América del Sur: Entre el globalismo, el caos y un nuevo orden (Parte I)

Por Cristian Taborda

«Antes que todas las cosas, en un comienzo,
fue el infinito Caos».

Hesiodo.

“Tras el Caos, surgió Gea” dice Hesíodo en su Teogonía. Del vacío surge la tierra, lo sólido, lo permanente, de lo indeterminado lo determinado. Del desorden, el vacío y la nada, aparece la materia, la forma, el orden.

La Doctrina Breitbart Reza: “Si quieres hacer cambios profundos en la sociedad, primero hay que fragmentarla”. Generar la anarquía para que llegue el orden.

Trump y el nuevo orden

La llegada de Donald Trump al gobierno de EEUU rompió con la política exterior de Obama, como un rayo partió la visión institucionalista e implicó un cambio profundo en la política internacional: el proceso de desglobalización. El capital nacional norteamericano reaccionó al avasallamiento contra sus intereses que llevaba a cabo la globalización y el capital financiero transnacional.

La decisión de determinar claramente al nuevo enemigo marca un cambio en las categorías que se tenían sobre los conceptos políticos de la modernidad, los entierra en el pasado. Desde que EEUU surge como hegemonía, distintos han sido los elegidos como enemigos de esa nación, el comunismo fue el más claro, pero una vez caído el muro de Berlín, habría de quedarse sin rival a confrontar y que afirmara su identidad.

Surgió entonces el terrorismo como nueva amenaza que culmina con los atentados a las torres gemelas y la teoría del “Choque de civilizaciones” de Huntington, donde se posiciona al islam y los musulmanes como nueva hostilidad. Otro suceso sacudió el tablero geopolítico en 2008 con la crisis económica provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria de los créditos subprime, a la que le sucedió la quiebra de la banca Lehmans Brothers. Con ella sale a la luz y queda expuesta la codicia ilimitada la élite financiera, las miserias de la globalización y un rechazo hacia ese sistema que para seguir funcionando necesitó un salvataje del Estado, auspiciado por el presidente George Bush.

Trump logró hacer una síntesis de los problemas que acarreaba EEUU en su conjunto y establecer como conclusión que el problema era la globalización, que perjudicó claramente a los estadounidenses, al Estado y los empresarios nacionales, favoreciendo al resto del mundo. Surge aquí como nuevo enemigo (el de mayor consistencia desde la derrota del comunismo) el ‘globalismo’, representado por corporaciones transnacionales, grandes bancos de inversión, medios de comunicación y ONGs, que son señalados por el presidente norteamericano como generadores de desempleo, y por atentar contra los valores, la tradición, y fomentar la migración. Se le suma el nuevo eje del mal conformado por Venezuela, Irán y la siempre presente Cuba, para revivir el fantasma del comunismo cuando sea necesario.

Si durante el siglo XX el debate ideológico giro entre izquierda y derecha, comunismo y capitalismo, y luego de la caída del muro entre socialdemocracia y neoliberalismo, hoy se inicia una nueva era representada por el conflicto entre nacionalismo o globalización, soberanía contra globalismo, populismo o progresismo. Es el pueblo, construido por trabajadores, desempleados, marginados y clases medias (con distintas ideas que van de la izquierda a la derecha), con el buen visto y apoyo de sectores como la Iglesia, empresas nacionales y sindicatos, el que se enfrenta a una élite financiera representada por el capital transnacional, organismos supranacionales, bancos, medios de comunicación y una nueva clase media y media alta cosmopolita.

Cinco son los factores que terminan de socavar la visión ideológica moderna del mundo: la revolución tecnológica con la aparición de internet y los mass media, la caída del muro de Berlín, el atentado a las Torres Gemelas, la crisis de 2008 y la llegada de Donald Trump. Estos hechos trasladaron la discusión política en torno a la implementación de las nuevas tecnologías y su rol, el incremento de la seguridad de las naciones ante el terrorismo, la protección e impulso de la economía nacional (incentivada por la crisis y contra el desempleo), la conservación de la identidad ante el avance de la migración y la crítica a las deficiencias de la globalización tan mentada.

