La falacia del índice de libertad económica

Por Emiliano Delucchi *

En los últimos años los economistas liberales libertarios han ganado peso en la televisión argentina, tienen una alta circulación por programas políticos y desde allí lograron posicionar un cuerpo de ideas con el que corren incluso al gobierno de cambiemos, acusado de “socialismo amarillo”. Tal es el éxito de algunos de estos referentes que Javier Milei se ha convertido en una especie de ídolo pop y José Luís Espert cuenta con un 5% de intención de voto para presidente a nivel nacional, lo que causó el intento de proscripción que en estos días estuvo llevando adelante el macrismo contra su candidatura

Una de las características de este discurso es la de acusar a todo régimen político de “socialista”, valiendo el mote para cualquier organización política que pondere la presencia del estado. Así, al igual que para el troskismo existen diferentes grados de capitalismo (EEUU es muy capitalista y Noruega o Finlandia son un poco menos capitalistas) para los liberales libertarios solamente existen diversos grados de socialismo, siendo Singapur un país muy poco socialista y Cuba o Corea del norte países muy socialistas.

Esta corriente cuenta con dos caballitos de batalla a la hora de instalar sus discursos en los grandes medios, el primero es el índice de libertad económica, creado por la fundación Heritage, y el segundo se basa en la idea de que el PBI per cápita es un dato que por sí mismo explica la riqueza de una nación. Así se sostiene, entre otras, la idea de que Argentina era un país muy rico a fines del 1800, cuando su PBI per cápita estaba entre los más altos del mundo, y desde allí hasta la actualidad todo fue cuesta abajo.

Entonces, el índice de libertad económica y el PBI per cápita irían de la mano y no solamente alcanzarían para explicar la pobreza y riqueza de las naciones, sino para demostrar que cuanto más liberalizada está una economía, mayor es su capacidad de desarrollo y por lo tanto su calidad de vida.

El abordaje social, histórico y político sobre los motivos de desarrollo o subdesarrollo de una nación es casi inexistente, por lo que para estas corrientes no existe diferencia entre países más chicos, que no necesitan un mercado interno grande y pueden vivir gracias a la exportación de unos cuantos productos o recursos naturales, como es el caso de Nueva Zelanda o Chile, frente a naciones con 50 millones de habitantes, que necesitan desarrollar industrias para obtener bienestar.

Viejos conocidos

Haciendo un poco de historia, la famosa fundación Heritage fue fundada en el contexto de plena guerra fría, más precisamente en el año 1973, momento que coincidió con una gran desregulación financiera iniciada por EE.UU. En las sedes de esta entidad dieron conferencias Margaret Thatcher, George Bush y Ronald Reagan, entre otros. Cabe destacar entonces, que la elaboración del ranking no es fruto del debate científico entre profesionales con posturas políticas diversas, sino que sus autores son promotores y defensores del liberalismo económico.

A la hora de comprender la realidad, el trabajo con mediciones y estadísticas es algo fundamental, pero no podemos olvidar que siempre en la elaboración de éstos hay un componente político, por lo que cabe la posibilidad de que quienes participan en la recolección, análisis y publicación de datos lo hagan potenciando algunos aspectos y relegando otros, a modo de “orientar” los resultados y ajustarlos a una determinada posición ideológica.

¿Qué dicen los datos?

Uno de los argumentos fuertes sostiene que cuanto mayor es el índice de libertad económica mayor es el nivel de vida. Sin embargo, los datos muestran que no existe correlación directa, ya que de los 10 países con mayor IDH sólo 2 también se encuentran en el podio de los 10 con mayor libertad económica (Suiza y Australia, en los puestos 3 y 4)

Por otra parte Islandia, Noruega y Japón, que son los países con mayor IDH del mundo desde hace varias décadas, se encuentran en los puestos 22, 25 y 40 en el ranking elaborado por la fundación Heritage. El podio de los mejores países para vivir se completa con Finlandia, Suecia, Alemania, Dinamarca y Países Bajos, que a la hora de medir la libertad económica ocupan los puestos 24, 19, 26. 18 y 15 respectivamente.

Como si esto fuera poco, los problemas para probar la correlación Libertad/Nivel de vida presentan aún mayores problemas cuando se bajan algunos escalones en los rankings. De esta manera países como Bélgica, España, Francia e Italia ocupan los puestos 49, 69, 72 y 79 en el índice de libertad económica mientras que se ubican en los escalafones 16, 37,22 y 31 en cuanto a IDH. En el mismo sentido, Estonia, Chile y China se ubican  6, 9 y 10 en libertad aunque 26, 44 y 62 en IDH.

Finalmente, la comparación de índices arroja resultados disparatados donde países con índice de desarrollo muy bajo y niveles de vida paupérrimos se encuentren muy por encima en cuanto a libertad económica de países de ingresos medios e IDH altos e incluso muy altos. En estos casos, hasta podría decirse que el grado de libertad es inversamente proporcional al nivel de vida: Botsuana (LE 33 / IDH 108), Ruanda (LE 62 / IDH 121) Guatemala (LE 73 / IDH 102) y Namibia (LE 77 / IDH 112); por otra parte: Grecia (LE 126 / IDH 38) Rusia (LE 113 / IDH 40), Argentina (LE 154 / IDH 46) y Cuba (LE 177 / IDH 73).

Lo esencial es invisible a los austríacos

Quizás esta situación relativamente pareja en los podios y totalmente inconsistente de mitad de tabla para abajo se deba a que los países que atraviesan guerras civiles, dictaduras o conflictos de diversa índole tienen muy bajas puntuaciones a la hora de evaluar su “libertad” (están en los últimos puestos) pero esta situación poco tiene que ver con la restricción del libre mercado y mucho con los contextos y las historias particulares de cada región.

De esta manera, los estados miembros de la OCDE, industrializados y con altos niveles de vida, tienen mejores resultados generales que el resto de las naciones, independientemente de su relación con el libre mercado. Lo más curioso es que las malas performances de países donde el estado prácticamente es inexistente son levantadas como argumento por quienes quieren achicar el restado y reducir los impuestos a los ricos en naciones de desarrollo medio como Agentina.

Así, de comparar peras con manzanas se extraen frases marketineras como: “Los pobres en los países libres viven 25 veces mejor que en los países reprimidos” en donde países con un estado enorme y una presión fiscal superior a 40%  como Noruega, Dinamarca o Francia aparecen como “libres” frente a estados fallidos como Zimbabue, Timor Oriental, Venezuela o el Congo.

Lo que muestra la evidencia es que no basta con el índice de libertad para que en un país haya un buen nivel de vida, ni hay una relación directa entre las variables. Es más acertado sostener que el bienestar en las naciones es multi-causal, por lo que se debe prestar atención a la historia de cada territorio (si fue imperialista, dominante y saqueador o colonia dominada y saqueada), a sus riquezas naturales, producción industrial, desarrollo de ciencia y tecnología propias, desarrollo de cadenas de valor en sus exportaciones, cantidad de población, entre otros. Y también al índice de libertad económica, que debe ser un factor más entre muchos otros pero de ninguna manera portador de una verdad tautológica.

*Lic. en Comunicación Social (UNLaM)

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