Yendo de la cama al living: entre el Estado y el apocalipsis

Por Cristian Secul Giusti *

La irrupción del Coronavirus generó distintas conmociones a nivel mundial y produjo también una serie de consideraciones, opiniones y reflexiones en el universo académico, político y filosófico.  Por esta razón, distintxs investigadorxs e intelectuales de diferentes corrientes y perspectivas se hicieron eco de la tragedia pandémica e intentaron volcar sus ideas en crónicas, ensayos, charlas virtuales o artículos analíticos, a fin de comprender el presente, ejercitar la crítica y también augurar futuros posibles. 

La primera etapa -inicial, confusa y , en algunos casos, vehemente- estuvo signada por las visiones anglosajonas y eurocentristas de Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, Franco “Bifo” Berardi, Byung Chul-Han, Alan Badiou y Judith Butler. Esas posturas variadas, pero también con profunda lectura distópica y de revalorización marxista, circularon rápidamente en los medios de comunicación tradicionales y se divulgaron ampliamente por las redes sociales. 

La segunda oleada, con menor intensidad de circulación por la saturación del aislamiento, propició la aparición de voces aún más diversas ideológicamente y también sumó ópticas latinoamericanas. Desde ese plano, surgieron opiniones de pensadorxs europeos que aún no se habían manifestado y también intelectuales de la región que plantearon tensiones con la noción apocalíptica de control social, Estado panóptico y sujetos dominados por la tecnología. Aunque también atendieron los cambios de paradigma y la inclusión de la virtualidad como un factor de complejidad. 

Desde la Argentina

Hacia finales de marzo, el ex director de la Biblioteca Nacional y reconocido escritor, Horacio González, escribió el texto “La inmovilización” y destacó que el escenario pandémico nos empuja a situarnos desde un pesimismo lúcido. De esta manera, resaltó que el acontecimiento actual genera distintas alarmas, pues “es muy notable la destrucción de las fuentes naturales y el deterioro de las libertades individuales, mientras los dispositivos publicitarios siguen presentando cualquier mercancía con la idea de ser ‘la felicidad que usted merece´”.

La investigadora María Pia López, por su parte, señaló que aún existen modos de enfrentar un futuro poblado de mercancías, vidas numeradas, teletrabajos, controles migratorios exhaustivos y fronteras cerradas. En “La vida en cuestión”, remarcó que hay un pensamiento de vida en común (con oportunidad de construir cuidados comunitarios) y subrayó la posibilidad de forjar un Estado capaz de organizarse con las alertas construidas por las largas luchas democráticas y por la inventiva de la movilización popular. “Un impulso que lleva más allá de la preservación de la vida tal cual existe (y que está amenazada por el hambre y la enfermedad), para ir hacia la apuesta de una vida que valga la pena de ser vivida”, agregó.

En “Traumas sobre este momento histórico”, Alejandro Kaufman manifestó que estamos frente a una calamidad y que se deben pensar en todas las opciones y matices a fin de comprender las circunstancias. Según el investigador, en ninguna calamidad de la historia faltaron quienes se dedicaron a todas las actividades humanas existentes. “La vida sigue mientras la respiración prosiga, tanto para ayudar a respirar a quienes el virus se lo impida ahora, como en el futuro para prevenir, o respecto del pasado para recordar y aprender de él”, acotó. 

En un orden crítico de las posturas filosóficas, Maristella Svampa señaló que necesitamos reconciliarnos con la naturaleza y reconstruir un vínculo de vida, alejado de toda destrucción. En “Reflexiones para un mundo poscoronavirus” observó que el debate y la demarcación de una agenda de transición permitirá combatir “el pensamiento liberal dominante, la narrativa colapsista, la dispensación distópica que prevalece en ciertas izquierdas y la persistente ceguera epistémica de tantos progresismos desarrollistas”. 

Cruces y diálogos

En su artículo “Aprendamos del virus”, el filósofo español Paul Preciado realizó una historización de los fenómenos pandémicos, enfatizó en los modos sociales de enfrentamiento y resistencia, y llamó a  apagar “los móviles”, desconectar Internet y hacer “el gran blackout” para generar una contrariedad y oponerse a todo tipo de dominio temporal, espacial, económico  y político sobre los cuerpos. 

