Pan duro

Por Daniel G. Rossetti

Desde algunos de los medios de comunicación oficiales hicieron notar que el último ajuste del precio del pan (que lo dejó en $100) evidencia la ruptura de un valor que tiene más de simbólico que de real. Lo que no es simbólico es la caída del salario, puesto que desde que el presidente Mauricio Macri llegó a la Rosada se profundiza día a día, por lo que el acceso a alimentos esenciales se hace muy difícil para los sectores postergados. Considerando que el billete que hace tres años era el de máximo valor nominal, hoy equivale a un kilo del alimento que es símbolo de las mesas argentinas, sobran las evidencias del alejamiento entre las decisiones gubernamentales y las necesidades de los argentinos que van por carriles que se bifurcan cada vez más. La psique queda relegada ante la necesidad física.

Cuando se rompió esta barrera, desde las redes sociales se recordó que, en los momentos previos al cambio de gobierno, el kilo de pan estaba alrededor de $25. Si tomamos el tipo de cambio oficial en ese momento (alrededor de $10) y que la devaluación forzada por Prat Gay evidenció que los precios del mercado interno estaban efectivamente atados a ese valor, la cuenta da que el pan entonces costaba alrededor de 2,5 U$D. Al cambio actual, y más allá de las pequeñas fluctuaciones que generan algunas precandidaturas, podemos tomar la cotización de la divisa a $46, por lo que el valor del alimento es de 2,2 U$D. Entonces ¿Qué rara alquimia produce que el acceso sea cada vez más duro para los sectores populares si, en moneda constante, el precio del pan bajó?

La explicación está en la raíz del pensamiento de los tecnócratas que están al frente de la gestión Macrista. Ante el descontrol que produjo el acelerado sobreendeudamiento al comienzo de la gestión, que derivó en la corrida especulativa de mediados de 2018, se forzó la necesidad de recurrir al Fondo Monetario Internacional para que garantice el pago de la nueva deuda, y así las recetas ortodoxas tomaron las riendas. La principal regla del Manual del Buen Neoliberal es la reducción del déficit fiscal primario (el dinero que circula en la economía que equilibra lo que entra, exportaciones, y lo que sale, gasto del Estado) y la reducción de la inflación.

Abandonada las políticas de metas inflacionarias que volaron por los aires en el año anterior, el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, restringió de manera brutal la circulación de moneda para poder controlar el índice de variación de precios. A esto se le suma el atraso que los salarios de los trabajadores, que en lo que va de la gestión Cambiemita llega al 17%, según el INDEC, para los empleos registrados. Más grave es aún la caída si se considera que el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) registra una pérdida del 52% en dólares, según el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda. En la misma lógica quedaron atadas las jubilaciones y las Asignación Universal por Hijo, gracias al nuevo cálculo que impulsó el candidato a vicepresidente por Alianza para el Cambio, Miguel Ángel Pichetto.

Sin embargo, viendo el nivel altísimo de inflación que se sostiene, la restricción del circulante parece no dar resultado. ¿Otra vez aparece el alquimista que contradice la ciencia? En realidad, no. Lo que aparece es la decisión política de la administración de Cambiemos de favorecer a los sectores concentrados de la economía: el precio del trigo viene evolucionando hacia el alza en los mercados internacionales.

En noviembre de 2015, en el puerto de Rosario, la tonelada del cereal estaba alrededor de 130 U$D, mientras que, en mayo de este año, en el mismo puerto, se encontraba alrededor de 190 U$D. La primer medida de Cambiemos respecto al cereal fue quitar las retenciones, pero el costo de la devaluación de 2018 obligó al gobierno, presionado desde el FMI que revisó sus teorías, a gravarlo nuevamente, pero con un tope de 4 pesos por dólar exportado, es decir apenas 8,5% con un dólar de $46, lo que deja en manos de los exportadores mayores ganancias y el incentivo de exportar totalmente la cosecha, por lo que el mercado interno queda preso del precio internacional, a pesar de tener costos nacionales, como los salarios de los trabajadores rurales (la mayoría precarizados) que como ya vimos, fueron disminuyendo. Esto hace imposible evitar el traspaso del valor del grano a los molineros, estos a los panaderos y estos al consumidor.

