Don Osvaldo

“Nos gusta Magaldi cantando chamamé.
Siempre mencionamos a Pugliese
Troilo y Grela es disco cabecera.
Siempre mencionamos a Pugliese
Somos del grupo los salieris de Charly.
Le robamos melodías a él ,ah,ah,ah,…”

“Los salieris de Charly” León Gieco

Por Daniel G. Rossetti

La voz de Héctor Larrea se escucha sobre los aplausos del auditorio: “y Osvaldo Pugliese llegó al Colón”. Seguidamente, los acordes de “Arrabal”[i] arrancan con la potencia y el ritmo inconfundible de una de las orquestas de tango emblemáticas de la Argentina. Eran los años de la primavera alfonsinista y un joven Luis Brandoni hace una semblanza memorable que cierra con “en este piano se va a sentar Pugliese, que es como decir: mi pueblo”. Épocas donde el mayor teatro de la nación se abría a la música popular, y un músico respetado por todos y todas imprimía en las teclas del piano el “Recuerdo”[ii] de una época de oro dónde en los clubes de barrio sonaban las orquestas juntando a los y las vecinas.

Osvaldo Pedro Pugliese nació en diciembre de 1905 y ya de muy chico su inclinación por la música se hizo presente, cuando de pibe tocaba el piano de fondo de las películas mudas en los cines de Villa Crespo. De familia de músicos, ya adolescente tocaba el piano en la orquesta de Paquita Bernardo, bandoneonista y directora de su orquesta típica, una fuera de serie en una época donde el tango era cosa de hombres.

Tocó con grandes como Roberto Firpo, Pedro Maffia, Alfredo Gobbi y Miguel Caló. En 1936 nació su primera formación, un sexteto, con el que tocaba en el café Germinal en la mítica calle Corrientes, cuando nunca dormía. Tres años después formó su primera orquesta típica con la que llevó su talento por todo el planeta durante más de 50 años. Participaron de sus distintas formaciones orquestales grandes que siguieron su camino actualizando al tango como Néstor Marconi, Rodolfo Mederos y el Sexteto Tango.

Queremos rescatar aquí su característica principal, la que lo hace un ídolo popular, que es su lado profundamente humano y su fuerte compromiso social. En 1935 impulsó la creación del Sindicato Argentino de Músicos, en plena primer década infame, por la lucha “… donde el trabajo sea una dignidad personal y no un castigo”. Un año después se acercó al Partido Comunista Argentino, y al ingresar al local le pregunta a uno de sus integrantes “Che… ¿cómo es eso del comunismo?”. Desde ahí nace un profundo compromiso por la igualdad y libertad de todos y todas los seres humanos. Nunca dejó de llevar a su casa a músicos y cantores con el objeto de convencerlos y afiliarlos al Partido Comunista, aunque lo logró solo con unos pocos.

Su orquesta siempre fue una cooperativa. El salario de los trabajadores de la cultura popular se calculaba en base a unos créditos que surgían del trabajo que hacía por la formación. Así que su arreglador durante 19 años, el gran Don Emilio Balcarce, fue el que más cobraba, aún más del que le daba el nombre a la orquesta y convocaba.

Su militancia hizo que lo censuraran en las radios, en una época en la que era el único medio de difusión de cultura masivo. Esto empezó en el peronismo, que alguna vez lo metió en “gayola” porque alguno se sintió más peronista que el propio Perón, mientras que durante “La fusiladora” nunca sonó en las radios. En 1973 a su regreso, el expresidente lo convocó junto a otros artistas a la quinta de Olivos, se acercó al Maestro y estrechándole la mano le dijo “Gracias por perdonar”.

En 1961, cuando los barbudos que bajaron de la sierra adhirieron al comunismo como forma de ordenamiento político de la Cuba liberada, Don Osvaldo les dedica “Milonga para Fidel”[iii]. Luego dejaría en claro su apoyo a los revolucionarios cubanos “gracias a Cuba hay un país verdaderamente independiente en américa Latina”. Los cubanos lo reconocieron con el mayor galardón que tiene la isla para los artistas, la medalla Alejo Carpentier en 1992.

