Era sólo una gripe

 

                                                          “Lo que revela esta pandemia
es que hay bienes y servicios
que deben colocarse
fuera de las leyes del mercado”.
(Emmanuel Macron, 12 de marzo 2020)

Por Guadalupe Mercado y Ariana Bardauil

Al ver avanzada la emergencia sanitaria y ante el desborde del sistema de salud, como consecuencia del avance del Coronavirus COVID-19, los países de carácter liberal como Francia, Estados Unidos y Reino Unido se vieron obligados a replantearse el rol del Estado y del gasto público, y adoptaron medidas características de lo que consideramos un Estado Bienestar. “Lo que revela esta pandemia es que la atención médica gratuita, sin condiciones de ingreso, carrera o profesión, (…), no son costos ni cargos sino bienes preciosos, activos esenciales cuando ataca el destino”, expresaba el Presidente de Francia Emmanuel Macrón el 12 de marzo.

Las medidas de choque llevadas a cabo por Pekín, en un principio, fueron señaladas como un mal necesario para contraer el Coronavirus, porque significaban el debilitamiento económico y social de China. Cuando llegó la hora de tomar las mismas medidas, la mayoría de los países occidentales las postergaron porque se enfrentaron a una disyuntiva: por un lado, el problema del costo económico implícito en la idea de establecer políticas más extremas, como lo es el caso del aislamiento obligatorio, y; por el otro, el costo político interno que hubiera implicado tomar medidas exageradas a partir de la aparición de los primeros contagios del virus, afectando a la economía nacional.

Si bien se observa un realce de los modelos estatales de China y Rusia, debido a las políticas implementadas frente a la pandemia, la democracia resulta, frente a estados más autoritarios, lenta a la hora de tomar decisiones. No se trata, quizá, de pensar en gobiernos democráticos, modelos más presidencialistas o autoritarios, sino de generar mecanismos o protocolos más rápidos y eficaces a la hora de afrontar crisis como estas.

Francia fue uno de los primeros países de Europa que presentó pacientes con Coronavirus, para el 24 de enero ya había 3 casos; y, para el 15 de febrero, ya había ocurrido la primera muerte por Covid-19, que también fue la primera en Europa.

A pesar de ser el primer país europeo con casos de Coronavirus Covid-19, recién el 6 de marzo Macron estableció como medida inicial la restricción de las visitas a los ciudadanos mayores de edad. Una semana después, debido al avance en la cantidad de casos, anunció medidas un poco más eficientes como: el cierre de las instituciones educativas y aconsejar a los ciudadanos actuar de manera responsable y solidaria para evitar la propagación del virus. Sin embargo, después de un mes y medio de la aparición de la enfermedad en el país, no considero necesario aplazar las elecciones municipales, ni realizar alguna cuarentena obligatoria.

Como era de esperarse el Coronavirus provocó un “terremoto político”, no sólo por el aumento en la imagen negativa de la gestión gubernamental, sino que también en la primera vuelta de las elecciones municipales de Francia (realizada el pasado 22 de marzo) la abstención fue de un 53%, lo que puso en duda la legitimidad del resultado.

El gobierno neoliberal de Macron se caracterizó por una política antisocial, que vulnera a las clases populares generando desigualdad y desproteccion. El 14 de febrero de este año, se movilizaron cientos de personas pertenecientes a centros hospitalarios en contra de los cierres de servicios, hospitales y degradación de la sanidad pública del país. Poco tiempo después el sistema de salud francés estaba desbordado debido a la gran cantidad de infectados y las políticas sociales eran totalmente contrarias a las que se profesaban previo a la pandemia.

El 16 de marzo, con 6.650 casos positivos y 148 muertos, el gobierno ordena el aislamiento social y obligatorio durante 15 días, prohibiendo todo movimiento “no esencial”. Sumado a una serie de 50 medidas, y una inversión de 3400 millones de euros hasta el 2022. Entre ellas se eliminó el “numerous clausus”, un concurso que dificulta el paso a segundo año de numerosos estudiantes de medicina. También dispuso ayudas a los autónomos y a las empresas, estableciendo el aplazamiento de pagos de impuestos, tasas y de las cotizaciones sociales (incluye las facturas de los suministros básicos).

