Solo no se puede

Por Patricio Ese[i]

En el set de televisión de TN o América TV para ser entrevistado por Joaquín Morales Solá o Luis Novaresio. Rodeado de jubilados en el corazón de Lomas de Zamora junto a intendentes del conurbano bonaerense. Desde un balcón en Santa Fe saludando a centenares de militantes que colman la calle. En conferencia de prensa junto al gobernador de Entre Ríos y los candidatos a senadores nacionales por esa provincia. Escoltado en Alta Gracia por Carlos Caserio, jefe de bloque del Frente para la Victoria en el Senado después de la panquequeada de Pichetto, y el peronismo cordobés que lo apoya. Junto a empresarios en La Matanza. O centros de estudiantes. O junto a Sergio Massa o Axel Kicillof. O representantes de artistas. O del FMI.

El candidato del Frente de Todos viene transitando días vertiginosos como quizás no vivió en toda su vida. No es para menos, las PASO se encuentran a la vuelta de la esquina y las campañas electorales insumen todas las energías. Al igual que Scioli en su fallida campaña en 2015, uno de sus principales ejes de la comunicación del candidato opositor hace foco en la producción y el trabajo en detrimento de la especulación financiera y la timba. La diferencia sustancial es que el ex motonauta le hablaba a una sociedad que soportaba una inflación persistente pero endulzada de cifras de desempleo en un dígito y niveles de consumo vigorosos en amplias capas de la población, mientras que hoy Fernández intenta interpelar a los votantes desencantados del macrismo, remarcando las consecuencias devastadoras de la política económica gubernamental.

Dentro de esa lógica, se muestra como un candidato que solo no puede

En uno de sus actos de campaña llegó a sincerarse sobre esta actitud, que se remonta a los tiempos de la campaña presidencial Kirchner 2003. Consciente del ruinoso panorama político, económico y social de la Argentina pos 2001, Néstor remarcaba que necesitaba ser acompañado, porque él solo no iba a poder hacer nada. Esta idea se reforzó tras el memorable y raquítico 22,5% de los votos con los que asumió su presidencia.

“Un candidato debe despertar esperanzas y, para lograrlo, debe mostrarse fuerte y seguro”, rememora Alberto quien, como su jefe de campaña, no estaba de acuerdo en exteriorizar la impotencia de un aspirante al sillón de Rivadavia.

Casi veinte años después de Kirchner, Alberto volvió sobre sus pasos para reconocer que Néstor estaba en lo cierto. Debía (y debe) pedir ayuda, porque había una realidad que implicaba (e implicará) titánicos esfuerzos para ser cambiada. Afirmar la impotencia para potenciar su candidatura. Desde esa máxima, viene aglutinando a todos los sectores posibles del panperonismo y más allá, a partir de la decisión de Cristina de resignar su propia candidatura presidencial.

De hecho, para plasmar esa unidad en papeles, ha recogido una iniciativa que le alcanzó Omar Perotti, gobernador electo de Santa Fe. La misma consiste en firmar un acta como compromiso de su futuro gobierno en cuatro o cinco puntos fundamentales que beneficie a la provincia signataria del acuerdo. Con cada gobernador que se reúne, se lleva esa firma bajo el brazo concitando un acuerdo simbólico que quiere reflejar el respaldo a su candidatura y, a su vez, el perfil de su hipotético gobierno.

Si bien evita hablar de nombres para su gabinete, error de anticipación del que pecó Scioli en 2015, Alberto viene deslizando algunas medidas para llevar a los candidatos del gobierno a hablar de lo que más los incomoda: la economía (ese cuerpo moribundo que parece reposar en un dólar contenido a fuerza de sangre, sudor, intereses y operaciones mediáticas).

Entre las medidas, se cuentan medicamentos gratis para los jubilados, aumento inmediato del 20% de las jubilaciones, convocatoria a reformular paritarias por esa suba, desdolarización de las tarifas y segmentación diferencial para las pequeñas y medianas empresas, y finalmente un precio del dólar más alto al actual.

Sin ser un plan de gobierno, y con la distancia que debemos tomar estas promesas de campaña, vale subrayar que se sostienen a partir de proponer una reducción a la mitad de las tasas de las LeLIQ (las Letras de Liquidez del Banco Central, que actualmente están alrededor del 60%). Alquimia financiera que buscó secar la economía de pesos para impulsar altas tasas de interés en los plazos fijos y así evitar que los excedentes de dinero local sean usados para comprar dólares. El resultado: una gigantesca bomba que crece día a día por más de un billón.

El presidente que asuma en diciembre enfrentará, como Néstor, una realidad colmada de complejidades, innumerables condicionalidades y escandalosas urgencias. Estará en quien sea el elegido para que podamos descubrir si, sea quien sea, asume el desafío de no resignarse o si es más de lo mismo con renovado atuendo.

Lo único claro es que será un presidente que solo no podrá. Y allí radica el punto en donde mayor temor, duda y expectativa debemos tener.

[i] Licenciado en Letras (UBA) y peronólogo en los ratos libres

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