Comando Evita: la misión de recuperar la Patria

Por Lucía Díaz Méndez

En Paseo Colón al 800 está la Facultad de Ingeniería, originalmente sede de la “Fundación Eva Perón”, destruida por la eufemística “Revolución Libertadora” en 1955. En sus escalinatas, cien Evas avanzan determinadas hacia el centro de la avenida. La plazoleta homónima es el punto de encuentro de una jornada de invocación a su figura para derrotar al macrismo y llevar la fórmula Fernández – Fernández a la presidencia.

Son las cinco y media de la tarde, y la lluvia no da tregua en la Ciudad de Buenos Aires. Cubiertas de paraguas, las Evas se acomodan los rodetes, sonríen ante los presentes y una a una colocan flores sobre las letras dispuestas en las rejas que rodean el monumento del “Canto al Trabajo”. La premisa “Evita el macrismo” queda así cubierta de pétalos de colores tan variados, como expresiones de su figura.

El Comando Evita se compone de compañeras de la amplia gama del peronismo: estatales, sindicales, docentes, lesbianas, artistas, jubiladas, trans, periodistas, travestis, investigadoras, economistas y drags. Todas trabajadoras de distintas generaciones, que en la vígilia del 67 aniversario del paso a la inmortalidad de la Jefa Espiritual de la Nación, han convocado al pueblo a experimentar una acción performática de arte y política.

Como el 26 de julio de 1952, el goteo incesante de los cielos no doblega la voluntad popular de estar en la calle. Más bien, aviva el ardor de un sentimiento. Desde los parlantes, la garganta rasposa de Charly García entona las estrofas del Himno Nacional. Con sus labios rubí, las Evitas lo acompañan y obligan a sus espectadores a imitarlas. Con los dedos entrelazados, un pogo evitista corea por los laureles que supimos que conseguir.

Las miradas están estáticas sobre ellas. Niñes, curiosxs que pasaban por el lugar, estudiantes y abuelxs las siguen sin dudarlo. En sus retinas humedecidas destella el amor. Las Evitas cantan una reversión de “Las Muchachas Peronistas”, estrenada por el Comando el 6 de mayo de este año, a horas de festejar los 100 años del natalicio de Eva. En fila, las Capitanas de esta tarde marcan el camino a seguir en la contienda esotérica. Los cabecitas las siguen atravesando la plaza embarrada, y los autos que pasan adhieren con bocinas.

“Las muchachas peronistas/sabemos lo que queremos/y lucharemos sin miedo/para ganar la elección/ ¡Eva Perón, Eva Perón!”. El canto retumba en Independencia y Azopardo. El edificio de la Confederación General del Trabajo (CGT) es el escenario principal de la invocación a la abanderada de los humildes. “Por esa gran argentina/que nunca nos traicionó/peronismo con Cristina/machirulo sos cagón”.

Evita nació en la provincia de Buenos Aires y migró a la Ciudad Autónoma a los 15 años para dedicarse a la actuación. Se hizo lugar en teatro, radioteatro y cine y fue fundadora de la Asociación Radial Argentina. En 1944 conoció a Perón. En 1946, ya casada, lo acompañó activamente en su campaña presidencial y en 1947 logró la sanción de la ley de sufragio femenino. Era la llaga supurante en el dedo de los poderosos.

En 1949 fundó y presidió el Partido Peronista Femenino, a la par que combatió la caridad oligárquica con acción social desde la “Fundación Eva Perón”. Había llegado para darle al pueblo del que ella misma había salido, todo lo que le habían negado y, en consecuencia, posicionó a la mujer argentina como protagonista activa de la política. Sin dudas, había sellado su nombre a fuego en los corazones obreros.

Una Evita Montonera de mosaicos a color ilustra la esquina de la CGT. Frente a esa estampita, el Comando y el pueblo persisten, chorreantes. Las Evas bailotean y ríen, algunas incluso despojadas de paraguas. Se pasan rollos de cinta adhesiva, y en la base de mármol del edificio, pegan cartas con dedicatorias de lucha y victoria. El collage cubre toda la superficie, y ellas retoman sus posiciones.

cgt

“Compañeras: estoy en la lucha, como ayer, como hoy y como mañana. Hay mucho dolor, hay que restañar muchas heridas. Estén alerta. El enemigo acecha. No perdona jamás. Yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”. La garganta poderosa de Evita irrumpe en la tormenta desde la chata que hace de cabina de sonido. Puede sentirse el regocijo de su inmortalidad en el aire.

“Peronismo feminista/nuestra bandera será”, las Evitas agitan las linternas de sus teléfonos, y el verde paño de la libertad viste sus muñecas, “para que reine en el pueblo/aborto en cualquier lugar”. Saltan y ríen, impolutas bajo el agua, reviven el fuego fanático impermeable a cualquier adversidad. Uno que pasa en bicicleta mira entre molesto y sorprendido. Debe ser que no comprende.

La fiesta continúa al ritmo de la lluvia. Las Evas siguen apuntando al cielo sus linternas, en una acción que será entendida horas después cuando el Comando comparta en sus redes sociales las fotos del momento. Su obsesión es derrotar al macrismo y triunfar en las elecciones. Invocar la figura de Eva Perón se vuelve entonces intrínseco al sentir y la mística peronistas. ¿Quién más puede iluminarnos si no es la Jefa Espiritual de la Nación?

Más temprano, esa misma tarde en Plaza de Mayo, las Madres realizaban su tradicional marcha. Hebe de Bonafini también reivindicó la figura de Evita al compartir el fragmento “Los fanáticos” del libro Mi Mensaje: “Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros.” El fuego de Eva, a pesar de las primeras gotas, estaba presente en la calle desde entonces.

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