Efecto dominó

Por Daniel G. Rossetti

Es imposible analizar a cualquiera de las cuestiones que ocurren en una sociedad sino es en el conjunto de todos los factores que intervienen en sus problemáticas. Así, pensar cualquier política pública como si con una única medida mágica se resolvieran los problemas estructurales es algo, mínimamente, ilusorio. La imagen del juego donde las fichas de dominó se acomodan una detrás de otra, combinándolas de tal manera que al tocar la primera se produce la sucesiva caída de todas las fichas, puede utilizarse para ver la cadena de reacciones a las acciones de las políticas Cambiemitas. Y así como en los armados más complejos, se acomodan fichas de tal manera que las piezas se abren lateralmente, formando distintas figuras, usemos esa imagen para entender cómo la llegada al gobierno de Cambiemos fue la primera ficha que hubo de caer para que el desmoronamiento de distintos índices macro – microeconómicos y sociales comiencen a caer en una cascada indetenible.

Ni bien llegado a la Casa Rosada, cumpliendo una de las pocas promesas que había hecho, liberó el mercado de cambios. Lejos de las expectativas que el propio gobierno tenía, esto produjo el primer golpe en la sucesión de fichas. La política cambiaria llevada hasta 2015, había mantenido distintas cotizaciones según la utilización que se diera a las divisas, con el intento (de discutible éxito) de evitar fugas de capitales. La absoluta libertad del mercado cambiario produjo una devaluación del 40%. Las fichas que tocó fueron la del poder adquisitivo del salario y los costos de la materias primas industriales. En esto último comenzó otro efecto cascada. Los precios de muchos insumos estaban con cotización diferencial, y si bien es cierto que la burocracia estatal ponía demasiadas trabas (las conocidas DEJAI), la afectación sobre el precio de los productos produjo un alto aumento en los índices de inflación.

A la suba de los insumos, la dolarización de las tarifas provocó otro fuerte golpe a los costos industriales. A esto hay que sumarle la quita de los subsidios que tenía la energía, lo que puso a muchas Pequeñas y Mediana Empresas (PyMEs) en graves problemas financieros y económicos. Financieros por el costo que produjo el aumento de tasas de interés, que no solo produce el desaliento en inversiones productivas, sino que todo el movimiento para adelanto de compras, ventas de cheques para hacerse de efectivo y afrontar gastos comunes o inversiones en nuevas tecnologías se vuelve una carga pesada. Y económicos porque la caída de los ingresos familiares retrajo fuertemente el consumo, haciendo caer las ventas, y consecuentemente el ingreso de capital que haga viable cualquier tipo de industria.

Por el lado del poder adquisitivo de los y las trabajadoras, la retracción del consumo produjo la caída de muchos comercios, sobre todo aquellos que están relacionados con el ocio y los pequeños gustos, derechos de todas y todos los que ponen en acción el país. Lejos de la mirada absolutamente clasista de Cambiemos, los placeres de los sectores postergados están más cerca de poder comer un asado los domingos en familia que en ir a pasear al extranjero, más propio de los que se quejaban por no poder salir del país, y dejar el excedente de las riquezas que se generan en el exterior, con divisas que la nación solo consigue a través del comercio internacional. Al ser eliminado el gravamen al dólar para turismo, el famoso “cepo”, se produjo una importante salida de capitales de los sectores medios y medios bajos con “paquetes de turismo consumista” en Chile y Paraguay, produciendo también el deterioro de las economías regionales que se sustentan con el turismo interno.

Luego del “veranito” de 2017, cuando la inyección por parte del Estado de inversiones en obra pública respondió a la necesidad de ganar las elecciones de medio término, en 2018, los negocios liberados a la avaricia del capital secaron los fondos ingresados en las primeras tomas de deuda con entidades financieras privadas. A mediados de ese año se cayó la ficha de la estabilidad del dólar que tambaleaba desde fines de 2017. La devaluación de más del 50 % del valor del peso aumentó la recesión en la economía y obligó a la administración macrista a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para no caer en cesación de pagos. La condición obvia para los préstamos de organismo eran los ya conocidos y por más que se intentara desde el gobierno de explicar que se trataba de un “nuevo Fondo”, el ajuste fiscal fue la condición sine quanon. El presupuesto de 2019 llevó la marca del FMI y la reducción presupuestaria en obra pública dejó sin el efecto multiplicador que este produce a la economía. Vuelven a abrirse las secuencias de caída de fichas y ya las PyMEs no soportan la retracción del consumo, sumándose el cierre de muchos comercios de cercanía.

