Vacuna contra la otra “pandemia”

Por Bonanno María Florencia[1]

Con la pandemia del SARS-CoV-2, mejor conocido como COVID-19 y comúnmente llamado “el coronavirus” llegó la cuarentena, el encierro, la convivencia forzada. Pero muchas, muchísimas mujeres presentan síntomas de otro virus. Un virus que las lastima física, psicológica, moral, laboral y económicamente, e incluso, hasta mata. De hecho, tiene una tasa de letalidad gigantesca. Y a diferencia del coronavirus que se cobra en su mayoría las vidas de lxs mayores de 60 años, éste se cobra la vida mayormente de mujeres y niñas sin distinción de edad. Ellas no son las únicas que portan esta enfermedad, la porta la sociedad en su conjunto. Pero ellas y el colectivo LGBTQ+ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Queers y otros colectivos) son lxs que más la sufren.

Gracias a los medios de comunicación y a una fuerte presencia estatal, tenemos muy claro que, para evitar contraer este tipo de coronavirus, debemos lavarnos las manos y cara con frecuencia, mantener la distancia social, desinfectar con alcohol, lavandina o agua oxigenada todo lo que ingrese a tu casa, usar cubrebocas al salir, etc. Pero para evitar el “otro virus” del que está enferma casi la totalidad de la población ¡Bien gracias! Cómo evitar el contagio es cosa de cada unx.

Se puso de moda con la llegada del coronavirus a nuestras vidas llamar pandemia al machismo, la violencia de género y los femicidios. Pero esto no está bien. Una pandemia, según la OMS (Organización Mundial de la Salud) es “la propagación mundial de una nueva enfermedad y ésta, se produce cuando surge un nuevo virus que se propaga por el mundo y la mayoría de las personas no tienen inmunidad contra él”[2]. Es decir, una pandemia es ajena a nosotros, está fuera, no nos pertenece. Nos ataca, nos enferma. En cambio, el machismo no tiene nada de nuevo, está arraigado en nosotros, lo llevamos dentro, lo reproducimos, lo enseñamos, nos burlamos de lxs que no lo padece. Pero tengo una buena noticia: ¡Tiene cura! Existe una vacuna. Ésta nos exige EDUCACIÓN.

Como vimos, el foco para ganarle al COVID-19 esta puesto en la prevención, dado que se considera una cuestión de salud pública, pero en el caso de la “otra enfermedad” se apuntan todas las miradas a los cuidados paliativos: “Si sufrís violencia comunícate al 144”, o “acercate a una farmacia y solicita un barbijo rojo”, etc. Podría mencionar miles. Parece ser que el machismo y la violencia fuera un problema doméstico que primero sucede y nos ocupamos después. No obstante, existe un Plan Nacional de Acción para la Prevención, asistencia y erradicación de la violencia de género e innumerables leyes que hablan de prevenir la violencia y asistir a las víctimas y familiares de víctimas, también hay avances enormes en materia de derechos. Pero en la práctica no vemos nada de eso. Los esfuerzos están puestos en asistir a las víctimas cuando ya está instalado el problema o lamentamos ex-post y pedimos condenas. No dudo que es muy importante asistir, porque la violencia tiene efectos devastadores en las mujeres y niñas, en todo el colectivo LGTBQ+ e indudablemente, el machismo también tiene efectos negativos en los hombres cis, y con este cuidado paliativo de tipo asistencial se pueden prevenir futuras “infecciones”.

La ONU (Organización de las Naciones) sugiere que “la prevención debe comenzar en las primeras etapas de la vida, mediante la educación de los niños y niñas que promueva las relaciones de respeto y la igualdad de género. El trabajo con jóvenes es la mejor opción para lograr un progreso rápido y sostenido en materia de prevención y erradicación de la violencia de género”[3]. Y acá nos encontramos con nuestra luz (aunque todavía muy tenue) al final del túnel: la ESI (Educación Sexual Integral) Nuestra completísima vacuna. Cuyo objetivo es informar y educar a lxs niñxs durante su escolaridad. Si bien existe (la Ley) desde el año 2006, el desarrollo de esta vacuna viene muy despacio. Se estima que una vacuna contra el coronavirus puede tardar de seis meses a un año y medio de investigación y desarrollo y, unos pocos meses más, para su industrialización y comercialización. Entonces, yo me pregunto ¿Cuántos años de ESI se necesitan para reducir el machismo y erradicar la violencia de género? Habrá que esperar a que se realicen más pruebas en humanos desde su niñez, acelerar los procesos y extenderlos ¿por qué no? a los mayores también. No nos olvidemos que lxs adultxs son los transmisores de este peligrosísimo virus a lxs niñxs. La educación es lo único que nos hace poderosxs, resistentes, y ojalá que algún día nos haga inmunes también, contra este virus creado y alimentado por nosotrxs.

 

[1] Licenciada en Ciencia Política y Técnica en Gestión Pública por la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM)

[2] https://www.who.int/csr/disease/swineflu/frequently_asked_questions/pandemic/es/

[3] https://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/prevention

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