¿Y qué hacemos con la educación?

por Facundo Ariel Pajon[1]

En diversas notas, artículos e investigaciones tanto académicas como periodísticas, hemos observado los efectos que produce la Pandemia del Coronavirus sobre la economía y la salud en las diferentes sociedades del mundo. Sin embargo, uno de los temas más preocupantes -al menos en nuestro país- durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), es sin dudas la educación.

El ASPO definió la suspensión de clases presenciales en todo el país, incluso en aquellas provincias en donde por diferentes tipos de conflictos, el ciclo lectivo no había comenzado. La tan anunciada “continuidad pedagógica, no brindó tiempo alguno a la reflexión. Las clases tan sólo continuaron, desde la virtualidad.

Fue así como entonces una escuela que no estaba preparada para transitar hacia la virtualidad, tuvo que traspasar los mecanismos tradicionales de enseñanza y aprendizaje presenciales, a plataformas no vistas, ni exploradas.  Este hecho no sólo modificó la rutina de los docentes, estudiantes y equipos directivos de los diferentes niveles educativos, sino que además transformó la relación escuela-familia.

Los vínculos forjados en la institución escuela tuvieron que trasladarse a los hogares, con todo lo que ello significa. El rol “homogeneizador” de las instituciones educativas, se alteró profundamente ya que la escuela virtual se encontró con las múltiples realidades hogareñas con las que conviven las familias y los estudiantes. Desde los problemas de conectividad y el acceso a los dispositivos; hasta los conflictos familiares y los problemas económicos derivados de la crisis, se convirtieron en los ejes de los nuevos “vínculos” de la escuela virtual.

En una encuesta que realizamos desde Fundación Voz, junto con la OEI y Horizonte 2050, cooperadores, estudiantes y directivos nos aseguraron que aproximadamente el 40% de los y las estudiantes no están pudiendo responder a las actividades asignadas por los docentes, al menos, en el nivel secundario[2]. Si bien, la noción cambia en el nivel primario e inicial porque el contacto es mediado por las familias, crece la preocupación por jóvenes y adolescentes que manifiestan “no encontrarle sentido” a la continuidad pedagógica que se asumió desde el mes de marzo en nuestro país.

 Ese sin sentido, como todo lo referido a nuestra sociedad argentina, es multicausal. Sin embargo, nos sorprende la federalidad del asunto. El mismo resultado arrojan varios estudios que realizó el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires desde el mes de abril, se observa como en los rangos etarios más jóvenes los sentimientos de “ansiedad” y “angustia” son los que más predominan entre los encuestados[3].

No obstante, al volver el foco hacia los y las estudiantes es pertinente preguntar: ¿La pérdida de sentido a la escuela se da sólo en este contexto? ¿O es parte de un proceso que ha venido expulsando sistemáticamente a 5 de cada 10 pibes que empiezan la escuela secundaria casi de forma homogénea en todo el país? Comencemos a dilucidar.

El ASPO trajo consigo la visibilización de las desigualdades económicas y sociales que rigen en los diversos territorios de nuestra querida Argentina. Pero también, sacó a “relucir” las desigualdades educativas que existen en los diferentes hogares y familias de nuestro país. Desde el primer día, la continuidad pedagógica no fue homogénea e igual como sucede en el aula, debido a que el docente y su función pedagógica necesita una buena conexión y un buen dispositivo de conectividad; luego, un buen conocimiento del uso de los programas de “encuentro virtual” y/o “clases virtuales”; y por último, el acompañamiento familiar en las tareas asignadas desde las diferentes materias.

En primer lugar, es necesario señalar que acorde a lo expresado en las últimas pruebas PISA, la conectividad de los y las adolescentes en nuestro país no supera el 85%. Es decir, que desde el primer momento, hubo un 15% de estudiantes que no pudo seguir con la continuidad pedagógica virtual[4].

En segundo lugar, el acceso a los dispositivos para poder conectarse tampoco es igual. En el año 2016, el programa Conectar Igualdad que desde el año 2010 garantizaba una computadora por estudiante del nivel secundario de las escuelas de gestión estatal del país, fue desfinanciado y cerrado. La ejecución de dicho programa, había permitido ingresar al mundo digital a más de 5.315.000 de docentes y estudiantes, en 11.573 escuelas secundarias del país[5].

En último lugar, el nivel educativo alcanzado por los padres, madres y las familias que acompañan a los y las adolescentes es vital en el rendimiento académico de las y los estudiantes durante la presencialidad. De acuerdo a las evaluaciones estandarizadas “Aprender” realizada por el Ministerio de Educación entre los años 2016 y 2018, mientras que el 80% de los estudiantes que tienen familias que han alcanzado niveles educativos altos responden favorablemente a los exámenes, sólo el 45% de los estudiantes que tienen familias que han abandonado la escuela tempranamente, logran alcanzar esos resultados[6]. A esa desigualdad de base, hay que sumarle a la no-natividad digital de los padres, madres y tutores que acompañan a los estudiantes que pueden tener acceso a los medios para poder conectarse.

