La jugada de Vladimir

Por Cristopher Cardarelli[1] y Emiliano Delucchi[2]

El barril de petróleo pasó de 60 dólares a mediados de enero a 32 dólares al día de la fecha, lo que constituye la máxima caída en los últimos 30 años. El desmoronamiento se dió en un contexto en el que Rusia y Arabia saudita (2do y 3er productores a nivel global) no se pusieron de acuerdo en recortar la producción para mantener el precio elevado. A esto se le suma la especulación con una merma en la demanda a nivel global producto del Coronavirus, lo que hace suponer a los mercados que en el futuro cercano sobrará crudo.

Precio del petroleo

El portazo de Vladimir

Hace pocas semanas, los miembros de la Organización de países exportadores de petróleo (OPEP) más otros exportadores de peso se reunieron en Viena, con el objetivo de reducir la producción 1,5 millones de barriles diarios, pero las negociaciones no tuvieron éxito, y el principal responsable del fracaso fue Rusia. La pregunta obligada es ¿Por qué?

Vale recordar que la OPEP se creó en Bagdad en los años 60 como instrumento de negociación de los entonces débiles estados productores frente a las potencias, en un contexto de guerra fría. Al día de hoy, la organización está conformada por 15 países pertenecientes a África y oriente medio, a los que se suman Venezuela y Ecuador en América del sur. En su conjunto, manejan casi la mitad del flujo total petrolero a nivel global y poseen el 80% de las reservas totales. Si bien la federación rusa no pertenece oficialmente, su capacidad de influencia y poderío económico y militar la convierten en un jugador de peso.

Una primera lectura que podemos hacer es de carácter local para Rusia. El empresariado ruso observa como se viene esfumando la posibilidad de expandirse a través de mayores inversiones y a su vez el gobierno se ve imposibilitado de percibir los beneficios de las mismas.

Sin embargo, se puede realizar una segunda lectura que no eclipsa a la inicial. Todo indica que la decisión también tiene una fuerte cuota geopolítica y estratégica. ¿El objetivo? el shale estadounidense. Ante el crecimiento exponencial de la industria petrolera norteamericana (un aumento del 86% en la producción en los últimos 10 años frente a tan solo 10% del crecimiento ruso) el gigante asiático cree que una merma en la producción podría hacer que sus empresas pierdan cuotas de mercado frente a la competencia yanqui.

Produccion de Petroleo EEUU

Las minas de oro negro

La potencia norteamericana pasó de ser una nación completamente dependiente a estar cerca del autoabastecimiento, ya que produce 15 millones de barriles diarios de los 22 que utiliza, e incluso comenzó a exportar. En un giro inesperado, en 2015 levantó la prohibición de exportaciones de crudo que regía desde los años 70, y se consolidó como uno de los mayores vendedores en tan solo una década.

Los relevamientos en torno a la conversión energética estadounidense señalan que la región más importante (y en continuo crecimiento desde que se presentaron considerables avances en fracking) es la Cuenca Pérmica en Texas, que produce por sobre los 4 millones de barriles diarios (más que Irán y Venezuela juntos). Sin embargo, desde la abrupta caída del precio del petróleo empresas clave como DiamondBack Energy y Parsley Energy anunciaron una reducción en los niveles de producción.

Sin embargo, no todo es color de rosas para los estadounidenses, ya que el 63% del crudo generado es shale (se hace con fracking) por lo que su costo de producción es elevado. Se estima que este tipo de industria solamente es rentable con el precio del barril por encima de los 50 dólares, por lo que el desplome perjudica gravemente a las petroleras americanas, que pasan a estar en clara desventaja frente a sus pares rusas y saudíes, capaces de producir barriles por 30 y 10 dólares respectivamente, ya que se trata de petróleo convencional. A pesar de esta situación, el resto de las industrias estadounidenses se beneficiarían con el contexto actual, ya que obtendrán energía más barata para producir.

En esta línea, los rusos aseguran que tienen espaldas suficientes para sostenerse con un precio del crudo en torno a los 30 / 40 dólares durante varios años, mientras sus empresas se consolidan a nivel global y ganan nuevos mercados. Sin embargo, desde Moscú permanecen atentos a cómo repercutirá este quiebre en las relaciones de Rusia con Arabia Saudita, que venían mejorando en la última década, lo que inquietaba a EEUU, histórico aliado y socio estratégico de los árabes.

Es llamativo también que una situación como la actual puede beneficiar a la economía estadounidense en su conjunto, aunque debilitándola en un sector estratégico en el futuro cercano como lo es el de la energía. Si bien las empresas de shale se verán golpeadas, es importante resaltar que el nivel de empleo en el sector es bajo (750 mil empleos directos), aunque bien remunerado (el escalafón más bajo cobra 35 dólares la hora, contra el promedio de 15 dólares).

