Crónicas virales

Por Daniel G. Rossetti

Pequeña anécdota de una fábrica

Es 16 de marzo y son las 5:55. Todavía no amanece. En 5 minutos sonará la sirena que llama a comenzar el día de laburo. El domingo anterior, el presidente Alberto Fernández en declaraciones radiales argumentaba que parar el país diez días no sería tan terrible. Ese lunes los mates previos al comienzo de la jornada no están, en algunos casos fueron reemplazado por una taza de té, o simplemente se espera hasta el momento del desayuno. Hasta la semana anterior los saludos con besos y cruces de manos dobles, si hubieran faltado habrían sido casi una ofensa. Este lunes chocan los codos como la más cercana forma de saludo, sino, un buen día con el respectivo movimiento ascendente de la pera. Algo cambió. Lo que parecía una exageración hoy se toma con seriedad.

En las líneas de producción se conversa sobre la posibilidad de una cuarentena. Los mayores de 60 años y los que pertenecen a grupos de riesgo que se presentaron a trabajar, son enviados a sus casas. Para el jueves es prácticamente el único tema del que se habla. Asustan las cifras que llegan de Italia y España, no se entienden las barbaridades que hace y dice Bolsonaro, mientras los casos en Argentina siguen en aumento. La reunión del miércoles 18 de marzo y la conferencia de prensa de toda la dirigencia política partidaria junta pone en claro que la situación es difícil, ya no se trata de mero amarillismo mediático. La falta de especulación para ventajear beneficios partidarios solo se notó en casos tan duros como la toma de los cuarteles por lo carapintadas en el comienzo del invierno alfonsinista.

Los trabajadores que en la estación del tren venden torta parrilla, chipa o repostería casera no están, y los trabajadores formales se solidarizan, entienden y convalidan las primeras medidas de asistencia económica a los jubilados que cobran la mínima y los beneficiarios de la AUH. En las líneas de producción se van preparando máquinas y procesos a la espera de algo que parece inminente y solo se espera la fecha cierta. Ya se habían suspendido los viajes de larga distancia y los vuelos de cabotaje, la declaración de la cuarentena se espera después de la conferencia de prensa del presidente que es anunciada para esa noche, luego de la reunión con los gobernadores.

El anuncio se hizo pasada las 20:00 hs. El turno tarde se retiró de la empresa una hora antes para que los trabajadores lleguen a sus casas antes del comienzo del viernes. Los procesos de producción quedaron listos y controlados para que se pueda arrancar después de la cuarentena. El preanuncio del domingo ya no parece una exageración, se reconoce como una forma de ir preparando a la sociedad, de a poco, para no caer en pánico y que todo quede en condiciones a la espera de la vuelta a la normalidad.

El sistema frente a su contradicción

Nadie sabe muy bien porqué, o sí, pero Javier Milei se transformó en el vocero oficial de la “sociedad libertaria”. Desde las pantallas que habitualmente recorre y frente a la pregunta de cómo sería una sociedad sin Estado, el portavoz del anarco liberalismo clasifica a la pandemia como una externalidad y asegura que la forma de mantener a los grupos de riesgo en su casa es poner alguna sanción fuerte para “que no tenga el estímulo de salir”. Se abraza a las teorías del Estado Mínimo, gendarme del orden social y defensor únicamente de la propiedad privada. La vida pasa así a ser un problema individual que solo depende y la preservará el que posea los medios materiales para ello. En un primer momento, frente al desastre que estaba avanzando sobre Europa, se rescató la importancia del Estado como el gran ordenador de la sociedad. Pasada la zozobra, la ideología prevalece.

Desde Infobae, el negacionista Darío Loperfido publica una nota atacando la medida de la cuarentena como un avasallamiento a las libertades individuales. Patricia Bullrich destroza la biblioteca y defiende la necesidad del orden social. Citando de manera horrible a pensadores mejores que ella, la doctorada en Ciencia Política de FLACSO, destruye su posgrado en defensa de la violencia no legítima que llevó adelante cuando fue ministra. Jorge Asís critica la cuarentena diciendo que solo abarca a las clases más acomodadas. “Para estar en tu casa primero tenés que tener una casa” brama el animal suelto. Esconde que perteneció y defendió a los gobiernos que en la infame década del 90’ instauraron la desigualdad como nuevo orden social. Las segundas líneas sin responsabilidad institucional no olvidan al electorado duro que odia al populismo.

La irresponsabilidad en el liderazgo

Donald Trump, Boris Johnson, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera e, incomprensiblemente, Andrés López Obrador prefirieron la sanidad del sistema económico que la salud de las sociedades que los eligieron representantes. Estos líderes se enfrentan día a día con el repudio de sus comunidades y también de sus propios dirigentes partidarios con otros cargos.

Los demógrafos califican de sociedades malthusianas a las que ponen la planificación del crecimiento poblacional en función de la generación de riquezas. En memoria de las teorías del clérigo Thomas Malthus, crítico de la ley de pobres en la Inglaterra de fines del siglo XVIII por que según su mirada si alguien nacía en una sociedad que no tenía los recursos para sostenerlo y no necesitaba su mano de obra, no era necesario. “En el gran banquete de la Naturaleza no se le ha reservado ningún cubierto. La naturaleza le ordena irse y no tarda mucho en cumplir su amenaza.” Esta mirada de la supervivencia del más apto es la que parece dirigir a los representantes del neoliberalismo mundial. Aunque siendo históricamente justos, el pensador inglés criticaba profundamente las desigualdades en el reparto de las riquezas, cosa que los actuales dirigentes no solo ignoran, sino que promueven y festejan.

