Hacia el 34º Encuentro Nacional de Mujeres: Feminismo al frente

Por Agostina Diaz[1]

La Ciudad de La Plata, será la sede anual de una marea de mujeres, trans, lesbianas, travestis y no binarixs que desarrollarán el 34º Encuentro Nacional de Mujeres con una serie de talleres, paneles y charlas transitando los tres días del encuentro con distintas temáticas de la agenda disidente, cerrando con una inmensa movilización en el centro de la Ciudad.

Los conflictos políticos, movilizaciones y diversas luchas de grupos disidentes han puesto en jaque distintos tipos de posturas y definiciones en torno a la realidad que nos rodea. En los últimos años, las exigencias de reconocimiento han incrementado y muchas de ellas han sido abordadas desde distintos paradigmas.

Podemos utilizar este evento para intentar desentrañar una disputa impuesta en el imaginario social entre las nociones de redistribución y reconocimiento. Al mismo tiempo, evidenciar que así como existen posiciones enfrentadas, también están aquellas que pretenden trabajar la articulación de las mismas. Este debate nos va a remitir a la historia del feminismo en Argentina y a su construcción desde un enfoque relacional, utilizando el concepto de Karen Offen, retomado también por Dora Barrancos.

Vamos de a poco…

En los conflictos políticos más importantes de este último tiempo, se encuentran las luchas por el reconocimiento.  Las movilizaciones que proclaman el igual trato a las disidencias identitarias alimentan la idea de reconocimiento en un mundo de innumerables desigualdades. Estas desigualdades materiales y simbólicas se engloban en el pedido de igualdad ante la diferencia.

La autora Nancy Fraser, entiende que el aumento de las exigencias de reconocimiento ante la diferencia transita un contexto de desigualdades materiales en aumento. Con esto infiere el peligro que conlleva el pedido de reconocimiento de la identidad, desestimando los intereses de igualdad económica como mecanismo principal de movilización política.

Para sostener esta afirmación distingue dos tipos de injusticias que en la práctica cotidiana se entrecruzan: la injusticia socioeconómica y la cultural o simbólica. La primera tiene que ver con la marginación económica y la privación de los bienes materiales indispensables para llevar una vida digna. La segunda está arraigada a la reproducción de los patrones sociales de representación, interpretación y comunicación, tales como las desaprobaciones físicas, las agresiones a la identidad, etc.

Al respecto, la autora va a proponer una salida integradora bajo una teoría crítica del reconocimiento, defendiendo solo aquellas posturas que puedan combinarse con la política social de la igualdad.

La visión crítica del reconocimiento que postula Fraser, es posible de ser articulada con aspectos de la historia del feminismo argentino. Por tanto, se puede relacionar con lo que la historiadora Karen Offen distingue como argumentos del feminismo “relacionalista” frente a los postulados del feminismo “individualista”, utilizados por mujeres y aliados para apoyar la emancipación de la mujer del control ejercido por el hombre en las sociedades occidentales.

Génesis de los conceptos

La postura individualista, de tradición angloamericana y norteamericana, proponía en sus comienzos un modelo de construcción de sociedad de igualdad de derechos de hombres y mujeres, sin cuestionar de base el modelo de construcción masculina de sociedad. Históricamente, afirma la autora, esta postura partía de la emulación de un modelo del individuo que otros creían operativamente masculino.

En el caso de la postura relacional, vinculada al pensamiento europeo alemán, francés, casi hegemónicamente (antes de Simone de Beauvoir), entre otros, entendían a la mujer desde el aporte particular que realizaba a la sociedad, esto las hacía puntualizar más en las ideas de lo femenino, la maternidad, la familia y desde allí buscaban el reconocimiento del Estado en cuestiones que este no contemplaba como las tareas del cuidado.

Los argumentos de la tradición feminista relacional proponían una visión de la organización social fundada en el género, pero igualitaria, la unidad básica tenia de centro a la sociedad. El enfoque “individualista” en cambio, presenta al individuo, con independencia del sexo o género, como unidad básica.  Esta ultima tradición, es la que se ha tomado como modelo en gran parte del debate que los historiadores han sostenidos sobre el feminismo

En el caso de Argentina, el recorrido histórico que realiza Dora Barrancos, partiendo de la lucha por el voto femenino, recorre una argumentación relacional. El peronismo, también entendido desde este lugar, realiza un proceso politización de mujeres trabajadoras a través de los sindicatos y el Partido Peronista Femenino, íntegramente relacionado a la Fundación Eva Perón y a la noción de justicia social.  A su vez, la resistencia de Madres y Abuelas en el reclamo por sus familias, sus hijos desaparecidos en el terrorismo de estado y la recuperación del estado de derecho, se vinculan también a esta idea.

En contextos de crisis, las luchas piqueteras, el liderazgo de las mujeres en comedores barriales y la posición al frente de la contención de sus familias que transitaban la desocupación, muestra una tradición organizativa, vinculada a las necesidades históricas y el lugar que se ha ocupado en términos políticos y económicos.

En la praxis política, el uso del Estado estuvo vinculado con la postura relacional del feminismo, que encontraba en este un mecanismo para reducir vulnerabilidades cotidianas y exclusiones, a diferencia del feminismo individualista entendido desde una postura de independencia personal.

Como consecuencia, la vista crítica a estos entramados cotidianos se conjuga con las victorias legales y reivindicaciones políticas logradas mediante roles postulados socialmente, lo que vuelve aún más rica y no menos compleja la construcción de un feminismo que se proyecta y piensa particularmente en Argentina.

Nuevas formas de participación política y resistencias, la solidaridad social para entrelazar demandas

Como corolario de esto el 34º Encuentro Nacional de Mujeres, es uno de los mecanismos para recoger la totalidad de las demandas del movimiento, mediante la solidaridad en un evento cooperativo que nuclea a mujeres diversas en lazo con sexualidades, etnias y cuerpos, para revalorizar, fomentar y articular mediante el aprendizaje conjunto nuevas formas de participación política y resistencias. Al igual que la disputa sobre redistribución y reconocimiento, es encontrar los puntos reconciliables de ambas posturas para construir un lugar por fuera del discurso político e intelectual del varón.

Recuperar lo mejor de ambas tradiciones del feminismo implica combatir el discurso neoliberal que se ha apropiado de ambas tradiciones para “vender” desde el individualismo la emancipación a partir de la realización personal, en una teoría que no reconoce géneros para no cuestionar desigualdades. Por otro lado, valorizar al feminismo relacional implica repensar la feminidad desde las propias disidencias, revalorizar las tareas cotidianas de las mujeres cargándolas de contenido político y  entrelazándolas  también con una idea de libertad humana que subyace en la tradición individualista.

[1] Lic. en Ciencia Política (UNLaM)

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