Luciana Cadahia y Germán Cano efectuaron una respuesta a esa noción en “El blackout de la crítica”, complejizaron la actualidad desde la mirada de Michel Foucault y se preguntaron por las categorías que conmueve la pandemia y la tensión que genera con las plantillas previas de las miradas académicas. Así, tomando críticamente el pasaje de resistencia planteado por Preciado, lxs investigadorxs recalcaron que “Resulta demasiado abstracto pensar que todas las respuestas socio-estatales del confinamiento responden a una misma lógica de control social, ya sea disciplinaria o bio-tecnológica”. 

Desde la mirada europea y de relanzamiento marxista, el teórico italiano Maurizio Lzzarato presentó su nuevo libro El capital odia a todo el mundo y en conversación con Página/12 expresó que el panorama de la cuarentena es apocalíptico. Del mismo modo, sentenció que el encierro que estamos experimentando es “muy similar a una prueba general de la próxima crisis “ecológica” (o atómica, como prefiera)”. Y en la misma línea, afirmó: “Encerrados en casa para defendernos de un ‘enemigo invisible’ bajo la amenaza organizada por los responsables de la situación que ha surgido. El capitalismo contemporáneo generaliza la guerra contra los vivos”.

Desde una posición latinoamericanista, el reconocido Álvaro García Linera, dictó una conferencia inaugural como docente de grado en la Universidad Nacional de San Martín y señaló la importancia de la revalorización del Estado, tanto en su función social-protectiva como económico-financiera. Sin embargo, también advirtió: “Los desarrollos tecnológicos y el uso de big data, funcionarían como herramientas para un mayor control represivo del Estado, a fin de contener la peligrosidad de las clases subalternas de la sociedad. Nos encontraríamos ante una nueva fase de la biopolítica devenida ahora en data-política para la gestión disciplinaria”.  

Rebeldes, soñadorxs y fugitivxs

En esta reunión vertiginosa de opiniones, el presente pandémico es leído desde aristas opuestas y también es analizado con mayor o menor tino. En el caso de la propuesta europea o anglosajona, es posible ver una voluntad de categorización y de definición muy sobre la marcha, a fin de querer superar el ardor y detectar un fenómeno lo más rápido posible. Y, más aún, lograr desmontar el horizonte y destacar el futuro más próximo, supuestamente más agónico y voraz. 

Esa lectura también nos permite advertir distancias de contexto y de apreciación, más allá de que el COIVID-19 nos ubique en una zona de amenaza constante. En ese sentido, las nociones de lazo social, politicidad, distribución estatal, resistencia o aislamiento se vuelven palabras clave que forjan distintos destinos en las elucubraciones. Mientras que en Europa (y quizás parte de Asia) hay una mirada tensionada sobre la participación del Estado (salvo en Alemania o los países nórdicos), en América Latina se advierte una idea estatal con protagonismo fundamental de los líderazgos presidenciales y una distribución institucional que coloca en crisis a los paladines del liberalismo económico y pro-mercado.

Esto último no quiere decir que haya inocencia o confianza plena en el Estado (hay diferencias entre Argentina y Ecuador, o Uruguay y Bolivia). Lo que se evidencia es una confirmación diferente de la concepción del Estado que augura una perspectiva más preocupada que apocalíptica, más cercana a una respuesta de supervivencia ante la crisis, con tradiciones de organización diferente y con una estructura que incluye distintas condiciones. 

La cohabitación de voces intelectuales en este escenario de convulsión mundial permite, entonces, encontrar distancias y revalorizar también la propia mirada regional, tan característica, tan atravesada por luchas propias y demandas que han constituido lazos particulares y espectros singulares. En ese sentir del encierro proliferan subjetividades y también distinciones que nos empujan a leer y escuchar ideas desarrolladas por fuera de nuestro continente, pero también analizar a la luz de nuestras conquistas y/o derrotas. Ese yendo de la cama al living latinoamericano tiene, además de todo, una voz arraigada que repone historicidad y consolida una disputa de sentidos políticos, sociales y económicos que no debe perderse de vista. Más aún, si el planeta está patas para arriba, con los papeles caídos en el piso y las rutas totalmente cambiadas. 

 

*Doctor en Comunicación – Docente (FPyCS-UNLP)

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