Fue condecorado con el premio “Commandeur de L’Ordre des Arts et Lettres” en 1988 por el estado francés y en 1986 fue declarado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires” entre tantos reconocimientos. Pero seguramente el de mayor peso es el reconocimiento de los vecinos de Villa Crespo y muchos de sus admiradores cuando en 2009 la Estación Malabia del subte B pasó a llamarse “Osvaldo Pugliese”, reconocimiento de su pueblo y de barrio. El mismo barrio que dejaba puertas y ventanas abiertas para escuchar su piano cuando él ensayaba en su casa.

De familia de músicos, su padre era flautista en patios arrabaleros y sus dos hermanos violinistas, y también el Maestro probó con este instrumento antes de decidirse por el piano. Su herencia tanguera es seguida por su hija Lucela, Beba, a la que le dedicó uno de sus grandes tangos, “La Beba”[iv]. Beba forma su quinteto en 1980 y su hija María Carla Novelli Pugliese, también forma su grupo a principios de este siglo, pero ella con un estilo más electrónico, continuando así con la dinastía tanguera.

Aunque en sus inicios vio al rock nacional lo vio como una música extranjerizante, cuando se ancló firmemente en la cultura popular reconoció el talento de sus músicos. Igualmente, como defensor y difusor del Tango decía que: “a los pibes que no les gusta el Tango, los espero después de los treinta”. Y ciertamente todo el que haya escuchado a Charly García, Fito Páez, Andrés Calamaro o “Los Salieris de Charly” de León Gieco, seguramente se acercará a escuchar a Piazzolla y de ahí a Don Osvaldo, y al resto de las grandes orquestas hay un corto paso.

Admirado y respetado por todos y todas, es el antimufa oficial de los y las argentinas. Cuenta la leyenda que en un recital de Charly García el sonido se había caído y a minutos de comenzar el recital no había forma que se restablezca. En un momento alguien se sienta en el piano y toca el tango emblema del Maestro, “La yumba”[v], y ahí, misteriosa y mágicamente todos los aparatos de sonido se reestablecen y el recital se puede hacer. Desde ahí tener una estampita de San Pugliese o decir tres veces seguidas Pugliese, es el remedio absoluto contra toda mala onda.

Un ejemplo de ser humano, un tipo solidario, comprometido y humilde, cuyo mayor orgullo fue ser un trabajador de la cultura, según se autodefinió: “Nosotros éramos laburantes del trabajo del tango. Para decirlo vulgarmente, rascábamos donde teníamos un lugar donde tocar. El proceso del crecimiento y de la popularidad de la orquesta se consolidó a partir del café El Nacional y de radio El Mundo. Y más que nada, a partir del apoyo que tuvimos en los clubes de Avellaneda, Gerli y Dominico. A los clubes ‘grandes’ ingresé posteriormente, después de haber ganado la partida en estas instituciones más pequeñas. Estas se caracterizaban por estar integradas por gente trabajadora. Y ellos fueron quienes nos impulsaron, para trabajar más tarde en clubes de mayor importancia. Allí recibimos nuestro primer impulso. Después vinieron los demás barrios: todo ocurrió gradualmente”. No se puede agregar nada más, solo

Pugliese, Pugliese, Pugliese.

[i] Arrabal; Tango. J. Pascual. Versión de Osvaldo Pugliese

[ii] Recuerdo; Tango. O. Pugliese y E. Moreno. Versión de Osvaldo Pugliese canta Jorge Maciel y versión instrumental del Maestro.

[iii] “Milonga para Fidel”; Milonga. O. Pugliese y D. Arcidiácono. Versión de Osvaldo Pugliese cantan Jorge Maciel y Alfredo Belusi.

[iv] “La Beba”; Tango. O. Pugliese. Versión instrumental de la Orquesta Osvaldo Pugliese.

[v] “La Yumba”; Tango. O. Pugliese. Versión Instrumental de la Orquesta Osvaldo Pugliese.

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