El regocijo chino y europeo

Cuando este tipo de movimientos impactan en la economía a nivel global siempre hay ganadores y perdedores indirectos. En este punto entra la poderosa China, que entre la guerra comercial con EEUU y Coronavirus (siendo el foco más grande aunque por estas horas controlado) observa como sus proyecciones de crecimiento se desinflan con el paso de las horas. Esta guerra por el petróleo viene a darle una bocanada de aire fresco, debido a que el sector petrolero chino apenas alcanza a abastecer en un 25% a la industria local, mientras que importan el 75% del crudo que consumen.

En este sentido, la industria europea va por el mismo carril: dependientes crónicos del petróleo extranjero. Sólo Reino Unido alcanza a abastecerse en un 50%, el resto de los países de mayor consumo se ven obligados a importar casi la totalidad de lo que necesitan para que sus máquinas sigan produciendo, y su población pueda calefaccionarse en invierno.

Consumo Petroleo

Pero como dijimos, hay ganadores y también perdedores. En este último grupo, por ejemplo, se encuentran Argentina y Venezuela. Ambos países se ven perjudicados por este escenario pero por diferentes razones. La particularidad del caso venezolano está en la crisis que el país viene afrontando hace algunos años. Como consecuencia de conflictos internos, la producción de petróleo mermó considerablemente y este representa el 90% de sus exportaciones entre crudo y derivados, lo que se traduce en menos ingresos de divisas para afrontar el escenario de crisis local.

En la Argentina este conflicto repercute de dos maneras. En un principio, tiene un componente positivo de cara al invierno, donde se reducirán los costos de importación de energía en los casos que sea necesario. Sin embargo, pone en jaque a Vaca Muerta, la joya de la corona, que con un barril en torno a los 30 dólares está cerca de la inviabilidad, lo que golpearía una de las pocas áreas en las que el gobierno de Alberto Fernández espera recibir inversiones genuinas al tiempo que es uno de los pivotes del desarrollo a corto y mediano plazo.

Fischer vs Spaski

En el año 1972, Boris Spaski y Bobby Fischer se enfrentaron por el campeonato mundial de ajedrez en la fría Reikiavik (Islandia). El duelo fue catalogado como “la partida del siglo”, dado que se enfrentaban los dos máximos exponentes de la época y en plena Guerra Fría. El “match” (21 partidas en total) se jugó en el transcurso de 60 días. Se podía sentir la tensión en el aire pero jamás expresada corporalmente por los jugadores. Movimientos meticulosos buscando dañar al adversario acompañado de suma templanza. Finalmente, Spaski se retira en el juego N° 21 y Robert Fischer se convierte campeón. La revancha ya estaba puesta en marcha.

Cuando Japón en los 50 y los tigres asiáticos en los 60 dieron el salto económico y comenzaron el camino que les permitió dejar de ser economías atrasadas para convertirse en potencias tecnológicas, los estados nacionales controlaron el proceso de crecimiento, muchas veces priorizando la estrategia a largo plazo en detrimento de los beneficios que algunas empresas podrían haber tenido en el corto plazo.

Esos estados, cohesionados, fueron capaces de ordenar sus economías proponiéndose metas que luego se alcanzaron en alianza con las burguesías nacionales. Ya en Rusia y en siglo XXI, Vladimir Putin inicia su carrera para torcer las instituciones y volver a ser presidente por 5ta vez, y lo hace pensando a su país como jugador clave en la geopolítica petrolera.

En ese sentido, la posición rusa evidencia la enorme diferencia entre beneficios a corto plazo y objetivos estratégicos. Al constituir el petróleo y sus derivados el 45% de las exportaciones, la baja del precio es equivalente a la reducción en el ingreso de divisas. Sin embargo, el estado ruso exhibe su capacidad de planificación y apuesta al crecimiento de sus empresas petroleras a nivel global. Así, deja en claro cuáles son sus intereses estratégicos a mediano y largo plazo.

Además, Putin busca robustecer la posición rusa en el plano internacional a la vez que se debilita la norteamericana, o al menos ello busca. A mayor costo de producción, este tipo de cambios abruptos a la baja en los precios del crudo complica el liderato norteamericano y una porción del mercado se libera.

Mientras tanto, en occidente EEUU deberá resolver la crisis de sus empresas del shale, que habían sido exitosas los últimos 10 años y protagonistas de la revolución de los combustibles en la potencia del norte. Podría optar entre otorgar subsidios para que puedan seguir produciendo por encima del costo de un barril convencional, o dejarlas a la deriva. Al mismo tiempo, la industria norteamericana (al igual que la china) ve con buenos ojos un contexto con crudo barato. Frente a este contexto cabe preguntarse, ¿Cuál serán los movimientos por parte de Estados Unidos? ¿Habrá cambios en la relación comercial EEUU-Rusia? ¿Nuevas sanciones a empresas rusas en territorio norteamericano?

Spaski aguarda.

 

[1] Lic. en Ciencia Política (UNLaM)

[2] Lic. en Comunicación Social (UNLaM)

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