Steve Bannon: Divide y reinaras

Breitbart news es un portal de noticias vinculado a Steve Bannon, ex empleado de Goldman Sachs y asesor estrella en la campaña de Trump junto a Stephen Miller, Bannon denominó al portal como “una plataforma para la derecha alternativa (All-Right)”. Breitbart, fundado en 2007, empezó desde abajo en la revolución de los nuevos medios digitales. Fue pionero en las deep fakes y funciona como maquinaria ideológica mediante difusión de noticias y contenidos alternativos a los medios tradicionales, dominados por las ideas de la globalización. Es una respuesta al mundo cosmopolita y a la izquierda progresista.

Steve Bannon fue clave en la campaña presidencial de Trump y responsable de hacerlo alcanzar la victoria. Luego de notar el éxito de su estrategia, dejó EEUU y partió rumbo a Europa a fundar “The Movement” una organización con sede en Bruselas para fomentar partidos populistas nacionalistas o de “derecha”. Tras su fundación varios partidos que se identificaban con esas ideas y tenían una expresión minoritaria tomaron trascendencia con un ascenso vertiginoso, llegando a ganar varias elecciones en Europa, reflejó de ello son Nigel Farage con el Brexit en Reino Unido, Marine Le Pen en Francia, Viktor Orban en Hungría, Matteo Salvini en Italia, y ahora la formidable elección de Vox con Santiago Abascal en España. Género la división europea entre partidos populistas de derecha y progresistas como los de Emmanuel Macron, Pedro Sánchez o Jeremy Corbyn, entre otros.

Las ideas de esta organización se referencian en resaltar la identidad Nacional, la soberanía, la oposición a la ideología de género, el apego a los valores judeocristianos y las políticas anti-migratorias, con políticas económicas variadas desde el proteccionismo al absoluto libre mercado, encabezadas por líderes carismáticos y políticamente incorrectos.

Con la fragmentación ideológica en Europa consolidada, el objetivo de establecer un nuevo eje populista se trasladó a América del Sur. El máximo exponente de las ideas de The Movement en nuestra región, que logró llegar al poder de manera inesperada tras el encarcelamiento de Lula da Silva, fue Jair Bolsonaro. El presidente de Brasil fue asesorado por Steve Bannon y hoy es el mayor aliado de EEUU en la región, emulando a Trump en lo discursivo y lo político, aunque no en lo económico.

Bannon estuvo por Argentina a  principios de año, de vínculos con Cynthia Hotton, asesoró durante la reciente campaña a Gómez Centurión, que tuvo una elección insustancial debido a la alta polarización, las pocas propuestas y a su la personalidad carente de carisma, pero el método y el discurso fueron el mismo que en el resto: exaltación de los valores, la idea de identidad, eje en la seguridad y el apoyo de sectores evangélicos, vinculado a la cuestión de oposición con respecto a la ley del aborto.

El intento de consolidar en nuestra región líderes políticos y partidos con estas características importadas es llevada a cabo por una coordinación entre Iglesias evangélicas, agencias derivadas del departamento de estado y la agitación por redes sociales (el caso Cambridge Analytica es una muestra). Es clave el rol de estos tres factores para la organización del método de movilización social.

Tanto los sucesos en Bolivia, como en Chile, nos muestran una división social y un Estado de anomia pocas veces visto. Es el fin de un sistema político basado en la alternancia entre gobiernos socialdemócratas y neoliberalismo. En el país trasandino, el gobierno perdió legitimidad y el control está en manos de militares, sin una salida esclarecedora a la vista. El mismo estado de anomia se ve en Bolivia, con el agravante del híbrido golpe de estado a Evo Morales, con características peculiares. La decisión militar de no hacerse cargo del Poder Ejecutivo, garantizar el orden mediante la Fuerza policial y la remoción de los mandos por la autoproclamada presidente Jeanine Añez, como algunos afirman. tiene más características de un “motín”, una acción repetida en la historia boliviana. Lo que aquí no ponemos en dudas es la interrupción del orden constitucional.

Se trata de dos sociedades sumergidas en el caos y el desorden con gobiernos afectados por la violencia de las manifestaciones. Aquí se ve una fragmentación social mucho más profunda que en Europa, donde también hay momentos de caos, como cuando sucedió la irrupción de los “chalecos amarillos”. Es un nuevo un factor que se repite a nivel global, las revueltas con carácter insurreccional de las clases medias. No es ilógico esperar la llegada de un nuevo orden ante los momentos de caos, y es allí donde operan los nuevos ideólogos de la política como Steve Bannon y George Soros, los cuales son hoy los principales exponentes ideológicos de dos proyectos de sociedad antagónicos.

