Los efectos del hundimiento

Por Patricio Ese[1]

Ante a una situación económica y social en crisis, el mes de septiembre se presenta como un particular ansiolítico frente al tratamiento de quimioterapia dura que repercutió en agosto. El shock se reflejó en una megadevaluación de la moneda, en la salida creciente y constante de los depósitos en dólares del sistema bancario, en la zozobra de un establishment desencantado, en los desvaríos de un gobierno con fecha de vencimiento y en la ambivalencia del Fondo Monetario Internacional quien, recostado en sus silencios, parece retacear por tiempo indefinido la última cuota de su ominoso préstamo. La esperanza final para un gobierno que se abate entre abrazar el ocaso hacia una reconfiguración del posmacrismo o intentar para octubre revertir lo inevitable por más imposible que pudiera suponer.

Así las cosas, a menos de 60 días de la próxima elección, en la cual el pueblo argentino deberá elegir nuevo gobierno, Hernán Lacunza, quien será probablemente el último ministro de Hacienda de Cambiemos, intenta conservar el poco margen de maniobra que le quedan a las reservas del Banco Central a través de la reposición del control a la compra y venta de dólares.

Como si quisieran corporizar la sentencia “con el cepo llegaste, con el cepo te irás”, Cambiemos cede iniciativa en todos los planos y aspira, en última instancia, a durar hasta diciembre como si fuera un enfermo con diagnóstico terminal.

Mientras la economía se asfixia con las tasas al 85%, ha preferido darnos un cóctel medicinal que combina los eufemismos de un reperfilamiento de deuda, las súplicas al FMI por el último desembolso y controles a contrarreloj para aminorar una sangría constante de dólares que puede ser mortal.

Por desgracia, el verdadero enfermo crítico es el entramado productivo y el cuerpo social a lo ancho y largo del país que hace varios días viene recibiendo golpe tras golpe ante los acelerados aumentos de precios en todos los rubros, especialmente en un ítem tan sensible como son los alimentos.

Los paliativos, anunciados como medidas que buscaban cuidar a los argentinos, resultaron insignificantes y comprometieron (más todavía) las finanzas de numerosas provincias que empezaron a litigar contra el Estado. Las cuestiones de la reducción del IVA, el congelamiento de los combustibles y la devolución de Ganancias aguardan dormidas a que el poder judicial resuelva lo que no puede solucionar el poder político en sus distintos niveles.

Si algo faltaba para vivir esta delicada situación como un verdadero revival del 2001 era que un gobernador deslizara que varias provincias evalúan la posibilidad de volver a emitir cuasimonedas. Por otro lado, la situación de las provincias y municipios se agravó por el famoso ‘reperfilamiento’: correr hacia adelante los plazos de la deuda pública en pesos. Si los diferentes gobiernos creían contar con los pesos que esos títulos reportaban en el corto plazo, se equivocaron rotundamente. Habrá menos ingresos en las arcas para seguir conteniendo una situación social que se disparó en estos primeros días de septiembre.

Como muestra de la gravedad, mientras que durante los primeros días de agosto el tema instalado eran las LELIQs y su rendimiento, hoy la emergencia alimentaria se ha convertido en la cuestión principal. Reclamada por un amplísimo arco que abarca a las cámaras empresariales que agrupan a la industria, el comercio y el campo, la Iglesia, los gobernadores, los movimientos sociales, las centrales obreras y a la oposición política.

¿Quién diría que el capital industrial concentrado, en la boca de Paolo Rocca, dejaría de hablar sobre la flexibilización laboral para pasar a poner el acento en la necesidad de dar comida y trabajo?

Primero, el gobierno optó por resistirse a declarar la emergencia y asumir que se pulverizó la plata destinada a comedores y planes de contención social. Hoy, Cambiemos accede a tratar la cuestión en el Congreso y votar afirmativamente el proyecto de ley que presentó la oposición encabezada por las diversas bancadas que se articulan en el Frente de Todos.

Suena gracioso que esta gestión ceda la iniciativa parlamentaria de un tema que podría resolver rápidamente (y evitar la demora de los tiempos parlamentarios) por decreto, cuando decidió justamente por esa via vaciar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, nombrar dos jueces de la Corte Suprema en comisión, pedir el préstamo con el FMI y modificar el régimen de ART, entre otras.

 “No somos África. No nos morimos de hambre, ni estamos famélicos”, expresó el representante del peronismo de geriátrico y candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto, mostrando un desdén para la antología del llanto. Para complementar su apreciación, pide un debate por televisión con Cristina, quien opta por dejar que el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, protagonice la escena, limitándose a recorrer el país con la presentación de su libro.

La reanudación de la campaña electoral de Alberto tuvo un preámbulo en tierras europeas. De gira por Portugal y España, fue proyectado como un virtual presidente electo. Esa fue la lectura que hicieron quienes lo trataron y recibieron, como el embajador de Uruguay en el Reino de España, que le concedió hospedaje. También fue considerado como el presidente en funciones por el primer ministro de la República Portuguesa, Antonio Costa, quien lo entrevistó para hablarle del milagro portugués y la necesidad de que el país luso sea la llave mágica para abrirles el Viejo Continente a los productos argentinos. No muy atrás quedaron el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y todas las personas que lo vitorearon en el Congreso de los Diputados de aquel país.

Condicionado por la sombra omnipresente del Fondo Monetario Internacional sobre nuestra economía y nuestras finanzas, el ganador de la ‘elección más inútil de la historia’ vislumbra años complejos en el exterior para los intereses argentinos. Por esta razón, se vuelve imperiosamente necesario encontrar apoyos que se reflejen en un contrapeso a las autoridades del FMI y al gobierno estadounidense, que tanta influencia tiene en el organismo.

Ya en tierras autóctonas, el dueño de Dylan se fue a un acto en Tucumán para volver a remarcar que es el más federal de los porteños y lograr una imagen que intente mostrar la impronta de su futura administración. Mientras Mauricio Macri se esconde, Alberto reúne en su misma mesa a las autoridades de la CGT y de la UIA. Sindicalistas, empresarios y el Estado: el clásico Pacto Social del peronismo más tradicional, versión siglo XXI posmacrista.

Más allá de las idas y vueltas de una campaña electoral atravesada por la urgencia social, lo único cierto es que septiembre nos regala un proyecto neoliberal que cierra su ciclo nefasto (como todos los demás proyectos neoliberales) en la Argentina: con los fantasmas de una dolarización de la economía y la emergencia alimentaria más extrema.

[1] Licenciado en Letras (UBA)

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