Siguiendo la misma línea, casi un mes después de que se confirmara el primer caso en Reino Unido; ya con 20 contagiados, el 28 de febrero, Johnson aseguró que ralentizar el contagio de Coronavirus se había convertido en la prioridad de su Gobierno. Continuando con esta forma “chill”[1] de abordar la problemática, el 3 de Marzo, al anunciar su plan para hacer frente a la crisis sanitaria el mandatario afirmó que: “esta enfermedad será leve, de la que se recuperarán rápida y completamente”, minimizando la situación. En aquella conferencia de prensa, el primer ministro también señaló que no dejaría de estrechar manos y admitió que había saludado a varias personas durante una visita a un hospital en la que suponía que había pacientes contagiados.

En un primer momento, a pesar de la situación de los países vecinos, el gobierno británico decidió ir por el camino de las “sugerencias” en términos de higiene para mitigar el impacto económico. El gobierno de Johnson, a la hora de tomar decisiones respecto del coronavirus, adoptó la teoría de “inmunidad Colectiva”[2], que señala que un 60% de la población debía contagiarse para conseguir inmunidad en la población y poder controlar el brote a largo plazo.

El 12 de marzo al ver un alza en la curva de contagios, el gobierno admitió que la propagación iba a ser mayor a lo esperado y que “muchas más familias van a perder seres queridos antes de tiempo”. Sin embargo, solo se dispuso la protección a personas de riesgo, postergando la cancelación de las clases o eventos masivos.

Poco tiempo después, ante las críticas, Johnson abandona la estrategia de la inmunidad colectiva. Las primeras medidas fueron económicas, a través de ayuda crediticia a empresas y familias. A mitad de marzo se dispuso el cierre de escuelas, restaurantes, bares y lugares que impliquen el aglomeramiento de personas. Del mismo modo, recién el pasado 23 de marzo, cuando Reino Unido contaba ya con 6 mil contagiados, y un sistema de salud con riesgo de colapsar, Johnson decretó la cuarentena obligatoria. Lo que implicó también el consecuente permiso a las fuerzas armadas de imponer multas o castigos ante incumplimiento de dicha cuarentena. Además, entre otras medidas, se dispuso el cierre de todos los comercios no esenciales, la limitación de la circulación a actividades necesarias como la compra de alimentos, urgencias médicas y el trabajo; y, el permiso a las fuerzas de seguridad para imponer  multas o castigos al incumplimiento del aislamiento. De la misma forma, a nivel discursivo, se observa este cambio al comenzar a utilizar la retórica de “guerra” para hacer referencia a la pandemia. Actualmente, y como una ironía en el medio de toda esta situación, Boris Johnson y su secretario de Salud, Matt Hancock, contrajeron coronavirus hace unos días, en medio de los reclamos del personal sanitario por la desprotección que sufren en el sistema de salud británico.

En el caso de los Estados Unidos, el presidente Donald Trump comenzó su relación con el Coronavirus, al igual que Boris Johnson, minimizandolo, comparándolo con una simple gripe. En un primer momento afirmó que lo que hoy es considerado una pandemia, provocaría pocos casos en el país, para luego calificar la situación como una “farsa” creada por la oposición. Se trataba, para su entorno político, de una estrategia utilizada para golpear su caudal político mientras se dañaba a la economía.

Lo que caracterizó la situación de Estados Unidos, frente al Coronavirus, fue la fragmentación de las decisiones políticas para atacar el crecimiento progresivo de los casos positivos.  La mayoría de los gobernadores abogaban por la toma de medidas de prevención para evitar la propagación del virus en los diferentes estados, pero la respuesta del gobierno nacional fue totalmente diferente. Esto provocó que algunos gobernadores dieran cuenta de los riesgos que conlleva el hecho de no tener una estrategia colectiva y mucho menos una uniformidad de decisiones ante una inminente futura crisis de salud nacional

El principal eje de importancia de Trump, al momento de accionar, alejándose de su primera retórica discursiva, fue la economía. Según el presidente, era muy difícil llamar a una cuarentena obligatoria en todo el país, debido a que “no le puedes hacer eso al país, especialmente a la primera economía del mundo”. En este sentido, también podemos observar cómo se destaca entre líneas un discurso que trata de proteger “la base de la reelección de Trump”. Cortar parcialmente el flujo productivo ponía en riesgo su principal tema de campaña: un alto crecimiento económico y disminuido el desempleo.

