¿Quienes son, que piensan y que sienten los antiperonistas de derecha?

Por José Carlos Ortiz

Corría el año 2013 e Independiente estaba a punto de irse al descenso. Con  mi amigo Nacho tomamos el colectivo con destino a la Universidad. Veníamos hablando de los partidos que le restaban al CAI para poder conservar la permanencia en primera. En ese momento un hincha de Independiente estaba escuchando nuestra conversación y nos dice con toda seguridad: “Independiente se va a la B porque Néstor (Kirchner) era de Racing” Obviamente que nosotros nos quedamos atónitos, primero porque Néstor había fallecido en 2010 y es lógico pensar que no podía mandar órdenes del “más allá”. Segundo ¿por qué estaba tan seguro de que la información era cierta? Y tercero ¿acaso el odio hacia el peronismo lo llevó a afirmar cualquier disparate?

Es a partir de ese momento que me empezó a intrigar la forma de razonar de dichos individuos y tal es así que ese sector fue el que llevo a Macri a la presidencia y lo volvió a votar en el 2019. Trataremos a continuación de indagar sobre sus sentimientos y sus pensamientos.

El odio de clase

Según el imaginario social del votante de derecha “el pobre es pobre porque quiere”, existe una individualización de la pobreza. No lo toman como una cuestión social, ni consideran que sus causas son multidimensionales. Para ellos tiene que ver con una elección personal, deciden vivir así porque les da placer.

Para estos sectores el pobre no trabaja porque no quiere, por lo tanto es pobre porque habiendo empleo decide no trabajar e inclinarse a recibir un subsidio por parte del Estado. De acuerdo con este esquema de pensamiento es el Estado el culpable de dicha situación ya que al implementar Programas de transferencia condicionada de ingresos lo que provoca es que los pobres prefieran “vivir del Estado” antes que buscar su propio sustento a través de un empleo.

Desde la aparición del peronismo el 17 de Octubre 1945 el país quedó dividido en dos: peronistas (llamados despectivamente “cabecitas negras” por los sectores medios y altos) y antiperonistas (llamados “gorilas” por los partidarios de Perón). A partir de aquí se propaga la “leyenda negra” del peronismo, de manera prejuiciosa se afirmaba que los sectores populares “utilizaban el parquet para hacer asado y/o sembraban plantas en la bañera” de las viviendas construidas durante su gobierno. En otras palabras, se difunde la idea de que los sectores bajos cometían toda clase de destrozos por su falta de educación urbana (Barrios, 2017)

En aquella fecha histórica los obreros salieron a pedir la liberación de su líder, y a agradecerle por la labor desempeñada al frente de la Secretaría de Trabajo. Aquél día las calles se llenaron de miles y miles de obreros al grito de “¡Viva Perón! ¡Abajo Braden!” Pero del otro lado los sectores medios se quejaban porque “se lavaban las patas en la fuente” Un tal Jorge Luis Borges decía muy enojado “yo estaba avergonzado e indignado. Eso es, avergonzado e indignado”[1]

¿Cuántas veces en su historia tuvo miedo nuestra oligarquía? Tal vez allá por el novecientos, cuando conmovían al país las primeras huelgas generales y el coronel Falcón caía despedazado por una bomba anarquista. Tal vez, en 1919, cuando las calles de Buenos Aires recogieron la sangre de la Semana Trágica. Pero fue siempre un miedo confiado, que no minaba aun la sensación de seguridad en que vivía la vieja Argentina. La agitación social tenía sus límites, fijados por una industrialización aún incipiente y una clase obrera demasiado escasa para conmover los cimientos del país. Lo que ocurría era preocupante, pero no desbordaba las defensas policiales del sistema. Miedo de verdad era, en cambio, el que había sobrecogido a las casas patricias aquel 17 de Octubre. La ciudad había sido invadida y domada por muchedumbres más temibles que el rubio proletariado del Centenario. Y esta vez, misteriosamente, la policía estaba con ellas. (Giussani, Pablo, 1965, citado de Galasso, Norberto, 2016, pág. 184)

Durante los doce años de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner la vieja dicotomía peronismo y anti peronismo volvió a resurgir. Si antes las clases populares usaban el parquet para hacer asado, hoy “se embarazan para cobrar un plan” en referencia, por su puesto, a la AUH.

