¿Quién paga la pandemia?

Por Daniel G. Rossetti

El escorpión y la rana

Es muy conocida la fábula de escorpión que mientras cruzaba el río en el lomo de una rana, la pica y ante la sorpresa de ella que le reclama que morirán los dos, el escorpión se ampara en su naturaleza. El poder económico replica el comportamiento del escorpión. Primero, llevó hasta el límite un capitalismo que dejó su elemento existencial, el producto. El plusvalor, lo que se apropiaban los dueños de los medios de producción, el valor generado por encima del costo real de cada unidad de producto ya dejó de ser el objetivo del nuevo orden liberal. La circulación globalmente libre de capitales, el nuevo orden neoliberal, puso la generación de riquezas en portfolios, bonos soberanos de nombres indescifrables, acciones que suben y bajan más por caprichos de sus tenedores que por la evolución de esas empresas, productos primarios que abandonan su función natural y se transforman en objetos de especulación, independientemente de los stocks que se producen.

Pero las personas reales, comen, se visten y se comunican con cosas que siguen saliendo de líneas de producción. Si algo desnudó la pandemia del coronavirus es la importancia de tener un aparato productivo sólido y no una pléyade de especuladores que ganan dinero sin generar nada que transforme la naturaleza para el beneficio de la humanidad. Que las empresas alimenticias y de productos de higiene y los negocios que los proveen, sean las únicas que no detuvieron su actividad con las medidas del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO) son la evidencia material de la necesidad de productos tangibles para la reproducción de la vida.

Mientras tanto, sin descuidar su discurso, los sectores especulativos y sus replicantes mediáticos ponen trabas en la negociación de la deuda externa. En lugar de facilitar créditos para sostener las medianas y pequeñas empresas y negocios, el sector bancario utiliza lo emitido por el Estado para habilitar la fuga de pesos del sistema por la operación del contado con liquidación, produciendo una suba artificial del dólar y abriendo paso a las presiones políticas por parte de los mismos que hacen estas trampas legales. En medio de la renegociación de la deuda externa, que hace cuatro años atrás estaba encaminada, hoy resurge con fuertes límites al accionar del gobierno.

Los medios de comunicación funcionan como portavoces (y muchas veces por ser también parte) de los fondos de inversión que tienen los bonos soberanos. Distintos intelectuales económicos del mundo que no están por fuera del funcionamiento del sistema (desde el francés Thomás Piketty, hasta el economista estadounidense y premio nobel de economía Joseph Stiglitz, solo para destacar a los más reconocidos) salieron a avalar en una carta abierta el plan de negociación presentado por el ministro Martín Guzmán. Hasta la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, reconoció que la oferta argentina es sustentable. Como en el éxtasis del cipayaje, en nuestras tierras los economistas con llegada a los sillones del poder mediático concentrado piden que se pague el total del valor de los bonos y sus respectivos intereses. Hasta algunos que solo les hablan a auditorios afines que le pagan por un discurso pre consensuado, y solo pueden mostrar fracasos en su paso por la función estatal, como Carlos Melconian, se animan a ningunear a intelectuales que estudian e imaginan cuál será el estado de las economías del planeta entero.

La recuperación de la legitimidad saqueada

El Estado es el actor que recuperó gran parte de su legitimidad en esta coyuntura y el que sigue poniendo todos los esfuerzos. Créditos a las PyMEs, asistencia con alimentos desde las escuelas públicas, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), la asistencia a jubilados y beneficiarios de la Asignación Universal por hijo, entre otras medidas, choca sin matices contra la avaricia de los sectores concentrados de la producción agraria que se niegan a vender sus cosechas para que entren divisas más que necesarias en esta época. El ex ministro de agricultura, ganadería y pescadería de la administración Cambiemos, Luis Miguel Etchevehere, le reclama al gobierno que no puede seguir poniéndose “al campo” como el que cargue con las costas y, vuelve así, a ponerse como víctima de esta situación.

Sabido es que nada más lejos de esto. El exministro es hoy el presidente de la Sociedad Rural Argentina, victimario de los productores agrarios y beneficiador de los acopiadores, y desde ese lugar reclama más beneficios en forma de subsidios, en lugar de redistribuir el daño que hicieron a la economía con el modelo de agronegocios que tendió al monocultivo y fumigó casi adentro de las escuelas de las poblaciones rurales. Y cuando se le reclamó que al menos a través de las retenciones reparare algo del daño, cierran filas y fugan sus ganancias.