A medida que Nueva York se convertía en el epicentro del Coronavirus, los informes de los científicos iban intensificando cada vez más sus advertencias al gobierno nacional sobre el avance del brote. Trump paso de un distanciando de la retórica de una “guerra” causada por un enemigo externo, del “virus chino”, desestimando la peligrosidad de la pasividad de sus decisiones; a poner en vigor reglas que se estaban usando en contextos extremos.

Hace unos días el gobierno de los Estados Unidos invocó la Ley de Protección de la Producción[3], para garantizar la fabricación de insumos claves. Entre otras medidas, también suspendió las ejecuciones hipotecarias y los desalojos. Sin embargo, la medida que tomó mayor relevancia fue un paquete extraordinario que se envió al Congreso con una ayuda extraordinaria estimada en 1 billón de dólares (1 millón de millones). Este dinero será utilizado para moratorias impositivas, créditos y la entrega de efectivo a la mayoría de los ciudadanos para paliar la crisis que atraviesa el país.

Más allá del virus y del abultado número de infectados (140.886 hasta el día de hoy) y fallecidos (2.467) en el país, lo que más parece afectar a Trump son las próximas elecciones nacionales. En consecuencia, parecería que el presidente de Estados Unidos busca instalar, salvando las distancias de tiempo y las erradas declaraciones, que su enemigo para la reelección ya no es el candidato demócrata, sino la propagación de este virus.

Repensando el Estado

En estos momentos, cuando aún se desconoce cuándo será el pico de afectados y fallecidos de esta enfermedad en el mundo, surgen dudas sobre lo que el Coronavirus le deparará en un futuro a estos Estados. La variación en los rumbos tomados de los líderes mundiales sugiere la premisa de un cambio de paradigma, que se aleja de la idea de un Estado neoliberal, de intervención mínima en situaciones de seguridad. El Coronavirus viene a demostrar la fragilidad del sistema de salud en los Estado neoliberales, y la poca capacidad para brindar respuesta a toda la población. Los países que mejor pudieron afrontar la crisis son aquellos que venían adoptando medidas interventoras en la economía y políticas sociales con un Estado robustecido y fuerte. En este caso el coronavirus nos plantea la necesidad de adoptar una nueva política mundial donde la salud, y algunas cuestiones básicas, no dependan del mercado.

¿Qué significancia política y social tendrá esta situación? Muchos Estados que venían de sufrir desajustes y políticas neoliberales, a la hora de establecer el aislamiento obligatorio se encontraron con que parte de la población no estaba registrada, que al dejar de trabajar dejaban de percibir ingresos y que, de igual manera, tuvieron que someterse al distanciamiento social, sin contar con los recursos para ello. En consecuencia, los Estados tuvieron que ayudar a esos sectores de la población ¿Significa que habrá mayor igualdad o equidad social? ¿Se percibe un acercamiento de los líderes mundiales a las políticas sociales más inclusivas?

Finalmente, no solo basta con robustecer el Estado, ya que Francia actualmente se encuentra en una crisis sanitaria habiendo heredado estructuras del Estado de bienestar. Se trata también de decisiones y liderazgo político. ¿Cuál será el desenlace político de esto? ¿Podrá Reino Unido, Francia y Estados Unidos generar estados más fuertes y solidarios en cuestiones económicas y de sanidad? ¿Serán Estados más firmes ante la propagación del virus o es sólo una posición situacional? ¿Qué sucederá con los estados latinoamericanos? No hay respuestas próximas a estos interrogantes, pero sí mucho interés por conocer el desenlace y el comienzo de lo que parece ser una nueva forma de concebir el rol del Estado y la economía a nivel mundial.

 

[1]Del inglés “chill out”, que significa pasar el rato sin hacer algo en particular, pero tranquilo.

[2] Defendida en un primer momento por Patrick Vallance, asesor científico de la Administración Johnson

[3] Acta de tiempos bélicos.

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