La agonía del mercado laboral

“No podemos en semejante crisis desamparar a alguien y dejarlo sin trabajo. Acá de lo que se trata para muchos empresarios es de ganar menos, no de perder. Bueno muchachos, llegó la hora”.

Alberto Fernández

Por Lucas Suma[i]

Hacia finales del 2019, Argentin se veía sumida en 35% de pobreza, una inflación galopante que, sumada a las continuas devaluaciones del peso frente al dólar, pulverizan el salario real y los ingresos de la gran mayoría de los argentinos.

El país llego a tener una tasa de desempleo de dos dígitos, llegando este al 10,1%, es decir, más de dos millones de personas desocupadas. La subocupación en el 2019 fue del 11,8%, cifra que indica que aproximadamente dos millones doscientas mil personas trabajan menos de 35 hs semanales, pero están dispuestas a trabajar más

Del mismo modo, el empleo no registrado, donde el trabajador carece de toda protección y permanece a merced de las contingencias de la vida laboral, es el primero en verse reducido fuertemente en un contexto recesivo, junto con las denominadas “changas”.

Un fenómeno muy interesante y, a la vez inquietante es que, aun trabajando, hay personas que se encuentran bajo el umbral de la pobreza. Estos son los denominados “Trabajadores Pobres”. En este sentido, son las formas que asume el trabajo, junto con las redes de sociabilidad y los sistemas de protección social, es decir, son las “instituciones sociales” que definen los procesos de inclusión/exclusión social.

 A su vez, el actual contexto despliega el escenario en una sociedad fragmentada y golpeada por las desigualdades que se produjeron en las últimas décadas, lo que se expresa en dimensiones tales como: la desigual distribución de la riqueza, la agudización de las desigualdades en el acceso a derechos sociales, la profundización de la pobreza, los cambios en el mercado laboral, la desocupación, la vulnerabilidad y el fenómeno de la exclusión.

Es importante destacar el endeudamiento fenomenal en dólares con acreedores externos y organismos multilaterales de crédito como el Fondo Monetario Internacional, que condicionan a el Estado Nacional al momento de tomar decisiones importantes sobre las variables Macroeconómicas del país. Los recursos destinados al pago de la deuda se pueden traducir en menos salarios, menos inversión en escuelas, hospitales, ciencia y tecnología, que inmediatamente, se traducirían en más empleo para los Ciudadanos. Tampoco van al fortalecimiento de las reservas internacionales que impedirían la suba del tipo de cambio, más aún en una economía que necesita ver su moneda fortalecida.

En cuanto al contexto internacional, tampoco es muy alentador. En este sentido, podemos citar 3 ejemplos conocidos por todos. En primer lugar, encontramos a Estados Unidos encabezando el ranking de infectados y muertos por coronavirus. En la actualidad, el país cuenta con aproximadamente 39 millones de ciudadanos solicitando un subsidio para el desempleo. El Gobierno de Donald Trump, en una búsqueda por mantener la economía a flote, está rescatando empresas que no se pueden sostener ante tal embate. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, el desempleo ha aumentado hasta un 15%. Desde la llegada del COVID-19, EE.UU perdió alrededor de 40 millones de puestos de trabajo, con una caída del PBI de 5% en el primer trimestre.

Si Estados Unidos que es la mayor potencia del mundo, el Covid-19 afecta de tal manera a su economía y al empleo, el interrogante que nos surge es: ¿cuánto tardarán en llegar las mismas consecuencias a la Argentina? ¿estamos ya atravesándolas?

Un segundo ejemplo de esta situación, es el caso del Coronavirus en Europa, que ya se cobró más de 20 millones de puestos de trabajo, a pesar del gran paquete de medidas económicas tomadas por la Unión Europea. Para ser más específicos, la Economía del Reino Unido tuvo una contracción de 2% en el primer trimestre.

Finalmente, en tercer lugar, tenemos a Brasil, que lidera nuestra región en relación a la cantidad de infectados y cantidad de muertos. La situación del país vecino se agrava debido a las declaraciones de su presidente, Jair Bolsonaro, quien alienta a los ciudadanos a consumir y salir de la protección de sus hogares. Mientras todo esto acontece, el instituto brasileño de economía Getulio Vargas pronosticó “la peor caída de la actividad económica en 120 años”, sin mencionar la obvia caída que sufrirá el empleo.