George Soros y el globalismo

George Soros es un multimillonario húngaro reconocido por quebrar el Banco de Inglaterra con una corrida cambiaria especulando contra la libra esterlina, fundador de la Open Society Foundation y cooperador de Human Rights Watch. Dos de las organizaciones más influyentes del mundo, que se encargan de financiar distintas causas vinculadas a los derechos humanos, de las minorías y el feminismo. Un filántropo que propone políticas progresistas y una sociedad abierta basada en la idea liberal de Karl Popper; uno de los mayores exponentes del globalismo y declarado enemigo de Donald Trump. Recientemente en una entrevista al New York Times prometió “una marea globalista para 2020” y declaró “El arco de la historia no sigue su propio curso. Tiene que doblarse”, finalmente agregó: “Estoy realmente comprometido en tratar de doblarlo en la dirección correcta”.

No es distinto el método de presión utilizado por los movimientos afines al progresismo de Soros que el de Bannon, con la diferencia de un amplio apoyo de los medios de comunicación y las denominadas “minorías” sociales, y la sustitución de Iglesias evangélicas por ONGs.

El progresismo utiliza como instrumentos de adoctrinamiento y movilización a ONGs y fundaciones promovidas y financiadas por corporaciones globalistas. Mientras el “nacionalismo” supremacista hace uso de Iglesias y grupos evangelistas, y asociaciones civiles promovidas y financiadas por el Departamento de Estado norteamericano. Son dos ideologías que dicen contraponerse, pero responden a un mismo interés: el “Dios dinero”.

El próximo año, Trump enfrentará elecciones presidenciales, y tendrá que revalidar su mandato en medio de intentos de un juicio político impulsado por los demócratas (representantes de la élite financiera globalista), donde ya la cámara de representantes aprobó las reglas del impeachment, a causa de unas escuchas con el presidente de Ucrania, donde se lo acusa de supuestamente presionar a Volodymyr Zelensky, para que abriera una investigación sobre el ex vicepresidente Joe Biden, y su hijo Hunter, quien había fungido en la Junta de Directores de una empresa de gas ucraniana.

La pelea contra el globalismo le trae consecuencias a Trump, y para llevarla a cabo se necesita de aliados. Durante la década pasada América Latina estableció fuerte relaciones comerciales con China, diversas ONGs internacionales vinculadas a Soros, y compromisos con organismos supranacionales (que responden a la oligarquía financiera). Además, se establecieron gobiernos populistas y progresistas hostiles a varias políticas de EEUU. Es notorio que para los intereses del Deep State y el Departamento de Estado, algunos países implican un obstáculo. Ya la historia ha demostrado cómo influyó EEUU en los asuntos políticos de América Latina estableciendo cambios profundos de raíz para reconfigurar el mapa político.

El mensaje de Trump sobre la situación boliviana apoyando a los militares y la oposición marca una fuerte postura ante la situación. La figura de Camacho es bastante significativa con una impronta similar a la de Bolsonaro. La Senadora Jeanine Añez sin Quórum del congreso autoproclamandose Presidenta interina, presentándose con líderes opositores, apoyo de las Fuerzas Armadas y mostrando la Biblia ante las cámaras en una especie de Revival de Guaido marca toda una simbología.

Mass media: Imagen, consumo y deseo

Para comprender lo que sucede en América es necesario entender la revolución tecnológica, que modificó los hábitos y principalmente la comunicación, ya que el dominio de la imagen por los medios de comunicación es el asalto de lo simbólico en el mundo real.

Martin Heidegger en la filosofía y Giovanni Sartori en la ciencia política fueron quienes mejor comprendieron y desarrollaron una teoría rol de la imagen en el mundo moderno en sus respectivas áreas. La cultura del consumo y el deseo, infundada desde el centro de poder, intenta homogeneizar las diversas formas de ser en la tierra de los pueblos. La difusión de la imagen de una cultura que expone el hedonismo, el lujo, el culto al dinero, y la satisfacción inmediata desde el arte, el cine, series y la música provoca un bombardeo psico-cultural sobre la población, una población alejada de ese mundo simbólico por su realidad objetiva y condenada a largas horas de trabajo y la deuda, otro de los puntos de inflexión.

