Alberto Fernández: apertura, citas y señales

Por Cristian Secul Giusti

A poco de cumplir los primeros 100 días de gestión, el presidente Alberto Fernández realizó el discurso 138 de apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación. Sin negar su carácter profundizador, el mensaje remarcó lo dicho en la asunción y se orientó al despliegue de un plan a futuro, marcando una retórica de recuperaciones históricas y menciones a un pasado común, atravesado por la crisis que se actualiza con las problemáticas del presente.

Los pilares fundamentales fueron la lucha contra la pobreza, la negociación por la deuda, la reactivación de la productividad del país y los proyectos de reforma judicial y de legalización del aborto. En esa línea, también marcó un compromiso para dar continuidad a la defensa de la paz en la región y el apoyo a la integración económica en América Latina. 

En relación a la crisis que generó el macrismo, Fernández se refirió a la fuga de capitales y remarcó que fueron “prácticas reñidas de cualquier tipo de progreso, para endeudarse solo para el beneficio de prestamistas”. Sobre este punto, resaltó que “hay que averiguar qué pasó y quiénes se beneficiaron con esas prácticas. Nunca más a un endeudamiento insostenible y a la puerta giratoria de dólares que dejaron tierra arrasada”. 

En materia económica, destacó la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y subrayó la lucha contra inflación, la desocupación y el déficit fiscal. “La ley de emergencia económica fue el punto de arranque”, señaló. Y señaló la importancia de “levantar a los caídos” y avanzar con la “Ley de solidaridad social y reactivación productiva en el marco de la emergencia pública”. En estos términos, la pelea contra el hambre se mantiene como el punto máximo para continuar con una política de “pacto social” y contrato de ida y vuelta. 

Tres estaciones de la democracia

El discurso de Fernández permite trazar un diálogo con tres momentos críticos de nuestra recuperada democracia, referidos a la crisis de las instituciones y, sobre todo, al del estado de situación recibido por su anterior gobierno. Si bien la intertextualidad con las citas de Juan Domingo Perón siempre se encuentran presentes, en este caso, el punto estuvo puesto en la criticidad y la búsqueda de una estabilidad política y económica. 

Por tanto, la relación con los discursos congresistas de los ex presidentes Raúl Alfonsín (1983), Eduardo Duhalde (2002) y Néstor Kirchner (2004) construyen un hilo de temáticas comunes, intereses similares y abordajes semejantes que varían conforme a los diferentes contextos de enunciación. La crisis económica es el vínculo directo. Sin embargo, la noción variada de diálogo, consenso, acuerdo y compromiso es la punta de lanza que unifica los tres momentos, atravesados por una lógica política de refundación y reconstrucción. 

1 de mayo de 1984, Alfonsín habló cerca de dos horas y describió la situación en la que encontró el país tras más de siete años de dictadura militar. Su mensaje estuvo destinado a puntualizar lo recibido y a trabajar las expectativas, con citas del evangelio según Mateo y de Santo Tomás de Aquino (Alberto hizo referencia al Papa Francisco). “Sin engaños, sin recursos tácticos, sin verdades a medias, con una sinceridad absoluta de corazón, podremos encontrarnos los argentinos. La grave crisis que estamos viviendo exige el sacrificio de renunciar a ventajas ocasionales y aceptar una búsqueda común de la verdad”, dijo el líder radical. 

El 1 de marzo de 2002, Eduardo Duhalde resumió en 40 minutos sus objetivos de gobierno (que llevaba dos meses tras la caída de Fernando de la Rúa y la salida de la convertibilidad). En ese escenario, el mandatario subrayó las problemáticas generadas en otras administraciones, remarcando la asfixia económica del país. Desde ese plano, enfatizó que su trabajo era de orden y “transición” y llamó a reconstruir y refundar la república. “La dolarización es el proyecto de los poderosos, de los que no tienen sus intereses atados y comprometidos con la Patria”, sostuvo en uno de los lapsos clave de su exposición. 

El 1 de mayo de 2004, y a días de cumplirse su primer año como presidente, Néstor Kirchner habló poco más de una hora, hizo énfasis en la recuperación de las riendas del país, la reconstrucción de la matriz económica, la reparación de los lazos sociales perdidos y la necesidad de trabajar sobre el pilar de la “Memoria, verdad y justicia” para desmontar toda lógica de impunidad. La temática de la deuda fue fundamental en su discurso y la mención al Fondo Monetario Internacional (FMI) se vinculó con la acusación de no negociar con buena fe. “No queremos persistir en el default, pero la más fría racionalidad indica que las recetas del pasado no pueden aplicarse”, señaló el Jefe de Estado. 

Señales y distinciones

Los ejes centrales del discurso de Alberto Fernández se sostienen en tres demandas particulares que siguen una línea más propia. En este caso, puntualizó en el combate contra “los sótanos de la democracia” y la impunidad de los Servicios de Inteligencia que operan activamente desde la finalización de la dictadura militar en 1983; planteó el debate para reformar la Justicia Federal y enfatizó en el proyecto que busca legalizar la Interrupción Voluntaria del Embarazo. 

En cuanto a los servicios de inteligencia, el mandatario dijo que impulsará un decreto para limitar la acción de los espías y revisar las colaboraciones existentes entre los civiles, las fuerzas policiales y la justicia federal. “Terminamos con el oscurantismo que imperó en estos años. Pusimos fin a la norma que tornó severo al financiamiento del organismo. Ahora, como consecuencia de esas medidas, más del 90% del dinero que el gobierno anterior había declarado como fondos reservados se han transparentando y vuelto a hacer públicos”, sostuvo. 

En lo que refiere a la promesa de reforma judicial, destacó que pretende el cierre de “la manipulación judicial y a la designación de jueces amigos”. Y, sobre esa misma línea, añadió: “Los delitos contra la administración pública dejarán de estar en manos de pocos jueces. Pasarán a ser juzgados por más de medio centenar de magistrados”.

En lo que respecta a la discusión por el aborto y la movilización generada a partir del proyecto que no pudo obtener su sanción total en 2018, señaló que “la legislación vigente no es efectiva”. Y en uno de los momentos más esperados y emotivos de su discurso, agregó: “En el siglo XXI todo Estado debe comprender las necesidades individuales de cada uno. Por eso en los próximos diez días presentaré un proyecto de ley que legalice el aborto”.

Por último, a modo de señal y distinción para recuperar la historicidad y la proyección en común como sociedad, Alberto Fernández recordó la figura de Manuel Belgrano. Desde ese plano, retomó su rol esencial para repensar los próximos acuerdos y los caminos en conjunto para consensuar nociones a futuro. La apelación al prócer no es menor porque revitaliza conceptos que fueron destacados en el inicio de su discurso: la importancia de las palabras, la revalorización de la valentía como desafío y la honestidad como herramienta para efectuar las batallas necesarias en un escenario de crisis. 

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