Con una capacidad industrial instalada del 56,2%, la Unión Industrial Argentina denuncia que están por debajo de los niveles de los niveles de julio de 2002. Su expresidente durante el gobierno de Cristina Fernández, Héctor Méndez, compara el momento actual con el que se vivió durante la dictadura genocida de 1976, cuando el ministro de economía era José Alfredo Martínez de Hoz comenzó la destrucción del sector secundario nacional, pero Méndez considera este momento aún más duro.

El aluvión de piezas caída llegó hasta golpear fuerte a las grandes empresas. Si bien las empresas concentradas en grandes grupos tienen otras espaldas para soportar ciertas “turbulencias”, como las minimizó en algún momento el presidente Macri, lo que comenzó con suspensiones en la automotrices terminó con despidos y cierres de líneas de fabricación. La industria automotriz en marzo tocó 15,7% de capacidad instalada y acumula una caída hasta mayo de este año de 21,5% en el Índice de Producción Industrial (IPI). Esta ficha deriva en muchas PyMES que dependen de las grandes centrales automotrices, que ensamblan los componentes que luego entran en las líneas de fabricación de vehículos (cajas de cambios, juegos de cables de conexión, baterías, etc.).

Loma Negra, que tiene la mayor cuota de mercado en cemento, también amenazó con un cierre que está todavía en disputa. Tenaris del grupo Techint, en teoría uno de los ganadores del modelo con el proyecto de Vaca Muerta, también está en vías de un cronograma de suspensiones y despidos. A su vez empujaron a las fichas de los grandes oligopolios de la industria de la alimentación. Coca-Cola FemSA el año pasado llamó a convocatoria de acreedores, “La Campagnola” marca insignia del grupo Arcor cerró plantas industriales. Las fichas mejor acomodadas también caen.

Por el lado social es indisimulable el deterioro. Por más que la gobernadora compare las necesidades esenciales de alimentación con las de usar “zapatillas blancas”, lo cierto es que la caída de la ficha del calzado también ocurrió. Nike, Puma, la fábrica DASS y Alpargatas, por solo nombrar las más relevantes del mercado, están en graves problemas con suspensiones, despidos y cierres. Lamentablemente para la gobernadora ni siquiera ese dato se vuelve verificable.

Tampoco quedó en pie la pieza de la “revolución de los aviones”. Las promocionadas y privilegiadas compañías “Low Cost” también están en convocatoria de acreedores. Aerolíneas Argentinas está siendo desguazada y como siempre para le gobierno la culpa es de los trabajadores y sus representantes gremiales. Pero la imaginativa protesta de los pilotos y la aceptación de sus mensajes se demuestra en el rechazo al intento de callar el mensaje por parte “actor M” Luis Brandoni, muestra que ya no todos los mensajes propagandísticos tienen éxito.

El afluente de los asistentes a comedores populares no se detuvo en toda la administración macrista. En CABA el aumento de personas y familias en situación de calle es inocultable y los fríos intensos del mes de julio dejaron en evidencia la falta de contención por parte del gobierno de Rodríguez Larreta. Tras doce años de administración PRO en la ciudad con mayor presupuesto del país, de los cuales ocho fueron con otra administración del Estado Nacional, queda claro que el deterioro de las condiciones generales por parte del gobierno central pesa más que las meramente administrativas.

Por su parte, la gobernadora Vidal, en un intento de instalar falsas estadísticas, declaró en los medios y en los spots de campaña (casi lo mismo en su caso), que los delitos disminuyeron fuertemente. Los datos oficiales de la procuraduría de la provincia de Buenos Aires informaron que los homicidios en ocasión de robo aumentaron 25%, hurtos agravados (generalmente con armas blancas) 63,3%, hurtos 29,6 % y la estafas 55,4%, todas cifras que se comparan con los casos de 2018, estos son datos inocultables del deterioro de las relaciones sociales en momentos de desesperación. La ficha de la contención social sostenida por la ministra Carolina Stanley tampoco pudo mantenerse en pie.

Una tras otra las fichas van cayendo sin dejar nada en pie. La promesa del presidente Macri, si fuese reelecto, es hacer lo mismo, pero más rápido. No pueden esperarse resultados distintos si se aplican las mismas fórmulas. Ninguna de las medidas tomadas para llegar con cierta estabilidad a las elecciones prometen mejora alguna en las condiciones estructurales de la economía y la sociedad. El tablero con las fichas desparramadas y el nuevo armado es el desafío para la próxima administración.

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