Entrelazarte: Sueños de locura y realidad

Por Gonzalo J. Fernández[i]

Históricamente, la Salud Mental fue caracterizada por denominar a la “locura” como trastornos que conllevaban en internaciones en instituciones monovalentes, signados por la categorización de enfermedades irreductibles y patológicas. Las intervenciones se basaban en el aislamiento y la segregación social, sumado a las intervenciones médicas-psiquiátricas que imponen nuevas aperturas a padecimientos subjetivos.

La noción de peligrosidad se trasladaba a las personas que poseían problemas de salud mental. No solo los consideraban peligrosos, sino que también alteraban el orden social. Jean-Jacques Rousseau hablaba del enemigo interno de la sociedad, parecería casi metafórico denominar a las personas como enemigas de una sociedad y por este motivo, llevar a cabo mecanismo de exclusión e institucionalización constantes.

Los vaivenes de la historia y los avances en materia de salud y derechos nos hacen posicionarnos desde otro marco normativo, conceptual y referencial que impulsa a la intervención de la Salud Mental desde la bandera de la justicia social y los derechos humanos como pilares fundamentales de las transformaciones sociales. Entendiendo a la Salud Mental desde la perspectiva de la des-manicomialización y definiéndola como “la transformación de un sistema de salud mental, para que las personas con sufrimientos mentales vivan en sus comunidades y no en hospitales psiquiátrico ni en ninguna otra forma de abandono” (Cohen-Natella, 2013).

Las transformaciones en torno a la salud mental fueron de índoles estructurales y microsociales, impactando fuertemente en la política de salud a nivel general, posicionándose desde la perspectiva de derecho, “hacer esto posible fue producto de la modificación de las practicas, los modelos de atención y las políticas de salud mental, o sea, el sistema de salud mental vigente” (Cohen-Natella, 2013)

La Ley Nacional de Salud Mental, cambia rotundamente las miradas hacia el Otro, y las intervenciones profesionales, siendo así que, considera al Otro como sujeto de derecho, participe de su propia transformación, concibiéndolo integro en un todo social que se direcciona a generar intervenciones de sentido comunitarias “para que no sean alejados de su vida social, del trabajo, del hogar de las oportunidades, de los intercambios y los riesgos” (Cohen-Natella, 2013) Para que posean vidas plenas e integras mediante la socialización con el todo social.

Lo comunitario es esencial para intervenir con personas que históricamente sufrieron la Como intervención, surge para reconstruir lo fragmentado, aparece como el mecanismo integrador de las partes rotas, de consolidar las redes entre pares y hacer visible las potencialidades de los sujetos.

Dichas intervenciones se posicionan desde el hacer, desde el fortalecimiento de las relaciones sociales, de la subjetivación constante del otro. Es por eso que “no es posible la coexistencia de este nuevo enfoque comunitario de atención junto al hospital psiquiátrico” (Cohen-Natella, 2013), ya que para generar espacios de intervención comunitaria hay que refundar nuestras lógicas institucionales y nuestras prácticas profesionales

La experiencia que presento se basa en un grupo de teatro que se llama Entrelazarte, ubicado en el Partido de Moreno, localidad de Paso del Rey. Entrelazarte, utiliza el arte como forma de expresión, como manera de utilizar la expresión corporal para comunicar, para contar historias ficticias y reales que inciden en las subjetividades de los actores.

“El teatro da visibilidad a aquello que la sociedad ha naturalizado o ha ignorado. Y lo que se busca al visibilizar esta realidad es la transformación y la participación activa del público”, expresó Flavia Pereyra, estudiante de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Moreno.

El teatro, y las actuaciones de los actores contrarrestan lo instituido por la sociedad, se visibiliza la realidad social de los actores a través de la alegría, la felicidad, las inseguridades y hasta las tristezas en sus actuaciones.

En este pequeño camino transcurrido con ellos, pude entender que el arte sana el alma, reconstruye sentidos, fortalece vínculos, genera pertenencia, intensifica las redes, como así también, da el lugar de expresión, escucha, contención y acompañamiento, que en sus mayorías de las veces se visibilizan mediante abrazos de agradecimientos entre ellos mismos y hacia los profesionales.

Cabe destacar que los subtítulos que se presentan en el Trabajo, son verbalizaciones de los relatos de los actores de la Obra.

El arte como camino de sanación

Gritando tan fuerte como podían, en la Obra, los actores repetían sin cesar esa frase: “el arte como camino de sanación”. Expresión que visibiliza el  rol fundamental que tiene el arte, el teatro y la música para ellos.

 El arte genera encuentros que intensifica sus vínculos y lazos sociales, entendiendo que “hay lazos en la medida que haya otro en tanto posibilidad de intercambio, reciprocidad y trama social situado en un espacio y tiempo” (Carballeda, 2015) Por esta cuestión, los actores se reconocen como un Otro, por ende, como sujetos de derechos que participan mediante su decisión para generar nuevas tramas sociales que fortalezcan sus relaciones sociales.

En tiempos tan complejos en donde los vínculos se debilitan mediante el individualismo, poder encontrar expresiones colectivas que generen lazos sociales es esencial para generar redes. El teatro como intervención comunitaria se opone a las prácticas de medicalización e institucionalización, generando de esta manera, procesos de desmanicomialización constante.

Y tal como señaló la estudiante Flavia Pereyra, “el teatro apunta a la trasformación social mediante el arte”. La transformación de su cotidianeidad, de sus formas de relacionarse, de su socialización, de su subjetividad y de su forma de concebir el entorno social.

