La cobra, el bulto, los amantes y los cuernos

Por Natacha Misiak[i]

Logrando eficazmente el objetivo de cooptar la atención de la opinión pública, el feat “Lindo pero bruto” de Thalía y Lali Espósito dio qué hablar. “Tú tienes el cuerpo duro y el cerebro en blanco/ Por qué no te lees un librito de vez en cuando”, reza la canción denostando intelectualmente al protagonista de la letra, en un videoclip donde prima la estética plástica estilo “Barbie”. El remate de la cosificación llega con “Eres lindo, pero bruto/ Seduces pero solo con el bulto”, para luego ordenar silencio: “calladito es que te veo más bonito”.

Las que tenemos más de 30 años pasamos de mover las caderas al son del macho mexicano que “despacio y luego me mata” al “no me acuerdo” de los “cuernos” del dúo entre la misma diva mexicana y  Natti Natasha.

En “Somos amantes” Lali advierte: “No necesito una explicación/ Soy la que toma aquí la decisión (…) No me dejo amarrar/Solo quiero ser tu amante”. El video, de notable calidad estética, tiene un aspecto loable que debe ser reconocido: pone en escena multitud de detalles verdes que incluyen un pañuelo de este color anudado al respaldo de una cama.

En “La cobra”, Jimena Barón encarna a una mujer fuerte, que logra sobreponerse al maltrato. Sin embargo, la canción está escrita en clave de venganza: “Soy la cobra que se cobra todo lo que hiciste, bebé/ Pensaste que era gratis lastimar” “Y crezco y crezco y me hice grande, ya te puedo aplastar”.

Tanto Lali Espósito como Jimena Barón son  figuras que participan activamente en las campañas públicas a favor de la Interrupción Voluntaria del Embarazo y de denuncia de los femicidios. La discusión, por lo tanto, no es con las personas, sino con productos de la industria cultural y su impacto en nuestra educación sentimental.

Lejos del varón llorón del tango -que Luca Prodan supo ver con la lucidez que da la extranjeridad, y cuya romanización de las almas rotas también heredó parte del rock nacional. Superando el melodrama pegajoso de la canción romántica latina y contestando a la cosificación femenina del reggaetón, estas nuevas apuestas del mercado musical sacan a la mujer del enunciado para que asuman la enunciación.

El juego verbal es interesante, porque nos libera del lugar de musas pasivas del peligroso amor romántico, una de las causas que nos pone en riesgo de sufrir violencia de género. El mensaje también resulta plausible, en algunos casos, como el posicionamiento a favor de la despenalización del aborto.

Sin embargo, estas ofertas de la industria cultural, más que promover la lucha feminista, reproducen una educación sentimental en sintonía con las pautas emocionales del neoliberalismo posmoderno, tan nociva como la del macho melodramático que descarta. La descalificación, la frialdad en los vínculos, el desprecio y el desapego emocional no constituyen valores deseables para ser tarareados en canciones pegadizas.

El Norte lo marca Rita Segato cuando advierte que “si hay alguien que se empodera es porque hay alguien que se desempodera”. Porque el feminismo está llamado a construir una nueva politicidad, sin vencedores ni vencidos. La lucha incluye pero trasciende las libertades individuales, porque de lo que se trata es de construir nuevas formas de lo social. El peligro  -como la ñata contra el vidrio de una remera del Che en la vidriera de un Shopping- sigue siendo el mercado, engranaje proverbial del patriarcal.

[i] Comunicadora Social y Trabajadora No-docente del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Moreno

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