Empresarios vs trabajo y empresas

Ni bien comenzó el ASPO, la primera medida que tomó el empresario más rico de la Argentina, Paolo Rocca, fue dejar casi 1500 trabadores en la calle. Sabiendo que esta es la carta de negociación más fuerte que tienen frente al gobierno, la usa para presionar al punto que obtuvieron un subsidio para pagar el sueldo de los trabajadores de las grandes empresas. Sabedores que con el cierre de solo una terminal, estropean un pueblo entero o ponen a una parte importante de la población con antorchas frente a la casa Rosada, apretaron desde las sombras para no tocar sus ganancias previas.

El gobierno condicionó la entrega de la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP). No debían usar el dinero para comprar Leliq ni dólares, no podían especular en el mercado cambiario y debían demostrar que habían tenido una facturación menor al 5% respecto del año anterior. Pero estos buenos muchachos, tienen sus negocios en varios espacios y no quería quedar en evidencia, y la AFIP tuvo que sacar una resolución para quienes prefieren la especulación a la producción, pudieran renunciar al beneficio.

No solo el Estado asiste a las grandes empresas. También sus propios trabajadores. Siguiendo la máxima del endeudador arrepentido Alfonso Prat Gay, pusieron en la mesa de negociación de los sindicatos y el ministerio de trabajo reducción salarial versus despidos por cierre. La aceptación fue obvia, las empresas que concentran la producción en monopolios y oligopolios cartelizados, serán necesarios para la salida de la ASPO, es el tejido industrial que hay, aunque no sea ni el mejor ni el que se prefiera. Es por esto que se redujo alrededor de 20 – 25% los salarios por suspensiones a sus empleades. Puesto así, les trabajadores formales pierden dos veces, como ciudadanes, cuando con sus impuestos se sostienen los subsidios ATP y como empleades al resignar una parte de sus salarios. Porque si este argumento es válido para quejarse de la asistencia a los sectores postergados, también debe ser válida para los “empresarioplaneros”.

Mientras tanto desde la Asociación Empresaria Argentina (AEA) quiere contagiar a todes sus trabajadores. El gobierno, firme en su decisión de proteger a la ciudadanía, solo habilita a los que cumplan con estrictos protocolos. La necesidad de productos es inocultable, pero cualquiera que haya trabajado en una planta fabril sabe que los meses de invierno son los de mayor inasistencia por las enfermedades respiratorias y el problema que es producir con alto ausentismo. La tacañería de los representantes de AEA prefieren desconocer lo que el presidente Fernández ya advirtió, no se puede producir con trabajadores enfermos.

A su vez, las cooperativas y empresas recuperadas quedaron en un limbo donde no son PyMES y tampoco monotributistas. Las empresas que se sobrepusieron al abandono de sus patrones necesitan trabajar para pagar los servicios de los lugares de producción y para poder recibir algún tipo de ingreso para las familias que las llevan adelante. Sin los productos que den la sobre ganancia que reparten entre sus integrantes, no hay que poner en las mesas. Estas empresas serán fundamental en el momento de reinicio de esta nueva normalidad, tan distinta de la que estábamos acostumbrados, porque son las garantes de precios ajustados al valor del producto y abren la cantidad de jugadores dentro del mercado, evitando la sobre representación de las grandes marcas que imponen precios. Solo por esto la importancia de cuidarlas y atenderlas.

La historia se repite

Difícil que los pronósticos optimistas que surgieron en la primer parte de la pandemia lleguen a cristalizarse. De la solidaridad que parecía resurgir y la valorización generalizada del Estado como garante del bienestar de la sociedad, quedó solo la solidaridad de los de siempre, les que ponen sus ollas al servicio del barrio, quienes reparten alimentos, les docentes que van a las escuelas públicas a repartir los alimentos a les pibes y acompañan su desarrollo pedagógico, y todes les imprescindibles.

Otros siguieron igual, una vez que se les pasó el miedo. Mostraron su individualismo al no querer avisar sus viajes al exterior o no respetaron el aislamiento preventivo, otros trataron de hacer “trampas” para eludir los controles, y los desconocidos de siempre, reclamaron por sus privilegios por sobre el derecho a la salud y el bienestar común.

El costo de la pandemia recae sobre les mismes de siempre. Les trabajadores ocupados en relación de dependencia o no, les docentes, les trabajadores precarizades y sin otra posibilidad de vivir de la diaria. Los dueños de la economía que evaden hasta sus responsabilidades básicas no cargarán con casi nada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s