Un escenario en suspenso

Por Cristian Secul Giusti *

“Panorama, para mí, para vos, por él, por los que fueron y vinieron. Panorama enfermo en contradicción, y yo, yo ya estoy listo“, canta Fito Páez en “Alguna vez voy a ser libre” (Giros, 1985). Esa es la consideración política y existencial que atraviesa la retórica de Alberto Fernández en este turbulento presente (cambiante, forajido, estremecedor a nivel mundial).

América Latina, por su parte, ya cambió de perfil varias veces. No es la misma región que el 18 de mayo de 2019 se enteró de la candidatura del binomio Fernández, de los abultados resultados en las PASO de agosto, de la jornada victoriosa de Alberto en las elecciones generales de octubre o de los anuncios que realizó por cadena nacional el 12 de marzo pasado. 

Hace tan solo un año atrás, el gobierno de Mauricio Macri abrazaba la corriente neoliberal con fuerza y notable expectativa mediática. Meses después, un electo Alberto Fernández debió contener la transición política entre fuerzas y sortear los diferentes ánimos en los países de Sudamérica (rodeados de fuegos, espantos y cruces de posdictadura, desigualdad y autoritarismos). En la actualidad, la situación incluye un renovado azar y un retorcido juego caldeado. La pandemia es el torbellino intenso que conmueve y remueve todo tipo de fantasmas. 

Desde ese plano, resulta difícil recordar tantos cambios de ritmo en tan poco tiempo. Alberto Fernández asumió en diciembre con lobos internos y externos alrededor, y también miradas fijas que se clavaban en su figura con tono sobrador (Jair Bolsonaro, Jeanine Añez, Lenin Moreno). No obstante, los incendios institucionales de otros países de la región corrieron el eje y el dislocamiento de la crisis pandémica movió todas las brújulas latinoamericanas. 

Tras la aparición del Coronavirus, la retórica del Estado emergió con potencia y empuja hoy con imagen positiva y respuestas a favor. Es una narrativa (en términos albertistas) que traza puentes e incorpora guiños con las socialdemocracias europeas (basta revisar los discursos de Merkel y Macrón en este contexto). Indudablemente, es un síntoma en pleno proceso. Y no hay nada completo. Sin embargo, es un signo que une fisuras y que integra figuras sin definir. 

Ese recurso discursivo de mirada estatal no es único, ni tampoco es extremado, ni mucho menos es la conclusión de la actual crisis mundial (aunque distintos/as pensadores/as ya anuncian el fin de la globalización, la pulverización del capitalismo tal cual lo conocemos o el apocalipsis generalizado). El escenario es más bien movido y amplio en sus azares. Y en nuestro país, la narrativa estatalista es solo una noción que surge tras las decisiones del presidente y los dichos de otros pares regionales que juegan al mareo y la payana (Bolsonaro, Piñera, Lenin Moreno).

Es posible que Alberto Fernández sea, en la actualidad fervorosa, el que mejor se sitúa discursivamente. Desde el inicio de mandato, su manejo de conceptos se sostiene a partir de cuatro pilares inalterables: Estado, solidaridad, unidad y ética. 

En la retórica albertista, la participación de lo estatal se configura como un basamento trascendental (de cuidado, de resguardo, de contención); la función solidaria opera desde la integralidad y es la piedra fundamental de “la lucha contra el hambre en la Argentina”; la unidad es la clave para alcanzar el renombrado “Pacto Social” o “Contrato Social” que consolide el cierre de la grieta (al menos, en términos de relato de enemistad); y, por último, la ética es la pasarela que permite alcanzar la justicia y la capacidad fraterna en las acciones. 

Por lo pronto, resta esperar qué sucede a nivel continental y revisar cuáles son los pasos trazados por los presidentes de la región, decididos a actuar de acuerdo a sus antecedentes, los destinatarios presentes y los dilemas de sus propias economías. Fernández, por su parte, se posiciona en un lugar de defensa de la Salud Pública y de discurso humanitario y por fuera de las nociones economicistas. 

En un escenario de convulsión, suspenso y verbos cruzados, el mandatario argentino refuerza una perspectiva de preservación sanitaria, construye un liderazgo paulatino y, desde ahí, articula su enunciación (como sucedió en sus charlas con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la cumbre virtual del G20). Sin dudas, las dimensiones políticas son cruciales y las exposiciones retóricas dan la pauta de las orientaciones. Nada está definido y todo está por verse. Hay algo en el aire, un detalle infinito, y no se trata solo de un virus. 

*Doctor en Comunicación – Docente (FPyCS-UNLP).

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