No sólo son los y las estudiantes quienes tienen problemas para realizar la continuidad pedagógica digital, también los y las docentes que no estaban habituados a manejar los medios digitales para las clases virtuales. Por lo cual, al principio de la Pandemia cada materia continuó normalmente con la asignación de tareas como si “estuviésemos en la escuela”, lo que derivó en una generación abismal de tareas y trabajos virtuales que -con el paso de los días- se fue adaptando a las circunstancias y los tiempos de los y las estudiantes. Asimismo, es menester destacar que la ausencia de estas prácticas en gran medida está vinculada al desfinanciamiento y desaparición del programa Conectar Igualdad. ¿Se imaginan qué hubiese sucedido si esta Pandemia nos hubiese encontrado con 10 años de trabajo pedagógico ininterrumpidos entre estudiantes y docentes, mediados por los dispositivos móviles y los programas de conectividad?

Estas desigualdades de base, profundizaron las desigualdades educativas. Porque aquellos y aquellas estudiantes que no poseen los medios para poder seguir la continuidad, tuvieron que recurrir al cuadernillo diseñado desde el Estado Nacional, y en algunos casos, los Estados provinciales. Pero, ¿en qué contexto se entregaron esos cuadernillos? Prácticamente el 100% de los sectores educativos consultados durante la encuesta Volver a las Escuelasconvocado desde Fundación Voz, nos comentó que los cuadernillos “eran entregados cuando las familias venían a buscar el bolsón.

En otros términos, la ausencia del acceso a medios digitales de conectividad, es sin dudas resultado de la desigualdad social económica imperante en nuestra sociedad. Si a ello le sumamos que 5 de cada 10 chicos abandona la escuela secundaria y el 40% de quienes abandonan lo hacen por problemas económicos y el 30% porque no les parece relevante, estamos ante una urgencia, tal vez aún, no dimensionada[7]. En el año 2002, tras la tan recordada y estudiada crisis, la matrícula en el nivel secundario descendió un 12%. Es decir, que no sólo que no hubo “nuevos ingresos” sino que hubo pibes y pibas que “desaparecieron” del sistema educativo ahora obligatorio -al menos- por un año.

Entonces, volviendo a la pregunta original: ¿Es la Pandemia la que produce la “carencia de sentido” de la escuela secundaria? ¿O son las desigualdades sociales las que relativizan el sentido que la misma posee?

Sin dudas, el Coronavirus trajo consigo el cuestionamiento de las prácticas sociales y las desigualdades imperantes en nuestras sociedades. La Mesa Federal de Centros de Estudiantes, reclama en diversos comunicados, la necesidad de democratizar y aumentar la participación de les pibes en las escuelas secundarias de todo el país[8].

No existen dudas en que las y los jóvenes no forman parte de la generación de los problemas que les afectan, directa e indirectamente, en la realidad social y educativa injusta y desigual que les toca vivir. Tampoco, hay grandes interrogantes en la la legitimidad que tiene su reclamo de más y mejor educación. Pero para que este reclamo sea efectivo, “les pibes” deben ser parte de las soluciones.

Abordar las complejas y diversas problemáticas que surgen desde los territorios federales, amerita que desde las escuelas se constituyan más y mejores procesos democráticos y participativos. Es necesario que todos los actores del sistema educativo sean escuchados. Les pibes necesitan una escuela que los incluya, contenga y promueva como actores sociales activos, defensores de sus derechos y promotores de las transformaciones necesarias para la consolidación de un país más justo e igualitario.  Porque como dice el lema de la Federación de Estudiantes Secundarios de Río Negro: “Nada para nosotres, sin nosotres”.

Es deseo de quien firma esta nota, que el regreso a las escuelas sea a través de un proceso más democrático, plural e inclusivo. Las soluciones a las problemáticas concretas en las que se halla cada una de las instituciones educativas en estos momentos, deben surgir principal y fundamentalmente desde los actores implicados en ellas. Es deber de los Estados municipales, provinciales y nacional, poder generar los mecanismos institucionales necesarios para canalizar las demandas territoriales, que se generen en la diversidad de realidades que el Coronavirus dejará en los diferentes barrios de nuestro país.

 

[1] Licenciado en Ciencia Política (UNLaM), Miembro del equipo de coordinación de Fundación Voz, estudiante de la Maestría en Políticas y Administración de la Educación en UNTREF.

[2] Ver informe completo en: «Volver a las Escuelas» – Documento final

[3] http://www.psi.uba.ar/opsa/#informes

[4] Educación: La brecha digital profundiza las desigualdades…

[5] 800 mil chicos se quedaron sin netbooks

[6] Base construida a partir de los datos abiertos y publicados de las evaluaciones Aprender para el Hackatón educativo convocado por el Observatorio Argentino por la Educación. Colaboración especial de los Licenciados: Cristopher Cardarelli y María Eugenia Bucciarelli.

[7] Políticas provinciales para Transformar la Secundaria (UNICEF y FLACSO)

[8] Mesa Federal de Centros de Estudiantes reclama participar del Consejo Federal de Educación

Encuentro virtual provincial: juventud capacitará a representantes de centros de estudiantes fueguinos

Escuela de Invierno: UNIPE

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