Soberanía o subordinación

“El pueblo aprendió que estaba sólo y debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza.”

Un oscuro día de justicia, Rodolfo Walsh

Por Cristian Bortolin Taborda

La revelación de la fórmula presidencial Fernández-Fernández tomó por asalto todas las especulaciones que se tenían hasta el momento, y sorprendió a propios y ajenos del peronismo. La elección direccionada a dar un giro discursivo -y quizá también programático- buscó cautivar al electorado de “centro”, desencantado tanto con el gobierno de Macri como con el último gobierno de Cristina. Sin embargo, ¿Qué implica ese cambio de discurso y esa moderación? ¿Qué sectores representa? ¿A quién se dirige?

El binomio anunciado el sábado por la mañana vía YouTube sin dudas dejó perplejo al arco político en un claro mensaje de alejar los fantasmas del “populismo” y llamar a la unidad frente a la complicada situación del país. En el centro del debate político se puso la discusión acerca de porque la actual senadora decidió no encabezar la fórmula ante su repunte en las encuestas e ir como vice de Alberto Fernández. En esta posición, de hecho, se recuerda la diferencia que hay en el castellano entre el ser y estar: la ex presidenta está, pero no es. Dicha distinción entre ser y estar en un sistema presidencialista es de una importancia fundamental, puesto que no es lo mismo ser la presidencia que estar en la presidencia. Las decisiones las toma quien maneja la lapicera y pone la firma. Alberto no es Cristina.

Alberto Fernández es un hombre iniciado en la política de la mano de Domingo Cavallo y, trajo cierto alivio a los mercados y una buena percepción en los medios de comunicación. Considerado un hombre dialoguista que supo oponerse al kirchnerismo ahora orientado a la búsqueda de la tan mentada unidad y moderación, despertó simpatías en parte de la élite local y global ante la estrepitosa caída de Mauricio Macri y su incapacidad para la gobernabilidad y ejecución de los dictados de ajuste.

La delicada situación de la Argentina reflejada en todos los indicadores económicos y sociales lleva a la imposibilidad de reformas políticas en las que insiste el FMI y el sistema financiero global. Estas reformas encuentran gran oposición en el pueblo representado por distintas organizaciones sociales, sindicatos y el peronismo como principal oposición partidaria.

La situación es algo que se ha repetido a lo largo de la historia y de la cual han tomado nota estos sectores: sin el peronismo no hay posibilidad de instrumentar los planes de esa minoría usurera. El estado pre-electoral actual parece compartir matices con el previo a la crisis del dos mil uno donde una escisión del peronismo, FREPASO, en alianza con el radicalismo llevó la fórmula progresista De La Rúa-Álvarez al gobierno. No obstante, sin un proyecto económico claro, con la sola convicción de evitar al menemismo y luego sujeto al FMI, la alianza se hundió en el fracaso y en la peor crisis de la historia Argentina.

Las variables macroeconómicas indican una peor situación que aquella crisis, un déficit en el sector externo mayor al del 2001 y un déficit fiscal mayor al de la crisis de 1989. La combinación es explosiva y es un más que un desafío para cualquier gobierno, ya que la reducción del gasto para afrontar el déficit implica un gran ajuste en el Estado. Asimismo, los vencimientos de pagos sin acceso al crédito externo implican un riesgo de default, y la corrida de los tenedores de bonos y letras del tesoro (LELIQS, LETES Y LECAPS) al dólar pueden causar una espiralización de la inflación que lleve a una hiperinflación.

Tanto la visión liberal como la visión keynesiana centran sus esfuerzos en el problema de la deuda, soslayando el déficit fiscal. La postura compartida entre ambas teorías prioriza el dinero por sobre el trabajo. Esto nos da un indicio de que las propiedades serán puestas en el sector financiero dejando de lado el sector productivo.

Esta postura de priorizar los intereses del sistema financiero internacional usurero por sobre la producción nacional arrastrará a la economía real a una profundización de la recesión. La condición del próximo gobierno, de no contar con un amplio apoyo popular y legislativo, parecería ser la de una gerencia neoliberal y gestión de crisis, una administración de empresa con un gerente de recursos humanos que se encargará de redactar los avisos de desempleo o un Ceo político (el “Big Boss” de weber) y que intentará gestionar los recursos de manera que el balance cierre para evitar la quiebra y la huida de los accionistas.

Ante esta disyuntiva, no quedan dudas de que un gobierno que intente representar los intereses del pueblo debe apoyarse en él e imponer su voluntad ante los sectores facciosos. Como bien describe el politólogo Marcelo Gullo en su teoría de la “insubordinación fundante”, la Argentina tiene la posibilidad de no aceptar la subordinación al orden global y ejecutar un Proyecto Nacional de desarrollo ante un mundo multipolar donde la hegemonía total ideológico-cultural y el imperialismo económico de Estados Unidos ya no son tales y se encuentran en discusión.

Sin dudas, es una cuestión política y de convicción poner en valor la idea de Nación y ejercer la soberanía con una construcción de poder e impulso estatal para un modelo sustentable en el tiempo. El contexto global ha cambiado, el consenso de Washington se ha desmoronado a pesar de que el actual gobierno intentó revivirlo con el decálogo difundido, y el FMI encuentra su autoridad desvanecida. Del mismo modo, la globalización encontró su contrapeso con la llegada de Trump, el Brexit y la emergencia de los nacionalismos. Las elecciones al Parlamento europeo con las victorias de Le Pen frente a Macron, Salvini en Italia, el partido del Brexit de Nigel Farage en Gran Bretaña o la victoria presidencial de Zelenski en Ucrania dan muestra de una resistencia a la ideología de mercado y la economía financiera que atenta contra los pueblos y las naciones.

En Latinoamérica, Andrés Manuel López Obrador en México representa una salida al orden liberal como Evo Morales en Bolivia o el Frente Amplio en Uruguay. Estos casos son ejemplos de una alternativa donde en el centro de la economía están los hombres y mujeres no el capital. Las deudas se honran y los compromisos contraídos por un Estado deben ser cumplidos, pero el cumplimiento de la deuda no puede caer sobre un pueblo que genera valor y riqueza mediante el trabajo. Este alcance no es por intereses o circulación del dinero, sino por valor productivo, ya que, como mencionó Néstor Kirchner alguna vez: “No pasarán a la historia aquellos que especulen, sino los que más se la jueguen”. Por tanto, los pueblos no especulan y los muertos tampoco pagan sus deudas.

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