Vicentín: un motor para el desarrollo

Por Emiliano Delucchi

Este jueves a las 18hs se efectuó la reunión entre el presidente Alberto Fernández y el CEO de Vicentín, Sergio Nardelli. A pesar de varias operaciones de prensa y una pequeña reacción popular en algunos barrios de CABA y el pueblo de Avellaneda (Santa Fe), el gobierno se mantuvo firme en la decisión de intervenir la empresa, proceso que finalizó el día de hoy. En ese sentido, el proyecto de expropiación ingresará, si todo sale bien, por el próximo miércoles 17 de junio en senadores.

Antes que nada, es importante hacer un resumen de lo que es la firma Vicentín. Se trata de una empresa fundada en las primeras décadas del siglo pasado y dedicada, primero a ramos generales, y posteriormente a la industria del algodón y el rubro aceitero. Luego fue creciendo, por lo que para la década del 80 tenía 2 plantas de molienda de soja y girasol, y para mediados del los 90 ya exportaba con puerto propio. Finalmente, en los 2000 se vinculó con la industria textil, la cárnica y la del biodiesel, siendo la primera empresa argentina en exportarlo.

La clave  para comprender la decisión de Alberto Fernández está en que no se trata de cualquier expropiación, sino de una que se mete de lleno con un sector estratégico para la economía nacional de cara al futuro, por el peso de la compañía,  que no solo es industrial, sino que resulta relevante para el mercado cambiario. Así como Chile tiene a la estatal CODELCO, Noruega mantiene la mayoría accionaria de Equinor (Statoil) o Arabia Saudita tiene a la petrolera Aramco, la Argentina necesita, por su estructura económica, tener su propia cerealera-aceitera.

Los motivos de expropiación obedecen principalmente a que la empresa fue vaciada mediante maniobras probablemente espurias [1] de las que participaron, entre otros, el presidente del Banco Nación en la era Macrista, Javier González Fraga, quién autorizó préstamos por casi 20 mil millones de pesos (el 25% cuando la empresa ya estaba en cesación de pagos). Además, la crisis de una empresa tan grande atrae la posibilidad de que sea vendida por debajo de su valor a alguno de los grandes jugadores globales que operan en la Argentina, como COFCO o Gargill, que de absorber Vicentín controlarían cerca del 25% de las exportaciones de cereales a nivel nacional.

A pesar de su delicada situación, el potencial de la compañía es enorme. Según la bolsa de comercio, en las últimas dos campañas comerciales Vicentín  fue la 6ta exportadora agro-industrial del país, con un 10% de un mercado bastante repartido, donde COFCO y  Cargill se quedan con los primeros puestos con el 14% y 13% respectivaente. En el rubro de los subproductos (principalmente harinas) y aceitero, fue la primera exportadora. Esto, sumado a que genera más de 4000 puestos de trabajo contando los directos e indirectos, hace que su situación sea de vital importancia para la economía argentina.

Contrariamente a lo que se intenta presentar desde diversos medios de comunicación y espacios políticos opositores, la medida no tiene nada de comunista o revolucionaria, sino que el control de sectores estratégicos de la economía por parte de los estados pertenece a una amplia tradición en el mundo desarrollado capitalista. En Noruega, el 60% de las empresas que cotizan en bolsa tienen participación estatal, en Finlandia el valor de las empresas públicas representa el 45% del PBI y en Bélgica la cifra está cerca del 30%. Por otra parte, tanto Francia como Alemania mantienen participación estatal en las industrias automotomotrices, de transporte y energéticas.

Sin embargo, no hace falta irse al viejo continente para anoticiarnos sobre el rol histórico del Estado empresario. En nuestro país, se ha anotado sus éxitos en siderurgia con SOMISA,  petróleo con YPF, y aeronáutica con Aerolíneas Argentinas. Al tiempo que la industria nuclear, pionera en la región, fue posible gracias a la creación, por parte del estado, de la comisión nacional de energía atómica, que luego dio lugar al INVAP, que constituyó un salto cualitativo en cuanto a tecnología aplicada.

En ese sentido, es deseable que la expropiación de Vicentín, de concretarse, se inscriba dentro de lo que debe ser una nueva revolución del Estado empresario, y oficie como puntapié inicial para generar sociedades mixtas en los rubros de energía, agro-industria y la tan esperada como necesaria empresa nacional de minerales en general y oro y litio en particular. 

La regulación estatal sobre la explotación de recursos estratégicos, y la voluntad política de crear en torno a ellos industrias que generen valor agregado, productividad y por lo tanto altos salarios, será fundamental para lograr la superación definitiva del péndulo argentino. De esta manera, será posible terminar con los recurrentes cuellos de botella del sector externo que han limitado el potencial de nuestro país durante décadas.

 

 

[1] El BN prestó a Vicentín el equivalente al 20% de todo su capital disponible para préstamos, en una maniobra que no fue aprobada por el directorio y va en contra de toda lógica empresarial. https://www.pagina12.com.ar/271115-la-escandalosa-historia-de-los-creditos-del-banco-nacion-a-v

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