Costumbres argentinas

Por Lucía Díaz Méndez[i]

Las imágenes de los expositores de La Rural corriendo a caballo a cincuenta activistas veganxs del predio central, arrojaron cantidad de memes y burlas hacia esta minoría, pero el accionar de los dueños de la tierra y las vacas es una tradición de este sector que se autopercibe como “el campo”.

En el video que recorre las redes sociales se puede ver un grupo de personas que salta desde las gradas para irrumpir en la ceremonia central de la feria. El objetivo era mostrar carteles con consignas en contra del maltrato animal. En menos de un minuto, varios jinetes arremeten contra lxs activistas, lxs arrían y lxs echan del lugar mientras blanden sus rebenques. Algunxs espectadores contribuyen al desalojo con insultos, e incluso hay quienes les propinan golpes.

En su cuenta oficial de Twitter, la Sociedad Rural Argentina (SRA) escribió que “Un grupo de activistas irrumpió en la pista alterando el desarrollo del concurso que se venía realizando. Algunos participantes, que se prepararon durante un año para competir, reaccionaron para desalojarlos. La Sociedad Rural Argentina rechaza cualquier accionar violento”.

Asimismo, Clarín tituló: “Exposición Rural: veganos invadieron la pista y los corrieron a los rebencazos”, y el zócalo de América 24 ironizó sobre el hecho al decir que “fueron a protestar y se comieron unos bifes”. Aunque pueda causar gracia en un principio, la reacción del campo ante los sectores que le disputan territorio es una costumbre histórica.

La Sociedad Rural Argentina es una asociación civil patronal que nace durante la presidencia de Bartolomé Mitre y se erige sobre los pueblos originarios masacrados y desterrados durante la “Conquista del Desierto”, financiada por esta entidad. En su presidencia, Domingo Faustino Sarmiento ponderó la actividad agropecuaria y fue el promotor de la realización de la primera exposición rural en el barrio porteño de Palermo.

Sarmiento es, además, el escritor nacional que plasma en su obra fundacional Facundo los conceptos de civilización y barbarie, que se desprenden de la disyuntiva política preexistente entre unitarios y federales. Para el autor, la barbarie estaba representada por los gauchos pampeanos estancos en sus vidas ociosas, y en este sentido, atentaban contra la civilización anhelada por los hombres más urbanos, vinculada a la industrialización europea y los avances tecnológicos de la época.

Las vaquitas son ajenas

Desde sus inicios, la SRA ha influenciado de manera directa o indirecta las decisiones políticas de los gobiernos argentinos. Tras vencer a los pueblos mapuche y ranquel en la “Conquista del Desierto”, el Estado argentino incorporó más de 18 millones de hectáreas y las entregó a 538 propietarios, entre ellos, las familias patricias Anchorena, Alvear, Larreta y Ortiz Basualdo. Algunos historiadores califican esta etapa como genocidio, dada la alta mortandad de la población originaria a partir de la ocupación de sus tierras.

En 1912 una rebelión agraria de pequeños y medianos arrendatarios rurales se opone a la SRA y los grandes estancieros, dando origen a la organización gremial que los representa hasta hoy: la Federación Agraria Argentina (FAA). Se inserta así un nuevo actor a la política argentina: los chacareros, en su mayoría provenientes de la inmigración europea.

Seis días antes del golpe militar de 1930, conocida como la “Década Infame”, el ministro de Agricultura de Hipólito Yrigoyen es abucheado en la exposición anual de La Rural. Se forja entonces el estrecho vínculo de la SRA con los gobiernos de facto de la historia argentina, pero en 1944, el dictador Edelmiro Farrell, por iniciativa de los sindicatos y el Secretario de Trabajo y Previsión Juan Domingo Perón, sancionó el “Estatuto del Peón Rural”. Se establecen por primera vez los derechos laborales para los trabajadores rurales.

La Sociedad Rural Argentina se opuso argumentando que el Estatuto del Peón Rural sembraba “el germen del desorden social al inculcar en la gente de limitada cultura aspiraciones irrealizables” y que las relaciones laborales en “el campo” no debían regirse por el derecho laboral, sino por normas similares a las que tiene “un padre con sus hijos”.

El primer lockout patronal se realizó en diciembre de 1945 en oposición a la sanción del pago de aguinaldo o sueldo anual complementario. Cabe destacar que la medida era apoyada por el General Perón y denostada por la Unión Democrática, a la que la SRA adhería, las dos propuestas para las elecciones de febrero de 1946. El aguinaldo finalmente se pagó tras la huelga general convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT).

En 1975 la SRA ejecutó un paro agrario de once días contra la presidencia de Estela Martínez de Perón, que redujo la siembra y produjo un desabastecimiento de productos rurales para el consumo de la población. En 1988, el presidente Raúl Alfonsín, fue abucheado en la inauguración de la 101 Exposición Rural y se fue sin dar su discurso.

En 2001, el por entonces presidente de la SRA Enrique Crotto, apoyó públicamente la “Ley de Déficit Cero” impulsada por Domingo Cavallo y Fernando de la Rúa, y pidió la colaboración de los argentinos para “luchar contra el gasto público”.

En 2008, durante la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, tras la Resolución 125 que promovía un sistema de retenciones móviles a la producción de soja, la SRA junto a otras organizaciones rurales, entre ellas la FAA, formaron la Mesa de Enlace y llevaron adelante un paro de 129 días que incluyó el bloqueo de rutas y puertos. En los televisores argentinos se podía ver a los manifestantes desechando leche y verduras de los camiones a los que les impedían el paso.

Cuatro días después de asumir la presidencia en 2015, el Presidente de la Nación Mauricio Macri dispuso eliminar los impuestos a las exportaciones de trigo, maíz y carne, y la reducción de cinco puntos porcentuales sobre la soja. Este proceso de “sinceramiento” de la economía registró un aumento del 85% en el precio de los alimentos durante 2016.

Como si esto no fuera poco, el 31 de octubre de 2017, Macri designó al frente del Ministerio de Agroindustria a Luis Miguel Etchevehere, quien presidía la SRA. De esta manera, quedan blanqueados sin pruritos los vínculos entre el gobierno de Cambiemos y la entidad agraria. El año pasado, con la decisión del Ejecutivo de reducir ministerios como los atinentes a salud, trabajo y educación, el patrón de estancia vuelto funcionario avanzó con cerca de 600 cesanteos y reprimió a quienes protestaron por sus fuentes de trabajo.

Desde entonces quien preside la SRA es Daniel Pelegrina. Al respecto del cruce entre veganos y “gauchos”, manifestó su adhesión al derecho de protesta, pero “sin atropellar” y repudió cualquier accionar violento. Además, se mostró entusiasmado ante la promesa de Macri de devolver el rango ministerial al sector agroindustrial. Otro guiño de Cambiemos para el vínculo con el objetivo de sostener sus votos de cara a las elecciones venideras.

Si bien en el país de las vacas puede sonar absurdo el planteo vegano, como dice Sui Generis “la locura es poder ver más allá”: además de repensar nuestras costumbres alimenticias y el sometimiento especista que sostienen, es una buena excusa para discutir la distribución del suelo y, en consecuencia, las posibilidades de soberanía alimentaria. Retomar entonces los conceptos de “civilización y barbarie” permite poner en tela de juicio el rol del “campo” y cuestionar si la propiedad territorial es exclusiva de los poderes económicos, o en cambio, proponer que la tierra sea de quienes la trabajan.

[i] Estudiante de Comunicación Social (FPyCS-UNLP) – Periodista

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