“La potencia feminista está en su transversalidad”

Entrevista por Gala Kreisler

¿Qué rol juega el discurso neoliberal en las identidades que integran el colectivo feminista? 

Creo que hoy el discurso neoliberal, desde el movimiento feminista que está tomando las calles, aparece como un objetivo a atacar, como un lenguaje contra el cual confrontar. Esto es importante porque permite diferenciarnos, marcar un corte, con los intentos de asociar neoliberalismo y feminismo. ¿Cómo se busca esto? Por ejemplo, desde ciertas instituciones, medios de comunicación y ONGs que se esfuerzan en presentar la inequidad de género como algo que puede resolverse al interior del neoliberalismo, sin alterar sus reglas de competitividad y sus políticas de precarización laboral y existencial. Voy a poner una imagen concreta: cuando se dice que el feminismo consiste en llegar a los puestos más altos de mando y que para eso las mujeres deben buscar “empoderarse” como empresarias de sí mismas, estamos ante una falacia que intenta banalizar al feminismo y emparentarlo con el neoliberalismo; es decir, como si pudiera haber aspiración a la igualdad bajo reglas de mercado que la hacen irrealizable. Más aun: cuando el capitalismo neoliberal funciona sólo en la medida en que hay una subordinación a una jerarquía y un control permanente sobre los cuerpos de las mujeres y los cuerpos disidentes.

Cuando afirmo que el movimiento feminista hoy es radical me refiero a que denuncia esa mentira neoliberal, a que no aspira a un cupo dentro de esa lógica expulsiva, a que no se contenta con proponer el “empoderamiento” como subjetivación empresarial en condiciones de pobreza generalizada y de represión constante de todos los deseos, modos de vida y formas de existencia que no se “ajusten” a su racionalidad política y a su modo de gestionar los sufrimientos.

“…el discurso neoliberal, desde el movimiento feminista que está tomando las calles, aparece como un objetivo a atacar, como un lenguaje contra el cual confrontar.”

En cuanto al movimiento “Ni una Menos” ¿Qué respuesta se puede construir ante las críticas que vinculan al colectivo con una raigambre universitaria y de clase media?

El movimiento NiUnaMenos justamente porque es un movimiento está compuesto de muchísimos colectivos, experiencias y trayectorias de lucha que expresan su furia y su deseo de rechazo a las violencias contra las mujeres, lesbianas, trans y travestis de un modo particular: a partir de la movilización callejera, de la construcción cotidiana de redes de ayuda mutua y cuidados colectivos, y de problematizar por qué las injusticia se viven, de modo diferencial, al ser mujeres, lesbianas, trans y travestis. El movimiento ha hecho además un ejercicio colectivo en la organización de las huelgas internacionales que ha significado un salto cualitativo: una forma de conexión de la violencia doméstica con la violencia policial, económica, financiera, racista, institucional, habitacional, laboral, etc. Eso es lo que ha permitido el paro: preguntarse cómo se articulan y refuerzan las violencias, cómo no se puede confrontar a una sin poner en cuestión todo el entramado del que hace parte. Esa acumulación de experiencia, de saberes, de prácticas y de un horizonte de organización compartido es un capital político enorme, justamente porque es trabajado de manera transversal en múltiples espacios y territorios; entre generaciones distintas; y al interior de colectivas que son sindicales, universitarias, comunitarias, barriales, profesionales, migrantes, artísticas, etc.

Otra cosa distinta, por su escala, es el colectivo NiUnaMenos que creo que se define por sus prácticas. ¿Qué significa decir que es universitario? Algunas de sus integrantes son universitarias y otras no. Además, ¿qué es la universidad en Argentina? Un espacio público y gratuito con histórica capacidad para vincularse con movimientos populares y un espacio que se va reformulando: pensemos en la Universidad de La Matanza, donde están ustedes; en la Universidad de Tres de Febrero, donde nos encontramos; o en la Universidad de San Martín donde yo trabajo. O en la Universidad de Buenos Aires, donde se hicieron las primeras cátedras de salud reproductiva y donde hoy se capacita a docentes en ESI. Pero por supuesto hay una exigencia en producir convocatorias que pongan el acento en la cuestión de clase. Me parece fundamental. Pongo a consideración otro rasgo que hace que el movimiento feminista sea en este momento radical y masivo: creo, como dice Dora Barrancos, que es el momento donde el feminismo ha alcanzado el carácter transclasista más fuerte de su historia en nuestro país. Esto implica que hablemos de un feminismo de masas, donde las diferencias de clase no quedan borradas, sino todo lo contrario: expuestas como un terreno del que surgen reivindicaciones precisas y concretas que marcan su carácter anti-neoliberal. Por ejemplo, que el aborto sea gratuito, y no sólo legal. Por eso una definición de clase es también lo que señalaba antes: explicitar que no hay adecuación de nuestras prácticas con las exigencias de las políticas neoliberales. Esto no siempre es fácil porque el neoliberalismo, al ser un modo de subjetivación que organiza nuestras maneras de sentir, calcular y pensar, es difícil de ser combatido como un enemigo puramente “externo”. Y porque la definición de a qué llamamos neoliberalismo es una discusión y un campo de disputas.

