Alberto presidenta: el cuidado como política de Estado

Por Kolina Feminista La Plata

La reivindicación de las tareas de cuidado es una de las luchas que el feminismo viene dando a lo largo de la historia. Las casas, lxs hijxs y lxs enfermos han sido siempre competencias no remuneradas de las mujeres. Pero ¿qué pasa cuando el cuidado se desplaza hacia lo público?

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El 13 de marzo muchas de las compañeras que formamos parte de la rama feminista del partido Kolina nos juntamos a evaluar la marcha del 8m. Después de la reunión, algunas caminamos juntas por el centro de la ciudad. Las cervecerías estaban llenas de gente, las luces de los autos nos encandilaban. Hablábamos a los gritos sobre el futuro, sobre la felicidad de tener un ministerio de géneros, sobre lo poco que faltaba para que fuera ley. Ninguna se imaginó que esa noche calurosa de un verano en retirada sería la última vez que nos veríamos, quién sabe hasta cuándo.

Diez días antes, se había detectado en el país el primer caso de COVID-19, una variante de un virus del tipo Corona que amenazaba con un ataque mundial inminente. Pocas horas después de nuestra reunión, el presidente Alberto Fernández le pidió a la población cautela y recomendó intentar no salir de nuestras casas. Cuando el 20 de marzo se declaró el aislamiento social obligatorio por la pandemia empezamos a diseñar un programa de lectura para la cuarentena. Queríamos formarnos pero sobre todo encontrarnos, mantener activo el rayo feminizador. 

En el primer encuentro que tuvimos desde la virtualidad trabajamos un libro de Nuria Varela que en un capítulo sobre economía feminista desarrolla lo que se conoce como “la ética del cuidado”. 

La ética del cuidado es una forma de estar en el mundo que se basa en la responsabilidad y en una concepción del ser en red que propone intercambios según lo que cada persona necesite alejándose de la lógica totalitaria de lo idéntico que guía las formas neoliberales de organización social. 

Recorriendo este concepto vimos varias coincidencias entre esta forma de acción y los modos de abordar la emergencia sanitaria por parte del presidente Alberto Fernández y su gabinete. Ante esto, nos preguntamos ¿Qué implica el cuidado como política de Estado? 

La prehistoria

En diciembre de 2019 Alberto Fernández asumió como presidente de la Nación por el Frente de Todos, acompañado en la fórmula por Cristina Férnandez de Kirchner. Hasta ese momento, Argentina había estado gobernada por la alianza Cambiemos, liderada por Mauricio Macri. Como explicó Fernández en su discurso de asunción, la gestión anterior dejó al país sumergido en una crisis económica de enormes dimensiones: la inflación superó el 50%, la pobreza se retrotrajo a los niveles de 2008, se cerraron más de 20 mil empresas y la deuda externa creció de manera sideral en relación al PBI, entre otras cuestiones. 

La incursión macrista llevó adelante un proyecto basado en una concepción neoliberal del Estado, donde lo público representaba un gasto y no una inversión. En este contexto, el sistema de salud argentino profundizó su crisis estructural basada en la falta de insumos, problemas de infraestructura y precarización laboral de lxs profesionales, entre otras cuestiones.

La propuesta de gestión de la salud de Alberto Fernández pudo verse con la incorporación de Ginés González García al frente de esa cartera junto con un equipo de sanitaristas, una corriente que pone el foco en el modelo de la prevención. 

En cuestiones de derechos, González García es un abierto defensor de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, dato que generó esperanza en el movimiento feminista argentino que viene luchando por la aprobación de una ley en ese sentido desde hace muchos años.

Dentro del feminismo –y en especial dentro del espacio de mujeres y disidencias del campo nacional y popular- fue ampliamente celebrada la creación de un Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad que quedó a cargo de la abogada y militante Elizabeth Gómez Alcorta.

El cuidado como política de Estado

La existencia de estas estructuras y sus conducciones sirven como antecedente central para pensar la acción del gobierno en el marco de la pandemia de COVID-19. Esta acción implicó la decisión del Presidente y su equipo de declarar el aislamiento social obligatorio a través del decreto 297/2020 ante la confirmación de los primeros casos del virus en nuestro país.

“La cuarentena”, como se le llama popularmente a la obligación de quedarnos en nuestras casas, implicó un cambio radical en el tejido social y político donde el Estado se restituyó como el garante de la vida de la población. Lo que se busca es evitar el colapso del sistema sanitario “aplanando la curva” de contagios. A partir de allí se socializó la responsabilidad del cuidado de la salud.

En el mismo contexto se les dio a las fuerzas de seguridad un rol de asistencia modificando su función generalmente represiva. Al frente de este cambio estuvo la Ministra de Seguridad Sabina Frederic. Sin embargo, a pesar de la intención de resignificación, se registraron una serie de abusos policiales. Ante esto, el Estado actuó con expulsiones y sanciones, reafirmando su voluntad hacia un accionar del sector vinculado al servicio.

En materia de control hubo también una insistencia de grupos vinculados al autoritarismo que solicitaron la instalación de un Estado de sitio. Aquí Alberto Fernández reafirmó su voluntad democrática y sostuvo que “los que piden Estado de sitio son los que no quieren asumir la responsabilidad”.

La instalación de la responsabilidad y el cuidado como valores primordiales en la emergencia nos permite pensar en un avance en materia política en relación a la feminización de la política.