Aspiraciones de ascenso social frustradas

El peronismo nunca fue una fuerza política que planteara abiertamente la lucha de clases en su doctrina sino que su lema era la unidad nacional. Con esto se buscaba la conciliación de las clases, es decir crear un movimiento multiclasista que garantizara por un lado la acumulación de capital de las burguesías nacionales y por el otro conservar la legitimidad social a través de políticas públicas destinadas a la reproducción de la clase trabajadora.

El peronismo entiende que el bienestar de la clase trabajadora se garantiza a través del acceso al consumo, esto mediante políticas de pleno empleo, aumento de salarios, subsidios a los servicios públicos y programas sociales de diversa índole. Esto no se hace con una finalidad meramente redistributiva sino que también se pretende dotar al gobierno de legitimidad.

Sin embargo, estas políticas, en lugar de contribuir a la unidad nacional terminaron profundizando las divisiones de clase. La burguesía se queja de tener que pagar impuestos alegando que de esa manera se “mantienen vagos”, dando a entender que la clase trabajadora no produce. También se molestan si tienen que pagar salarios más altos porque eso aumenta los costos, provoca una pérdida de la productividad y finalmente una disminución de su ganancia.

Al interior de la clase trabajadora también se produce una división. Un gran sector de la clase media termina reproduciendo muchas veces el discurso de la burguesía, acusando a los estratos más bajos de ser ociosos y de tener que pagar impuestos innecesarios. Este sector, cuando logra prosperidad económica, cree que se debe a su propio esfuerzo  y niega todo tipo de acción estatal. En cambio si se produce un descenso en su calidad de vida, sí le echa la culpa al Estado.

La prosperidad económica de algunos sectores medios origina sentimientos de pertenencia a los estratos más altos. Cuanto más se alejen de la miseria y la pobreza mayor será su autopercepción como clase superior. Es así como los sentimientos más nefastos afloran al interior de esta clase, como la xenofobia, la misoginia, la aporofobia e incluso el deseo de genocidio.

El deseo de querer pertenecer y no lograrlo origina frustración. Por eso, cuanto más violentas y agresivas sean sus opiniones hacia los miembros de su propia clase, más se deben a que buscan congraciarse con los ricos y explotadores. Como Stephen, el mayordomo de la película Django sin cadenas de Quentin Tarantino. El personaje de Stephen fue interpretado por Samuel L. Jackson, era el mayordomo de Calvin J. Candie (Leonardo Di Caprio) y tenía la particularidad de que siendo esclavo no se autopercibía como tal y siendo negro tenía conductas racistas. Era esclavo igual que el resto, pero no realizaba trabajos forzados y eso despertaba sentimientos de superioridad.

El poder de las fake news en la construcción de la subjetividad.

Una fake news es una noticia falsa que se difunde a través de los medios de comunicación con el propósito de desinformar al ciudadano. El ejemplo más común es recurrir a la injuria y a la calumnia de un personaje público con el fin de indignar a la ciudadanía a tal punto de movilizarla.

En estos últimos tiempos muchos portales de noticias con una marcada línea editorial conservadora han recurrido a este tipo de prácticas para difamar a políticos, líderes sindicales o de movimientos sociales, artistas o diferentes personalidades de la cultura que no defienden los intereses de una minoría y que se encuentren en una posición ideológica contraria.

¿Cuáles son las características de una fake news? Pues en primer lugar es muy recurrente el uso del verbo condicional. Por ejemplo “Fulanito tendría una cuenta en el exterior” o “Mengano habría comprado una mansión” Este tiempo verbal indica sucesos probables, pero no verídicos. Obviamente en el simpatizante ideológico de la información, estos hechos se dan por reales, no se cuestionan, tal es así que si ven una noticia con la imagen de una mansión lujosa que dice pertenecer a un líder sindical automáticamente lo toman como una verdad irrefutable. Esto deliberadamente busca construir la imagen de líderes populares corruptos y en general de la política como sinónimo de beneficio personal, no en defensa del bienestar general.