Hasta aquí no encontramos la relación entre la baja del valor en moneda constante del pan y la inflación. Y es en el desglose de los números donde se devela el fin de las políticas Macristas. Si tenemos en cuenta, siempre en moneda constante, que en 2015 el poder de compra del SMVM equivalía a 232 Kg de pan, hoy descendió a 128 Kg. Esta caída del consumo obligó a las panaderías de barrio, incapaces de cartelizarce o de monopolizar el abastecimiento, a absorber todo lo posible los costos de los insumos que utilizan. A la retracción de sus ventas se sumaron el aumento del gas, la energía eléctrica, el alquiler. Además del costo de las materias primas para la fabricación de los panificados, los panaderos resignaron ganancias hasta el máximo que les permita continuar con sus negocios, o emprendimientos, en términos Cambiemitas. El milagro ocurrió, la teoría respeta sus axiomas, el precio del pan al consumidor bajó (siempre en moneda constante) pero el resultado inevitable fue más de 400 panaderías cerradas en lo que va del año solo entre CABA y el conurbano bonaerense, y 1.500 puestos de trabajos relacionados con el sector perdidos.

Sin abandonar la mística sobre la ciencia, el ministro de Producción y Trabajo de la Nación, Dante Sica, utiliza pases de magia para decir que el salario está recuperándose. Lejos de considerar datos completos, el ministro sesga y aduce que en marzo los salarios recuperaron un 3%. Lo que esconde es que hasta ese mes los salarios se vieron mejorados por el aguinaldo, adicionales, bonos y ajuste por inflación de algunos gremios, entre otros índices puramente estacionales. Otro dato que el ministro no especifica es que esto es solo en el sector privado registrado, dejando por fuera del cálculo a los trabajadores estatales e informales. Las cifras pueden exprimirse de tal manera hasta lograr decir lo que quién las usa quiere que digan.

En el ámbito donde las teorías económicas funcionan, las políticas estatales para atacar la inflación resultaron. La falta de circulante, expresada en la pérdida de poder adquisitivo de los y las trabajadoras, retrajo los precios en un mercado de competencia perfecta (mucha oferta, muchas panaderías – muchos demandantes, muchos clientes). Pero dado que la raíz de la inflación se encuentra del lado de los generadores de precios, que sí están cartelizados y sí tienen capacidad monopólica de fijar los precios, como las distribuidoras de agua potable, gas natural y energía eléctrica, los molinos harineros, las empresas lácteas, el nivel inflacionario sigue muy alto. El 3,1% de mayo deja el acumulado de 2019 en 19,2% y 57,3% anualizado, lejos de cualquier acuerdo paritario y más lejos aún de cualquier esperanza de recuperación del mercado interno. En el país real la alquimia y la imaginación estadística no dan buenos resultados

El ejemplo del precio del pan puede trasladarse a otros rubros de la economía, y explicará las pérdidas de puestos de trabajo por el cierre de Pequeñas y Medianas Empresas. Los planes del gobierno de impulsar el Ahora 12 y Ahora 18 con tasas preferenciales no alcanzan para revertir la caótica situación del sector. Así lo destacó en un encuentro con periodistas el secretario general de la Confederación General Empresaria de la Argentina (Cgera), Raúl Zylbersztein, que declaró “En ambos casos, hay una fuerte desatención de la industria nacional. El Ahora 12 y 18 no excluye a los importados, con lo cual el efecto real positivo sobre la industria nacional es limitado. Mientras tanto, cierran 30 pymes por día y faltan 13 quincenas y un aguinaldo hasta las elecciones”.

Las políticas del FMI y la fe de los funcionarios de la administración Macrista no abren un futuro esperanzador ni siquiera para el comienzo del próximo gobierno, que dado el grado de endeudamiento que recibirá no tendrá mucho margen de acción. Lo que no cabe duda, es que será necesario pasar a un modelo que genere empleo, desarrollo científico, técnico e industrial y de mayor participación en la distribución de la renta nacional a las y los trabajadores.

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