En una entrevista realizada a principios de abril, la antropóloga Rita Segato afirmó que el camino tomado por el gobierno para gestionar la emergencia sanitaria puede identificarse como un rol de un “Estado Maternal”. Sin embargo, desde nuestro lugar nos parece importante señalar que muchas personas ven en la figura de Alberto a un “padre”. En esta disyuntiva nos preguntamos si es necesario catalogar las acciones dentro del binarismo que propone el patriarcado. Tal vez sea mejor dejar las etiquetas y empezar a ver los efectos del movimiento feminista en las especificidades, sin pretensión de totalizar la significación.

Algunos resultados

La ética del cuidado generó una amplia adhesión en la sociedad argentina. Según los últimos datos, el respeto por las medidas de aislamiento provocó que se presenten en el país sólo el 4,6 % de los casos que hubiéramos tenido sin intervención estatal.

En los países en los que se priorizó el interés económico por sobre la vida de sus ciudadanxs, el avance del virus está significando una catástrofe sanitaria. En Estados Unidos, donde la salud es privada y el mercado prevalece por sobre la política, ya hay más de 20 mil muertos y los contagios superan el millón de personas en pocos días, lo que convierte al país en el epicentro mundial de la pandemia.

En Argentina, el cuidado como política de Estado incluyó una ampliación de la política social para contener las complicaciones económicas de los distintos sectores así como también un plan de comunicación pública que hizo foco en la importancia de manejar información confiable y puso a la cabeza de la vocería diaria sobre la cuestión sanitaria a la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzoti.

A su vez, el Presidente encarnó un discurso basado en la democracia y los derechos, de corte didáctico, donde lo simbólico intenta restituirse como articulador de lo social luego de la canallada macrista basada en una disociación del decir y el hacer. 

En este sentido, en pleno avance del proyecto de cuidado surgió desde los sectores conservadores un pedido de que lxs gobernantes se bajaran el sueldo. Analizando esta acción nos preguntamos: ¿demagogia o subestimación del cuidado?

Desde adentro

El patriarcado como sistema otorga tradicionalmente al hombre el dominio del espacio público. Sin embargo, el contexto de aislamiento, desplazó la centralidad hacia lo privado, hacia las casas, un territorio impuesto históricamente a fuerza de sangre a las mujeres.

Esta realidad sumada a la suspensión de clases generó una serie de debates en relación a la importancia de las tareas de cuidado hacia adentro de los hogares. En los buenos casos, muchos hombres tomaron consciencia de la dimensión del trabajo hogareño. 

A su vez, en las clases más acomodadas se revalorizó la figura de la trabajadora doméstica. En algunas familias desacostumbradas a llevar adelante las tareas de gestión de las casas la falta de esta labor generó desesperación. Abundan ejemplos masivos, retomamos aquí el caso del hombre que intentó ingresar a una trabajadora a un country escondiéndola en el baúl de su auto.

Sin embargo, más allá de algunos despertares, el aislamiento en general acentuó la responsabilidad de las mujeres en la gestión del hogar y obligó a una gran cantidad a tener que permanecer en el encierro con sus agresores. Muchas de ellas terminaron sumándose a la larga lista de víctimas de femicidios que tenemos como país. Aquí, la conquista de ministerios y áreas de género a nivel nacional y provincial se volvió una herramienta central en este contexto. 

Por otro lado, la situación de cuarentena también aumentó la marginación de poblaciones históricamente relegadas como lo son por ejemplo la comunidad trans y travesti, las mujeres y disidencias en situación de prostitución y la población que se encuentra cumpliendo condenas en cárceles donde el hacinamiento se suma a la falta de elementos de limpieza y alimentos.

En este sentido, el distanciamiento social no apagó el fuego feminista si no todo lo contrario: las redes están más activas que nunca para acompañar, cuidar y garantizar los derechos de las mujeres y las disidencias, ahora con compañerxs en diferentes áreas del Estado agilizando las respuestas.

Hacia adelante

Si bien el contexto de emergencia genera algunas esperanzas en relación a la feminización de la política, somos  conscientes de que falta mucho camino por andar. Estamos acostumbradas a que en los momentos de crisis las lógicas femeninas de construcción se vuelvan fundamentales para restituir la fragmentación de lo público. Tenemos el compromiso de trascender, de seguir reclamando espacios, porque aunque somos muchas más, seguimos siendo pocas.

Entendemos sin embargo, que no hubiese sido posible la propuesta del gobierno de Alberto Fernández y su acatamiento sin la existencia del masivo movimiento feminista de nuestro país que está organizado, reclamando y proponiendo una educación y una salud para el respeto y la responsabilidad desde muchos años atrás. Tampoco hubiese sido posible esta gestión de la emergencia sin la influencia de Cristina Fernández de Kirchner. 

Más allá de esto, creemos que es necesario visibilizar la importancia del cuidado y reafirmar la noción de responsabilidad social. Que esta pandemia nos sirva como antecedente de éxito para la lucha, que la vida triunfe.

Si sufrís violencia género podés comunicarte todos los días del año las 24 hs. a la línea 144.

Kolina Feminista - Encuentro 2019 - La Plata

Columna de Kolina Feminista en el 34 Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias. La Plata, 2019. Fuente: Kolina Feminista.

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