¿Qué pasa si la fake news busca difamar o injuriar a líderes de la derecha? Evidentemente sus votantes decidirán ignorar dicha información. También puede ocurrir, sobretodo en casos de corrupción o malversación de fondos, que los votantes justifiquen el accionar del político diciendo que fue una “equivocación” o que no es tan grave.

En segundo lugar se trata de información que se viraliza rápidamente a través de redes sociales y de manera anónima. Es decir que las fuentes no pueden ser identificadas por lo que no es posible saber a ciencia cierta si la persona que la difunde tiene conocimiento de la situación o no. Por lo general el formato de difusión más común es a través de memes o Estados de Whatsapp o Facebook, textos cortos y concisos que favorecen la lectura rápida.

De la doble moral a la búsqueda de chivos expiatorios 

Una cosa muy curiosa es que el antiperonista de derecha se siente más cómodo como opositor que como oficialista, esto significa que siendo lo primero tiene impunidad para decir lo quiera, desde acusaciones falsas hasta defender cosas irrisorias, sin tener ninguna prueba ni conocimiento al respecto, pensemos un momento en la señora que salió en Crónica acusando a la presidenta Cristina Kirchner de asesinar al fiscal Nisman, dijo convencida “O sea que puso el pan sobre la mesa, al pan, pan, al vino, vino. Sobre las cartas en la mesa y con mucha verdad, nada de mentiras”.

Como oficialista le resulta embarazoso defender la pérdida de empleo, la reducción de salarios, el recorte en obras y servicios públicos, las privatizaciones, el aumento de impuestos o la devaluación de la moneda nacional, sin recurrir a slogans neoliberales como el “no hay alternativa” popularizado por Margaret Tatcher. Es más fácil para estos votantes criticar lo que hicieron mal los otros que justificar el accionar de sus aliados. Es mucho más sencillo escuchar un antiperonista quejarse del peronismo, que defendiendo las ideas de los Chicago Boys.

Al antiperonista de derecha lo impulsa un odio destructivo que se dirige por dos caminos, uno hacia las clases populares y el otro a sus dirigentes. Decimos que es destructivo porque sus ideas no buscan crear algo nuevo o superar una situación desfavorable, muy por el contrario necesita deshacer lo que considera malo para el país.

Cuando forma parte de la oposición el antiperonista de derecha critica la inflación, la devaluación del peso, lo poco que se paga por las jubilaciones, pero cuando asume un gobierno conservador que hace lo mismo lo justifican. El razonamiento de esta gente es simple, si el dólar sube bajo un gobierno peronista es por ineficacia y una mala gestión, pero si lo hace en una gestión de derecha no es un asunto de importancia, se naturaliza. Esto es lo que llamamos doble moral.

Los problemas sociales son multicausales, es decir que no existe una única causa que los origine. Tomemos de ejemplo la pobreza, se sabe que no depende únicamente del acceso inequitativo a los recursos, sino que tiene que ver con la imposibilidad de acceder a servicios públicos de calidad, a todo tipo de discriminación, o a la falta de una alimentación adecuada. Para el antiperonista de derecha los problemas siempre son unicausales y para el caso de la pobreza, como ya se dijo, la culpa es del pobre.  Como decía Bernardo Kliksberg, el peligro de buscar la explicación fácil de los problemas sociales puede llevar a adoptar las soluciones más sencillas.

Ante la falta de trabajo, estos sectores sacan a relucir toda su xenofobia diciendo que la causa principal son los inmigrantes. Son ellos, de acuerdo a su raciocinio, los que vienen a sacarles el trabajo a los argentinos porque cobran más barato. A esto le llamamos “chivo expiatorio”, es decir buscar un culpable de una situación desfavorable.

Bibliografía

Barrios, R. (2017). El derecho a la ciudad. Historia de las políticas orientadas a villas y asentamientos en la Ciudad de Buenos Aires. Villa María: Eduvim.

Galasso, N. (2016). El 17 de Octubre de 1945. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ediciones Colihue/La Página S.A.

 Jose Carlos Ortiz Licenciado en Ciencia política (UNLaM) Actualmente cursando la Maestría en Economía Social en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

[1] En Revista CHE, 18/10/1960

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