Característica destacada de la enfermedad es que aumenta terriblemente el índice de defunciones en la parte más débil de la población. Los ancianos y ancianas y los que tengan problemas previos de salud son los que se acumulan en los datos estadísticos de mortalidad. Si recordamos los dichos de la ex titular de Fondo Monetario Internacional (FMI) y hoy al frente al Banco Central Europeo, Christine Lagarde, sostenía que los ancianos eran un problema para el equilibrio económico de la sociedad, ya que consumían recursos que generaban otros. Lo mismo, siguiendo estas tendencias, si calculamos el costo en la sanidad pública de quienes tienen alguna enfermedad crónica. Los sistemas privados de salud son pensados para atender gente sana, para los enfermos, siempre estará el Estado para garantizar su calidad de vida.

Brutalmente, como característica y única posibilidad expresiva, el presidente brasileño Jair Bolsonaro hablo de “gripecita” y que, a él, si se enfermase con el nuevo corona virus, por ser un atleta solo sería un “resfriadito”. Estas torpezas, a las ya acumuladas, está horadando profundamente su base de sustentación, incluso dentro del establishment carioca. Una fuerte rebelión de los gobernadores le exige ayuda, apoyos económicos y asistenciales y toman medidas por fuera de las que lleva adelante el ejecutivo desde el Palacio de Planalto.

Como una burla del destino, la fórmula para afrontar la pandemia elegida por el premier británico Boris Johnson se le volvió en contra. Su teoría era que todos y todas se contagien y una vez que el virus esté en toda la sociedad esta lograría su autoinmunidad. El príncipe de Gales, Carlos y el mismo Johnson dieron positivo para la enfermedad. Seguramente ninguno de los dos estará en mayor riesgo, puesto que tendrán, desde el Estado británico, todos los medios para sortear la enfermedad a su disposición. Las erráticas medidas de primer ministro llegaron a más de 11.600 casos y dejaron un saldo de 578 muertos por la enfermedad al 25 de marzo.

Donald Trump tampoco está mostrando aciertos y adherencias a sus políticas sanitarias. El país del norte del continente superó el jueves 26 de marzo a la cantidad de infectados que llegó China. El número de afectados trepó a 82.404 con 1.178 muertos (a la fecha de publicación de este artículo son 105mil). El presidente prefiere pelearse con la prensa y con los gobernadores que le piden que declare la cuarentena, a tomar medidas que protejan a sus ciudadanos. Dentro del desvarío de su accionar, prefirió poner una recompensa por la vida del presidente venezolano Nicolás Maduro, que atender la demanda sanitaria

Representante local y afortunadamente sin mayor peso en las opiniones de sus legisladores, el expresidente Mauricio Macri se comunicó con Alberto Fernández recomendando no afectar la economía, actuando al modo británico. Podemos suponer que, en caso de haber sido reelecto, cuál habría sido su reacción frente a la pandemia y cuántos serían los afectados. El jefe del interbloque de Juntos por el Cambio, Mario Negri, debería enojarse más con su referente partidario que con Estela de Carlotto. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo solo continuó la lógica de comportamiento del gobierno macrista, que rebajó a secretaría el Ministerio de Salud, refiriendo en declaraciones públicas que “no sé cuántos moriríamos con el gobierno anterior”. Si hay un comportamiento puramente ideológico que no entiende de coyunturas proviene desde el propio espacio de Negri.

Lo que no se ve

Desde los medios de comunicación y redes sociales se muestra a los argentinos varados en distintos aeropuertos y Mauricio Macri salió a pedir por su repatriación, más preocupado por su base electoral que por el riesgo de contagio. Lo que no se ve es que en las comunidades originarias wichis salteñas siguen los casos de muertes evitables, la mayoría por desnutrición, y no hay interés desde estos espacios por ir a rescatarlos. Aparecen olvidados los casos de dengue que tienen a toda la comunidad también en riesgo. En organismos públicos se podían ver mensajes de prevención de todas las problemáticas sanitarias, los medios solo las que más audiencia garantizan.

Mientras se visibilizan los casos de algunos irresponsables que cometen distintos tipos de actos temerarios, como el turista que no avisó que tenía síntomas y puso en peligro a todo el pasaje y tripulación de un avión de Aerolíneas Argentinas, o el reiterado hasta el cansancio caso del surfista, no hay mayor visibilización de los sectores postergados. Estos solo tuvieron voz desde el grupo de Curas de Opción por los Pobres que se reunieron con el presidente en representación de quienes no tienen las mismas posibilidades para afrontar la cuarentena.

¿Cómo sigue?

Se escuchan distintos debates sobre cómo seguirá el mundo al terminar esta crisis sanitaria que destruya el orden económico vigente. Desde los organismos de crédito mundial se escucha el pedido de reordenar los vencimientos de bonos soberanos de deuda. Desde los sectores especulativos, que se verán mínimamente afectados en su salud, no tienen asegurados que los Estados salgan a rescatarlos como en la crisis financiera de 2009.

La economía global estará, al final de este momento de incertidumbre, fuertemente afectada. Lejos de replantearse un nuevo orden económico mundial, que minimice la desigualdad estructural entre el 1% y el resto de la población del planeta, los teóricos del establishment afinaran sus pronósticos minimizando el poder del Estado frente a la eficiencia del mercado.

Para replantear la posibilidad de volver a garantizar los Estados de Bienestar que tiendan a igualar las oportunidades de la ciudadanía, habrá que recurrir al consejo del filósofo italiano Antonio Gramsci. Se deberá afrontar los nuevos desafíos con “el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”

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