapelaron la ciudad de Buenos Aires con la consigna “Ella le gana”. Los encuestadores no tenían forma de disimular cómo se asomaba una Cristina victoriosa en cualquier escenario electoral, por lo que la tentación de que sólo ella podía generar ese caudal de votos necesario para desbancar a Cambiemos y evitar (y evitarnos a todos) un nuevo período de amarguras, ajustes y privaciones.

Pero la mentada frase “Con Cristina no alcanza, pero sin ella no se puede” pudo más. La sombra de cumplir 70 años al terminar este hipotético nuevo mandato, las complicaciones de salud de su hija Florencia recluida en Cuba, la cacería judicial incesante que condicionaría su campaña presidencial y toda su posible gestión, y el reconocimiento de los odios que sigue despertando su imagen, decantaron en recostarse en Alberto y su capacidad para construir puentes.

Operador en las sombras o hábil negociador en la mesa de discusión, el candidato de perfil más conciliador y dialoguista, puede redefinir la relación con los imprescindibles actores económicos, financieros y mediáticos, fuerzas imposibles de soslayar a la hora de emprender un nuevo gobierno, que tendrá como principal objetivo impedir que la recesión se profundice en una crisis que nos haga estallar por los aires. El gobierno, sea quien sea el candidato ganador, se encontrará en una posición tan frágil que deberá pactar, negociar, ceder, someterse, resistir, adelantarse o sorprenderlas, a riesgo de que cualquiera de estas acciones termine por destruir la propia gestión. Pero nunca podrá ignorarlas.

Optar por Alberto es apostar una convocatoria a otros sectores de la amplia selva peronista. Su trayectoria política, su reivindicación de la gestión de Néstor y su crítica hacia aspectos del gobierno de la ex presidenta, como la regulación a la compraventa del dólar y la épica del discurso presidencial, busca alejar rencores en aquellos dirigentes que oportunamente se han dispersado del espacio que supo ser el Frente para la Victoria de los mejores años kirchneristas.

Al tiempo que las especulaciones sobre Cristina se cierran, se abren nuevas alrededor de Alberto. Lo único cierto es que la dama pateó el tablero al cederle espacio a un alfil que ahora deberá a ser rey. Los peones a los cuatro costados del espectro político, como melones en carro andante, revisan sus posiciones ante una decisión que nadie pudo dejar pasar desapercibida.

[i] Licenciado en Letras (UBA) y peronólogo en los ratos libres.

 

 

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