El arte sana el alma, despeja la mente, la llena de emociones que se transmiten a través de los cuerpos y las voces. El arte como constructor de nuevas realidades y “la desmanicomialización consistió en una transformación de la realidad, pero también de nuestras propias personas” (Cohen-Natella, 2013). El Teatro subjetiva a las personas, las transforma en cada escena y da a conocer lo más íntimo de los sentimientos.

 Estas expresiones teatrales son la resistencia a los poderes medico-hegemónicos que atraviesan la salud en estos tiempos. El clima de época, signado por el neoliberalismo y el individualismo buscara quebrantar las subjetividades, pero la resistencia deviene de allí, de las acciones comunitarias y colectivas que fortalece y da sentido a lo cotidiano.

La música como liberación

La música está presente en cada instante de la obra, y hasta por fuera de ella también. El arte representa diversas expresiones culturales que nos lleva a encontrarnos con nosotros mismos y con otros. La música, es el puente que se presenta para unirlos mediante el relato de historias ficticias y reales. Por tanto, me atrevo a preguntar:

  • ¿De qué manera incide la música en las personas que sufrieron o sufren padecimiento subjetivo mediante prácticas manicomiales?
  • ¿De qué manera la música es la herramienta para la desconstrucción de dichas prácticas?
  • ¿Cuál es el rol de la música en intervenciones desmanicomializadoras?
  • ¿Qué aportes genera a las intervenciones comunitarias?

Lo cierto, es que la música libera, saca los recuerdos guardados, los momentos tristes y felices, las ilusiones y fantasías de cada actor. El teatro implica que los actores muestren su faceta reprimida/ oculta, al actuar es necesario que dejen emerger sus sentimientos más ocultos, lo que a su vez sirve como terapia para los mismos”, subrayó Pereyra.

El teatro y la música contrarrestan el padecimiento subjetivo. Los actores al cantar, se sienten escuchados, mirados y se sienten parte de un todo. Los procesos de identificación que se dan a través de las armonías son variados, una guitarra sonando, un tango con su letra que representa historias de vida, las voces que se dispersas por los rincones del teatro, y, al fin y al cabo, termina el ultimo acorde, y nos sentimos libres.

Contrarresta los miedos y aumenta la esperanza

Las prácticas manicomializadoras que se basaban en la institucionalización de las personas estaban representadas por el constante control social, seguido en sus mayorías de veces, por acciones violentas de los profesionales hacia los pacientes. Expresiones de violencias no solo son maltratos físicos, sino que abarcan la falta de higiene, restricciones, el maltrato psicológico y verbal, el hacinamiento, el encierro y la medicalización constante.

Las instituciones monovalentes históricamente estaban atravesadas por estas prácticas que se caracterizaban por generar padecimiento subjetivo en las personas, produciendo aislamiento, sumado a la fuerte estigmatización y discriminación social.

Desde la primera práctica de intervención comunitaria de Rio Negro, se pudieron llevar a cabo acciones comunitarias que representen una mirada integradora e inclusiva para las personas, en contraposición del esquema medico-psiquiatra concebido anteriormente.

 La Ley Nacional de Salud Mental avala e implementa las prácticas comunitarias en pos de reconstruir el tejido social de las personas y dejar atrás la institucionalización. En ese sentido Pereyra relata: “Entrelazarte es un espacio de militancia en pos de la ley nacional de salud mental. Es una organización abierta a la comunidad, en donde se busca visibilizar las practicas manicomializadoras y a su vez se demuestra que existen otros caminos para la sanación”.

Vendedor de ilusiones y esperanzas

El grupo de teatro contrarrestra los miedos, volviéndolos a vivir, pero en una representación teatral. Los miedos se van de a poco, tal vez, poniendo un poco de humor y exagerando las historias vividas. Los personajes, en su gran mayoría, cuentan relatos que lo vivieron en sus vidas. Contrarrestan el miedo con una sonrisa, con el ritual particular de que cuando uno llega al teatro todos los reciben con un aplauso. ¡Sí! Los miedos se van cuando las sonrisas llegan y ocupan el papel protagónico de la escena. Los miedos se van y la esperanza aumenta, se vuelve la participe central de la obra.

El personaje es un vendedor que ofrece al público diferentes cosas para vender, entre ellas, ofrece ilusiones y esperanzas. Sin duda, los actores dan cuenta de un nuevo camino que transitan, que recorren con un horizonte distinto, las esperanza volvieron a sentirlas en sus cuerpos que históricamente fueron fragmentados.

El grupo de Entrelazarte, fue invitado a actuar en la Ciudad de La Plata para presentarse, esto implica que sus ilusiones y esperanzas van en aumento y que la noción de peligrosidad que les trataron de imponer queda exenta, reemplazada por sueños individuales y colectivos.

La ilusión de cada actuación se ve reflejada en sus rostros, la esperanza de que al público le guste e interese su obra es constante. Los miedos se pierden cuando actúan, dejan de lado sus históricos padecimientos que les ocasionaron, y ponen en el suelo de madera del teatro, todos sus sentimientos, explayándolos para que el público también lo sienta, dejan sus almas al desnudo, casi frágiles pero fuertes a la vez, demostrando que ellos están llenos de ilusiones y esperanzas.

[i] Lic. en Trabajo Social Universidad Nacional de Moreno (UNM)

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