El festejo y después

Por Patricio Ese[1]

El clima de triunfo, festejos y alegría popular vivido desde el 10 de diciembre en la asunción presidencial nos ha dejado tantas imágenes vertiginosas que es difícil no perder alguna.

Un presidente que conducía su propio automóvil en dirección al Congreso para prestar juramento.

Una vicepresidenta saliente en silla de ruedas disfrutando los mimos de ser conducida por el futuro presidente y hablando simpáticamente con Cristina.

Una Marchita insoportablemente viva cantada a capela en la Asamblea Legislativa.

Una bandera del Orgullo que sobresalía del bolsillo del traje del hijo del presidente.

Un presidente saliente que tendrá un lugar en la cloaca de la Historia.

Un discurso presidencial que puso énfasis en los ‘sótanos’ de la democracia: la Justicia y los servicios de Inteligencia.

Un día de calor para el infarto, en donde los 38° grados lograban hacernos transpirar como nunca en la vida.

Un festival maravilloso por la emoción de retrotraerse en similitudes a otros tantos festivales que los gobiernos kirchneristas han brindado en Plaza de Mayo.

Un Ministerio de Salud que vuelve. Un Ministerio de Cultura, de Trabajo y de Ciencia, que también vuelven.

Un Ministerio de Equidad que se inaugura.

Un Axel jurando en la Provincia.

Un Evo Morales recién llegado al país como asilado político.

Una Eva Duarte que se enciende desde el Ministerio de Salud después de 4 años de la decisión macrista de mantenerla en la oscuridad.

Un país que se ilusiona con ponerse de pie.

Son muy pocas las noches en que uno puede permitirse levantar la cabeza al cielo y pensar, entre lágrimas y torbellino de emociones, que la noche estaba más linda que la noche anterior.

Y mucho más linda que cada una de las noches de estos 4 insensibles años.

Porque la belleza de aquella noche y de las que vendrán se encuentra en la alegría contenida que nos permitimos exteriorizar masivamente. Esta alegría limpia la angustia lacerante que padecimos este tiempo de ajuste que queremos dejar atrás. Venimos cargando una brutal campaña de difamación permanente sobre nuestros dirigentes, nuestros referentes y, en definitiva, sobre nuestro pueblo y su capacidad de soñar.

La belleza del 10 de diciembre también la está en la resistencia a pura voluntad y el reencuentro con esos líderes que, como si los años se hubieran detenido desde el 2015, vuelven a hablarnos de patria, de proyecto de país, de derechos, de Pueblo con mayúsculas. Escucharlos es recuperar la capacidad de soñar.

Cuando se experimenta un orgasmo colectivo tan grande, es difícil reponerse. Pero, debemos hacerlo lo más rápido posible, porque otros aguardan en inquietante silencio. Mientras muchas de nosotras y nosotros no terminamos de caer en la inmensidad de haber vivido una de las noches más intensas de nuestras vidas, se encienden tenues alarmas que quieren enturbiar el escenario y marcarnos la cancha.

Las sociedades latinoamericanas tienen muchas grietas. Heridas mal cicatrizadas que arrastramos desde nuestro pasado colonial, tiempo de mixturas, contradicciones, monstruos y supersticiones. Pero, en la profundidad de nuestra grieta actual, está la renta del complejo sojero.

Por eso, como si fueran extraterrestres sin memoria ni sensibilidad, los ruralistas muestran los dientes ante la modificación en el esquema de retenciones a las oleaginosas.

Bajo las espesas capas que forman los medios hegemónicos de comunicación y su periodismo de guerra, después del lawfare, de la inflación, del dólar, del hambre, de la incidencia de la Embajada, de la marginalidad social sistémica, de la deuda, del discurso de la meritocracia, y de todo lo que ha venido pasando desde hace 20 años, está la renta del complejo sojero. Siempre lo estuvo

Como una partida de ajedrez que aún se sigue jugando a pesar de que las jugadas pueden durar años, la renta sojera es la clave de los problemas, soluciones y contradicciones de este país. Las piezas de este juego nacional pueden reemplazarse. También pueden cambiar de bando y revivir. Pero los jugadores siempre son dos.

Hoy acompañan al gobierno popular bastantes referentes políticos, económicos y sociales que se habían encolumnado tras las patronales agropecuarias en el agitado 2008.

¿Será suficiente para quebrar esta disputa histórica, cimientos de la sucesión de dicotomías Kirchnerismo-Antikirchnerismo, Peronismo-Antiperonismo, Liberación-Dependencia, Populismo-Neoliberalismo, y Derechos-Privilegios?

La respuesta ante este porvenir complejo la anticipó Cristina en su discurso de cierre cuando, mirando a los ojos al nuevo presidente de todxs, sentenció:

Presidente, confíe en su Pueblo…

Y podemos atrevernos a agregar humildemente desde aquí sin temor a equivocarnos:

…porque la palabra de su Pueblo es la más maravillosa música que puede llevarse en sus oídos, como dijo el General.

[1] Licenciado en Letras (UBA).

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