El mundo simbólico exhibe masivamente los lujos y la ostentación a la que las clases medias no tienen acceso. La nueva clase alta progresista y cosmopolita, que rechaza las tradiciones por lo inmediato, la religión por la espiritualidad New Age, la familia por el individualismo, intenta imponer su neocultura por la fuerza simbólica de la propaganda difundida desde los principales medios de comunicación.

La apatía hacia los políticos por parte de la población tras los fracasos liberales de los ’90, las crisis políticas de representatividad de los 2000 y luego la inconformidad con los gobiernos progresistas generaron un clima de escepticismo y nihilismo principalmente en jóvenes que no logran cumplir sus expectativas ni alcanzar los niveles de consumo que impone el mercado, ha generado una combustión que explota ante el menor conflicto.

 La desigualdad es la causa madre de todos estos estallidos. Esta nueva clase alta y su culto hedonista radicalizado no hizo más que acentuar la diferencia y generar una ilusión de que ese es el verdadero mundo, inalcanzable para las clases bajas y costoso para las capas medias.

América del Sur y la teoría del “caos controlado”

La fragmentación social, primero en lo económico debido a la desigualdad, y ahora política en el marco ideológico, nos llevan a pensar que el caos y el desorden son causa y no consecuencia, que la configuración política parece ser una cuestión geoestratégica para insertar a América en el nuevo marco internacional. Un nuevo orden.

Steven Mann es un cientista político experto en política exterior estadounidense, que desarrolló la “teoría del caos controlado” cuyo objetivo es asegurar y promover los intereses nacionales de los Estados Unidos. En un artículo titulado “Chaos Theory and Strategic Thought /Parameters” (Teoría del Caos y Pensamiento Estratégico / Parámetros) plantea que:

“Cada actor en los sistemas políticamente críticos crea energía de conflicto, lo que provoca un cambio en el statu-quo, participando así en la creación de una situación crítica… y cualquier curso de acción lleva el estado de cosas a una reorganización cataclísmica inevitable”.

La idea fundamental que surge del pensamiento de Mann es llevar el sistema a un estado de “criticidad política”. Entonces el sistema, dadas ciertas condiciones, entrará inevitablemente en el caos y la “transformación”. Mann también escribe que “Dada la ventaja de los Estados Unidos en las comunicaciones y la creciente capacidad de movilidad global, el virus (en el sentido de una infección ideológica) será auto-replicante y se expandirá de forma caótica. Por lo tanto, nuestra seguridad nacional será preservada”. Y luego: “Esta es la única manera de establecer un orden mundial a largo plazo. Si no podemos lograr un cambio ideológico en el mundo entero, tendremos solamente períodos esporádicos de calma entre transformaciones catastróficas”.

El caos controlado es un neocolonialismo que transforma a los países en proveedores de recursos para el primer mundo. Con el objetivo de tomar el control de un país o región e impedir que logre su propio desarrollo. América se encuentra en medio de una disputa entre intereses extranjeros que aprovechan el caos para poder imponer un orden a su suerte. Años de desigualdad económica potencian el conflicto sumado a la falta de una visión geopolítica y continental de sus dirigentes.

Ante el acecho económico de Trump y Xi Jinping, y el embate ideológico de Bannon y Soros, uno con la propuesta de un nacionalismo supremacista por un lado y la idea de un progresismo cosmopolita por el otro, América debe proponer una salida política y económica integral que supere los nuevos neo imperialismos ideológicos y el totalitarismo económico del libre mercado.

Sin caer en esas falsas dicotomías que responden a los mismos intereses del capital financiero transnacional o a las grandes potencias en pugna, América debe avanzar hacia el futuro superando al globalismo y el nacionalismo, tal como menciona el Papa Francisco. Una propuesta política que genere un diálogo interreligioso y cultural, que contenga los valores tradicionales de Fe, familia, y patria, junto a los ideales progresistas de justicia social, inclusión e igualdad. Un populismo integral o un nacionalismo popular que lleven consigo las ideas de identidad, soberanía y nación, con un proyecto nacional y un modelo sustentable. En el marco de una democracia integral en lo institucional y una República popular en lo constitucional.

Remontándonos a la historia de Roma, recordando como Maquiavelo describía la lucha del pueblo por no ser dominado por “Los Grandes”, confiamos nuestra esperanza en que los pueblos encuentren su destino y bienestar alejados de otros intereses que no sean los propios, haciendo memoria con una cita del Florentino: “De los tumultos surgieron en Roma todas las buenas leyes”.

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