Sin embargo, creo que una definición de nuestro colectivo, que se organiza con plenarias regulares de discusión y nutriendo dinámicas asamblearias, es impulsar, nutrir y ser parte de formas de desobediencia situadas, como iniciativas de política concreta en cada espacio en la que cada una nos movemos y activamos y también como apuesta de construcción de espacios colectivos más amplios que nosotrxs mismxs.

Volviendo a lo anterior: esto significa que el anti-neoliberalismo no puede ser una declamación en abstracto. Tiene que ver con cómo desarticular los mandatos heteropatriarcales que permiten que el capital hoy se traduzca en relaciones de obediencia en nuestras vidas cotidianas, en nuestros trabajos, que intente imponerse en nuestras universidades y en nuestros barrios, que se quiere hacer pasar como sentido común de las violencias que privatizan los recursos públicos y que también quieren privatizar nuestras angustias.

“…es el momento donde el feminismo ha alcanzado el carácter transclasista más fuerte de su historia en nuestro país.”

¿Qué opinión tenés sobre el feminismo popular? ¿Qué representatividad incluye?  

El feminismo popular me parece fundamental. Al igual que cuando hablamos del feminismo creo que debe decirse en plural: el feminismo popular es una constelación de prácticas diversas que tiene como elemento en común conjugar el feminismo en espacios de luchas populares donde el feminismo está siendo reinventado y potenciado. Que las compañeras de las villas digan que el feminismo popular es lo que se crea ahí es decisivo: no hay “un” feminismo que “debe ir” o “bajar” a esos lugares. Esas son metáforas que ponían al feminismo es posición de “exterioridad” respecto de procesos y luchas populares. Hoy el feminismo se construye desde espacios que le ponen exigencias concretas desde conflictos situados: ¿Qué es un feminismo que se hace cargo de las formas que la violencia neoliberal, patriarcal y racista toma en la villa?, ¿Qué es un feminismo que discute el disciplinamiento que se quiere hacer sobre las jóvenes que abortan en condiciones que ponen en riesgo su vida simplemente porque no tienen los recursos para garantizar un aborto caro?, ¿Qué es un feminismo que piensa la realidad de las trabajadoras de la tierra?, ¿Qué consecuencias tiene un feminismo popular que problematiza el trabajo feminizado de las economías populares?

Son estas preguntas, junto a todas aquellas lanzadas por los feminismos comunitarios, indígenas, negros y tantos otros, las que evidencian al movimiento feminista como movimiento vital, que se expande y se radicaliza en la medida en que es más inclusivo de conflictividades, experiencias e interrogantes.

¿Qué articulación ves presente en el feminismo para pensar los horizontes políticos en nuestro país?

Creo que el feminismo como movimiento masivo, radical y callejero va construyendo un programa de reivindicaciones concretas: desde el derecho al aborto legal, seguro y gratuito al reconocimiento salarial de las tareas reproductivas, desde el ya basta a la criminalización de ciertos territorios sometidos al neo-extractivismo al ya basta al gatillo fácil, desde el reclamo de educación sexual integral a la denuncia de femicidios y travesticidios, por nombrar algunas cuestiones clave. Todas estas reivindicaciones son emergentes de luchas y proyectan y construyen desde ahí un horizonte de transformación radical. Cuando se discute el neo-extractivismo y los agrotóxicos se pone en discusión el monopolio de los alimentos; cuando se discute la violencia racista se discute la jerarquía de las vidas que importan; cuando se discute el diferencial salarial se discute la organización capitalista basada en la explotación del trabajo reproductivo, y así…

Es tarea de todes las que nos sentimos parte y comprometidas con estas luchas mostrarlas como líneas de fuerza en los lugares que estemos: partidos, organizaciones, universidades, sindicatos, colectivas, etc. La potencia feminista es su tranversalidad: esa capacidad de estar en todos lados al mismo tiempo, de desbordar de feminismo cada espacio y de construir en muchas escalas la capacidad de imponer lo que hemos producido colectivamente durante tantos años y que más recientemente se ha vuelto masivo, especialmente en las nuevas generaciones.

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