Evidentemente, los años dorados del capitalismo y el pleno empleo en el mundo, y en Argentina particularmente, ahora son solo una ilusión, hay quienes se aventuran en afirmar que la magnitud que la crisis global será aún peor que la de 1929, o al menos similar.

Estado activo

Lo que no se puede discutir es la nueva centralidad que está tomando la intervención del Estado en el mundo y en Argentina. En nuestro país, rápidamente se tomaron medidas para “proteger la vida”, el trabajo y la producción. En principio, se implementó el aislamiento social, preventivo y obligatorio bajo el decreto 297/2020, medida que busca proteger la salud de las personas bajo una estricta cuarentena, solo permitiendo desplazamientos y actividades mínimas. Salvo las actividades consideradas “esenciales” que se van reactivando progresivamente con el correr de los días.

Entre otras tantas medidas podemos encontrar, además, la prohibición de suspensiones y despidos bajo el DNU 329/2020, que establece la prohibición de despidos sin justa causa, sumado a los despidos y suspensiones por causales de falta o disminución de trabajo o fuerza mayor (art 245,247 y 221 de la Ley de Contratos de Trabajo).

También se implementó el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), donde el Estado paga una parte del salario al trabajador y, además, este sirve de garante para créditos a monotributistas y trabajadores autónomos a tasa cero que comenzarían a pagar a partir del mes de noviembre.

Siguiendo la misma línea, es preciso mencionar que a través de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), se implementó el ingreso familiar de emergencia, comúnmente conocido como IFE. Esta política pública consiste en un bono de $10 mil que está dirigido a trabajadores informales y monotributistas de las categorías A y B. De esta manera, el gobierno busca brindar asistencia de emergencia a aquellas personas que viven el “día a día”.

Otras medidas, y no menos importantes, implementadas por el Estado Nacional fueron la creación de una serie de créditos destinados a empresas. Estos créditos tienen como finalidad que las empresas puedan mantener sus líneas de producción con una tasa de interés al 24% muy inferior a la inflación. Además, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) postergo el pago de contribuciones patronales. Se incentivó y recomendó a los empleadores a fijar las condiciones para que los trabajadores cumplan sus funciones mediante la modalidad del teletrabajo, comúnmente llamadas “home office” y se amplió la cobertura por riesgos del trabajo a personas afectadas por el nuevo Coronavirus, entre otras.

A pesar de que Argentina es uno de los países que más preservo el trabajo y la producción, junto con la salud de sus habitantes, el último informe del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) indicó que desde que se instaló la cuarentena en el país las expectativas empresarias fueron negativas. En este sentido, se observó que del 8% de quienes afirmaron que realizarán cambios en sus dotaciones en los siguientes 3 meses: 7,2% esperan disminuir su personal y 0,8% estima aumentarlo.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la Argentina podría perder entre un 1,2% y 4,8% de los empleos registrados en el año 2020 como consecuencia del Coronavirus. Esto significa la perdida de entre 68,400 y 273,600 puestos de trabajo formales. Visto desde esta perspectiva, sería el sector de servicios el más afectado por la cuarenta obligatoria que este virus requiere para su contención.

En este contexto de paro y recesión, hay personas buscando trabajo ¿acaso el nivel de educación y de preparación, las destrezas y habilidades o la experiencia influyen al momento de conseguir trabajo si el mismo no existe? Todo dependerá del rol de un Estado presente en la planificación del empleo, la producción y la justicia social. Si queremos que las desigualdades estructurales existentes desaparezcan y que los niveles de pobreza e indigencia con los que convivimos se reduzcan sustancialmente; si queremos una Argentina pujante, productiva, con educación de calidad, ciencia, tecnología y salud, necesitamos con urgencia un plan integral de largo plazo; necesitamos un Estado abocado en un plan el cual esté contemplada la industria, para así generar condiciones de bienestar, empleo y producción en el Mercado Interno.

[i] Estudiante de Relaciones del Trabajo (FSOC/UBA)

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