¿Transición o continuidad?

Por Cristian Taborda

Las elecciones presidenciales abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) celebradas el 11 de agosto consagraron a Alberto Fernández como el precandidato más votado con el 47% de los votos frente al 32% de Mauricio Macri, resultado inesperado por la amplia diferencia imprevista por todas las encuestas. Esta elección dejó posicionado al candidato del Frente de Todos como potencial presidente con un resultado prácticamente imposible de revertir por parte del oficialismo, ahogado en una crisis económica profunda.

La mega devaluación pergeñada el día posterior a los comicios donde el banco central (BCRA) tomó la decisión de no intervenir en el mercado según los dichos del economista y ex presidente del BCRA, durante la gestión de Néstor Kirchner, Martín Redrado, provocó una inestabilidad económica y política. El hecho remontó a los argentinos a memorias del pasado, donde el poder formal estaba en un lugar y el poder político en otro. Esto significa que el presidente tiene a su disposición las herramientas del Estado y la capacidad de decidir, pero carece de la autoridad, confianza y la legitimidad popular, ya que en las elecciones la mayoría optó por otro candidato, quién ahora posee la flamante legitimación y la autoridad política que le otorga la alta posibilidad ser el futuro presidente electo.

Las ingratas declaraciones del presidente en conferencia de prensa, culpando a los votantes por una “mala elección” de generar una corrida cambiaria, sumado a los dichos de otros referentes de su espacio y la crítica de los principales medios de comunicación, que lo sustentaron durante estos cuatro años de manera formidable, más el efecto de la subida del dólar, terminaron de socavar en la opinión pública y el poco capital político que le restaba a Juntos por el Cambio. Tal es así que el día sábado presentó su renuncia el ministro de economía y embajador del FMI Nicolás Dujovne.

El gobierno, hundido en una de las recesiones más profundas de la historia, con una elección en la que perdió por más de quince puntos, una devaluación del 25% en tan sólo unas horas, con la crítica de sectores aliados como el financiero y los medios de comunicación, se vio resignado a insistir con la polarización y debió recurrir al diálogo con la oposición para establecer una pax cambiaria y estabilidad financiera. En ese contexto tuvieron lugar los llamados del presidente a Alberto Fernández y la reunión de equipos técnicos con el flamante ministro de economía Hernán Lacunza.

Alberto Fernández se encuentra en una posición de poder político inimaginable y en el centro de la escena por la gran elección obtenida, con la eventualidad de poder ampliar aún más la diferencia y hacerse con un caudal de votos en la primera vuelta semejante al de Cristina Fernández en 2011. La voluntad expresada en las PASO no es otra cosa que el resultado de la convergencia de gran parte del peronismo, el claro rechazo a las políticas del macrismo y del ajuste a la población por parte del gobierno, el rechazo al retorno del FMI, a los intentos de reformas previsional y laboral, sumadas a la bronca contra los tarifazos.

El Gobierno intentará llegar a Diciembre en lo que parece ser una odisea. Ante el resultado electoral adverso, tuvo que recurrir a medidas contras las que siempre se opuso y acusó de “populistas”, como el descuento del IVA en productos básicos, congelamientos de precios y bonos salariales. También se vio forzado a recurrir a la oposición para intentar calmar al mercado y generar estabilidad. Si esto sucedió tras unas simples PASO, el día después de la elección de octubre el ejecutivo pasará a ser un fantasma, si ya no lo es, donde perderá hasta el poder formal que pasará a quien ya posee el poder político.

De no establecer el Frente de Todos un gobierno de transición que marque un piso de la crisis y genere las condiciones necesarias para una posterior recuperación económica que permita establecer un modelo económico productivo, corre el serio riesgo de que la crisis financiera formulada por el actual gobierno le explote en las manos ni bien entrado al gobierno, disparando todas las variables macroeconómicas por las nubes, con indicadores de pobreza, desempleo e inflación nunca vistos.

El riesgo de generar una continuidad en la política económica es el de sufrir las consecuencias de cambiemos en carne propia, con la gravedad de que el electorado que se opuso ampliamente contra las medidas de ajuste ya no está dispuesto a otorgar márgenes al nuevo gobierno, por lo que la insistencia en este rumbo sería intolerable para el pueblo. La transición es una necesidad si de verdad se busca un cambio de modelo económico. Si en cambio se intenta que el gobierno llegue a Diciembre, lo que habrá es continuidad en la política económica, “pan para hoy hambre para mañana”, donde el caos se desatará con la llegada del nuevo presidente.

Cabe preguntarse si Alberto Fernández será un presidente que represente la voluntad popular o un gestor de crisis que administre las finanzas. Para lo primero es necesaria una transición que le permita asumir en condiciones de poder realizar un gobierno popular en favor de los intereses de la nación y la mayoría, para lo segundo sólo necesita establecer una continuidad en el modelo económico que favorece los intereses de la oligarquía financiera y un traspaso de mando formal, ajustándose a los dictados de los fondos de inversión y medios de comunicación.

El reciente seminario de “Democracia & desarrollo” organizado por el Grupo Clarín, donde el actual presidente y el candidato del Frente de Todos respondieron a diversas preguntas, parece ser un acercamiento del poskirchnerismo al establishment contra el cual confronto en estos 16 años. La imagen de Macri y Fernández en el espacio Clarín simbólicamente parece representar un modelo de democracia liberal semejante a la de Chile, donde se suceden los traspasos presidenciales entre gobiernos socialdemócratas y neoliberales, de la centro izquierda a la centro derecha donde los ganadores siempre son la élite política y financiera, mientras la desigualdad social se perpetúa.

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